Cambiar de gobierno, sobre todo en un México
asfixiado por un solo partido, requirió de rituales cuyos significados alcanzaran a toda
la sociedad, inundaran los afectos de cada sujeto, se convirtieran en sentido común y
dejara la sensación en cada cual de que el cambio es incuestionable.
Sólo así era posible percibir las
transformaciones, aunque no parezcan hoy por hoy- muy profundas. Está por cumplirse
el primer año de la presidencia de Fox y es inevitable aventurar un balance de sus logros
y fracasos.
En lo económico, el cambio adquirió
varios significados: por una parte, darle un nuevo aliento a las reformas estructurales
pendientes (fiscal, financiera, energética, agropecuaria, laboral) que le permitan a la
economía alcanzar y mantener tasas elevadas de crecimiento, de manera que se creara la
mayor cantidad de empleos y de riqueza. Por la otra, modificar los patrones de crecimiento
con la finalidad de revertir las tendencias de concentración del ingreso en cada vez
menos empresas, familias y personas.
En materia social, los cambios más
demandados son la reforma profunda del sistema educativo, para ofrecer educación de
calidad a todos los mexicanos, y poner en marcha una política más eficaz y agresiva de
combate a la pobreza extrema, complementaria a los cambios económicos para impedir que la
pobreza siguiera creciendo. Esas acciones más las correspondientes en salud, vivienda,
dotación de infraestructura y servicios públicos básicos tendrían la doble finalidad
de igualar las condiciones de todos los mexicanos, especialmente los que han sido
excluidos, para que puedan participar en igualdad de circunstancias en los diversos
mercados, y de crear oportunidades de desarrollo personal, comunitario y regional.
Del sueño ciudadano, qué debería haber
sido logrado en doce meses, es otra pregunta a considerar para poder evaluar con justicia
a Vicente Fox y su gobierno. En este sentido, la gente es sensata y no pedía imposibles
en un plazo tan corto; en todo caso quería señales claras de la voluntad de cambio en
algunos rubros. El gobierno tenía la opción de escogerlos y ponerlos en su agenda.
No debemos olvidar que la alternancia en la presidencia de la República fue
posible, entre muchas variables, debido a la amplia expectativa de cambio que ofreció en
campaña el hoy presidente Vicente Fox. A un año del primer gobierno de la alternancia,
la sociedad quiere ver resultados. Pero por una u otra razón la acumulación de los
éxitos es demasiado frágil y delgada, y la suma de errores, propios o ajenos, reales o
inventados, pequeños o grandes, importantes o intrascendentes, se ha abultado en el
transcurso de los primeros 365 días.
Bien dicen: "Del tamaño de la
expectativa puede ser la frustración". Allí puede estar la clave del desánimo que
se vive. Hay que equilibrar lo deseable con lo posible, evitando las injusticias de la
tabla rasa...
No obstante, se tuvieron dos logros
importantes: mantener la inflación decreciente y los salarios aunque mínimamente-
creciendo en términos reales. Pero esos resultados positivos parecen pocos ante el caudal
de promesas hechas por los nuevos y atrás quedó ya la polémica sobre el número de
pobres que existe en el país.
Los primeros doce meses de gobierno foxista
han sido muy costosos, la imagen presidencial ha bajado considerablemente en sus niveles
de aceptación; el contexto económico internacional se ha complicado de forma severa y ha
golpeado a la economía mexicana con menos inversión; las relaciones de la Presidencia
con el Poder Legislativo muestran claros desencuentros; la relación con los medios y la
opinión pública expresa tensiones permanentes, a pesar de los amplios niveles de
libertad de expresión que indudablemente ha contribuido a generar el propio Fox, que
hasta ése mérito se le regatea.
Todavía faltan cinco años y no hay que
perder de vista que los márgenes de maniobra son estrechos, que los interlocutores de la
oposición son difusos y que los números en el Congreso se muestran adversos. A pesar de
los errores y obstáculos, tal vez todavía es posible recuperar la iniciativa de cambio y
pactar las reformas que den a la alternancia sustento institucional. Si Fox fracasa, las
expectativas democráticas podrían dañarse gravemente y estaríamos ante el peligro de
una restauración. ¿Se imagina? |