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Mérida, Yucatán, México

Edición 634 del viernes 14 de Diciembre de 2001

Semanario de Información y Análisis Político

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Las cifras de una compleja, difícil realidad social
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Las cifras de una compleja, difícil realidad social

Por Róger Aguilar Salazar

Yucatán, 3 semanas antes del segundo año del tercer milenio. Han pasado 20 años de modernización económica, privatizaciones y desregulaciones, apertura de la economía nacional al mercado exterior, tratados de libre comercio, cambios estructurales al gusto de la cúpula empresarial mexicana y, a pesar de ser la "novena economía mundial" según Fox, empezaremos el segundo año del milenio en condiciones económicas muy malas y con pronósticos que no dan lugar a ningún tipo de optimismo.

Las cifras nacionales de la pobreza sintetizan las consecuencias de los últimos 20 años de cambios neoliberales. De acuerdo con el presidente de la República, los pobres suman 40 millones en tanto que investigadores independientes los calculan en 58 millones. Si se tiene que somos 100 millones de mexicanos, entonces hablaríamos de un 40% o de un 58% de pobres. ¿A cuál de esas dos versiones numéricas de la pobreza se aproxima más la realidad yucateca?

Según el informe del grupo financiero BBVA-Bancomer, a fines de junio del año pasado, en el ocaso del cerverato, 10.7% de la población ocupada no recibía ingresos, 23.7% ganaba menos de un salario mínimo, 34.9% estaba en el rango de uno a dos salarios mínimos y 10.8% devengaba entre dos y tres salarios mínimos. Sin agregar el porcentaje de quienes ganan entre 3 y 5 mínimos (8.6%) que están en los límites que separan a los pobres de los que no lo son, de acuerdo con las cifras del grupo BBVA-Bancomer, el 80% de los yucatecos es de indigentes y pobres.

Si las cifras de BBVA-Bancomer son correctas, entonces la realidad yucateca se acerca más a la percepción independiente de la realidad nacional que a la presidencial, aunque resulta peor que ambas. Ante las cifras de la triste realidad nacional y de la local —que está todavía peor—, suena a gracejada de humor negro la presunción presidencial por el lugar que México ocupa supuestamente entre las más grandes economías del mundo y la afirmación de Patricio Patrón, hecha en Tizimín al inaugurar una sucursal bancaria, en el sentido de que Yucatán es uno de los pocos Estados en donde se generan más empleos que los que se pierden.

De muy poco le sirve al Estado, y es prueba de su subdesarrollo, el que ahora que la recesión está golpeando al país en nuestro Estado el atractivo de los sueldos miserables sea el que motive principalmente a muchas empresas a crear empleos que están entre los peor pagados, al grado de que uno de cada diez yucatecos que trabajan lo hacen gratis. ¿Qué pasaría si los sueldos promedio en Yucatán crecieran por encima del promedio nacional? Que los capitales y las empresas volverían por donde vinieron o se irían a otras regiones y lugares que les ofrecieran obreros que acepten cobrar menos y que trabajen por lo menos igual que los yucatecos. Si nuestra gente fuese sorda y ciega, o si no tuviera acceso, todo el año y no sólo en épocas navideñas, a las vitrinas y a los aparadores de las grandes plazas o a las ubicuas pantallas de los televisores, en los que los anuncios buscan crear el ansia irrefrenable por el consumismo, sólo unos pocos se frustrarían. Pero a la incitación despiadada al consumo, a las probaditas virtuales de paraísos virtuales, tan apetecibles y cercanos como inaccesibles, no pueden escapar muchos de quienes son parte del 80% de pobres e indigentes yucatecos, especialmente si son jóvenes.

La desigualdad y la pobreza son más insoportables frente a la opulencia que se muestra a cada instante y por todas partes. Y no todos resisten. Unos terminan por robar lo que sus raquíticos sueldos o la carencia absoluta de ellos no les permite alcanzar. Otros buscan en el vicio y las drogas un sucedáneo del paraíso inalcanzable. Otros pocos son presa de la desesperanza y buscan en el suicidio la salida de una vida que los excluyó de todo, incluso del amor y la solidaridad humanas, hoy tan poca cosa frente a la tiranía de las mercancías en las que se han convertido casi todas las cosas.

Las cifras de la distribución de ingresos y riqueza en nuestro Estado nos dicen que por encima de cualquier otro problema social y político, el del desempleo y los bajos sueldos son su mayor problema, aunque no es privativo de los yucatecos. Nosotros no podemos esperar a resolver el problema de la desigualdad que provocan la explotación de nuestras personas y la expoliación de nuestra nación a mediano plazo porque, como muchos dicen, a mediano plazo ya todos estaremos muertos.

Aislados de los demás mexicanos y de los pueblos de otras naciones del mundo, puestos a competir para producir más a menor costo estamos condenados a perpetuidad. Es tarea de la sociedad pero también de los gobernantes resistir la ideología y la política neoliberales dominantes en México y el mundo. Por ese camino acabaremos enfrentándonos unos con otros. La hora de cambiar está llegando. (R.A.S. Mérida, Yucatán, diciembre de 2001).

 

 

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