La dicotomía
establecida para diferenciar lo denominado políticamente como izquierda y derecha, hace
necesario referirse a la ambigüedad con que se presentan estas posturas en el devenir
histórico de los distintos actores políticos.
Durante el Primer Informe de Gobierno del
licenciado Andrés Manuel López Obrador el pasado 17 de septiembre, la diputada Ruth
Zavaleta Salgado, destacada legisladora del Grupo Parlamentario del PRD en la Asamblea
Legislativa, durante su intervención hizo referencia al y de por sí polémico tema de la
identidad de la izquierda mexicana, representada en el gobierno capitalino electo hace ya
poco más de un año.
Sin lugar a duda, creo que acentuar la
identificación del gobierno capitalino con una corriente política de izquierda, permite
realizar una pequeña disertación al respecto.
"Actualmente, esta dualidad
izquierda y derecha se repite en una escala superior y con una complejidad
mayor: por un lado tenemos a una clase que aunque demócrata encarna un
proyecto de derecha o conservador, que en contraste con los siglos XIX y XX hoy gobierna a
la nación y ejerce el poder con la legitimidad del voto popular; y por el otro, existe un
proyecto de izquierda con una clara orientación de ejercicio de gobierno hacia los más
pobres (...), pero una convención que tiene el triple carácter de poner de manifiesto
una totalidad en sí misma inasequible, de ser susceptible de un control, por último, de
tener una función operativa al ejercer un cierto poder. Tomo en este caso la noción en
el sentido más amplio, en tanto que también está afectada por un descrédito del saber
y por un desasosiego político".
En este sentido, la representación que se
intenta hacer de la realidad en el discurso perredista, por sí misma no representa la
práctica implícita de lo pronunciado y menos aún cuando hace referencia a una postura
históricamente ambigua de la bipolaridad entre derecha e izquierda.
Ya lo menciona el director de la London
School of Economics and Political, Anthony Giddens, "desde sus inicios, a finales del
siglo XVIII, la distinción entre la derecha también han cambiado sus significados a lo
largo del tiempo". Una ojeada al desarrollo del pensamiento político muestra que las
mismas ideas han sido consideradas de izquierdas en determinados periodos y contextos y de
derecha en otros".
Es posible interpretar de lo señalado por
Giddens, que se hace inadmisible deslegitimar la actividad política así como la función
de gobierno, remitiéndola a una delimitación estrictamente coyuntural bajo la que se ha
dibujado a lo largo de la historia la dinámica de las izquierdas y derechas,
subordinándose a esta bipolaridad sin mirar a la escénica política suprema del
establecimiento de una armonía y orden social, fines últimos para lo que fue creada.
Más aún, el ejercicio del poder público
no debe encasillarse en esta situación, toda vez que superada la pugna por llegar al
poder como en todo régimen democrático solo debe importar la dignificación de la vida
ciudadana así como la procuración de justicia y bien común, el que todos los
integrantes de la sociedad no deben quedar excluidos ya sea por prejuicios ideológicos o
cualquier otra razón.
Someter a juicio valorativo las acciones de
gobierno ante un dilema de izquierdas y derechas cuando lo que importa es la evaluación
de las acciones realizadas por el gobierno en turno, sólo deja en claro una sola cosa: en
el PRD no existe una conciencia del ejercicio del poder público y menos aún de la
verdadera acción política.
Hace falta en México un movimiento de
izquierda que vislumbre un proyecto de gobierno que supere las diferencias de esta
dicotomía, pero además que sustente y madure su ideología, para batirse en las
discusiones que a bien, puedan presentarse coyunturalmente y hagan dibujar en el escenario
político esta simetría entre izquierda y derecha, sin restarle valor a la
representación discursiva y al valor de la verdadera acción política.
El Gobierno del Distrito Federal encabezado
por Andrés Manuel López Obrador como puede observarse desde su origen mismo, carece de
una definición ideológica cualquiera que sea.
Supuestamente el PRD abandera una
ideología de corte izquierdista; tal vez sea sólo una ficción de las tantas de las
vertientes que han surgido a lo largo de la historia en una pírrica representación de un
movimiento social que lejos de ser homogéneo, se pierde en las diversas pugnas internas
de su seno ideológico por encontrar una definición de grupo.
Retomando la historia, basta recordar
movimientos de izquierda que más que similitudes, encontraron diferencias sustanciales en
la discusión de sus proyectos.
Entre éstos, hallamos las divergencias
encontradas entre trotskistas y maoístas, soviéticos contra nacionalistas o las del
Partido Comunista y el Partido Mexicano de los Trabajadores en la década de los setentas,
entre otros. Éstos pues, han sido la dinámica del movimiento de izquierda.
Sin embargo, lo que vemos hoy en el PRD
difícilmente se sujete a una situación similar, ya que lejos de encontrar una
definición ideológica clara que dé cabida a las diversas vertientes de izquierda, en su
seno mismo la agonía por las incongruencias ideológicas así como la obsesión por el
pragmatismo puro y simple, lo llevará inevitablemente a rupturas internas por no
plantearse proyectos políticos a largo plazo.
El PRD se asemeja más a la conformación
de un PRI clonado bizarramente; por su naturaleza misma, se alejará de un verdadero
movimiento de izquierda. Y he aquí la deslegitimación de la representación discursiva y
las ambigüedades de la política perredista.
En México, un verdadero proyecto político
que cobije una ideología de izquierda moderna y acorde tiempo quedará indudablemente
fuera de las filas perredistas. La dirigencia de este proyecto debe ser tomada por alguien
que no comparta la genética priísta. Hasta donde es posible observar las posiciones
políticas, lo más cercano a ello parece estar en una persona que ha demostrado
congruencia ideológica con la izquierda y que se ha enfrentado, pese a la dinámica
política tripartidista, al avatar político sin miramientos mezquinos y menos
pragmáticos: Gilberto Rincón Gallardo. Tal vez sea él, o por qué no, alguien que aún
no se conoce. |