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Mérida, Yucatán, México

Edición 635 del viernes 21 de Diciembre de 2001

Semanario de Información y Análisis Político

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COLUMNAS

¡Editorial
¡Contacto
Tunkul Político
La Caminera
Cosas de la ciudad
Desde mi hamaca
Crónicas de mi ciudad

INFORMACION

Primera navidad sin el poder

Proximamente fallaría la corte sobre el lio limítrofe entre Q: Roo, Campeche y Yucatán
La controversia de límites entre Yucatán, Campeche y Quintana Roo
Trasladan el consulado inglés de Mérida a Cancún
IHablan los industriales (II)

OPINION

Miguel A. Gamboa Garcia
El impuesto predial, con Ana Rosa, Mateo y Zaqueo.
Fernando J. Guasch Madáhuar
La crisis que viene
Rogér Aguilar Salazar
Fuerzas inerciales y de freno
Ricardo Carrillo Zapata
Tiempos de esperanza y felicidad
Manuel Castilla Ramirez
Fin al bloqueo contra Cuba: Rubio Bartell
Franklin Alonzo Cabrera
¿Por qué no les puedo desear una feliz navidad?

Felix Rubio Villanueva
Potencialidad turística del mundo Maya

Lucio Casas Buendía
La caja de pandora
Carlos Castillo López
Ecos de Afganistán
Freddy Heredia Durán
Leyes tras bambalinas
Geransomón "El Profeta"
La edad de los toros de lidia
Artemio González Ríos
¿Cultura o Indemaya?
Alejandro López Munguía
El riesgo de la inestabilidad social
Luis Espadas Gómez
Rumbo Campeche 2003
Juanito Guanabacoa
Entre sorbos de café

PENINSULA

Mun. Solidaridad
Mun. Campeche
Campeche
Quintana Roo
Mun. Benito Juarez

PATRICIO COMO GOBERNADOR

COMO SIENTES QUE VA EL GOBIERNO DE YUCATAN
Muy bien
Bien
Regular
Mal
Muy mal
No lo se


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El tránsito hacia el hoy

EDITORIAL

La democracia en el ámbito federal vio luz en México hace apenas un año, un año que, no obstante, lleva consigo todo un legado de hombres y mujeres que, durante el tiempo que nuestro país sufrió los autoritarismos e ignominias del partido oficial, tuvieron el valor de alzar su voz contra el silencio impuesto, aún cuando ese llamado pudiese significar el despido, la persecución política, el amedrentamiento y, en no pocos casos, el daño físico, la tortura y la muerte... Ciudadanos cuyos deberes y responsabilidades –éticas y morales– fueron más fuertes que toda la presión de siete décadas: conceptos como la desobediencia civil y la prensa libre y comprometida con la verdad, no con el mejor postor, comenzaron entonces a rondar el lenguaje público, el de quienes entendían que nuestro país no podía estancarse demasiado tiempo en un régimen obtuso y ajeno a la realidad que poco a poco arrastró a la desconfianza, la arbitrariedad y la corrupción en todos los niveles de la vida pública. Enumerar a aquellos que contribuyeron de alguna manera u otra a la democratización de esta nación, hoy más libre y soberana que nunca, sin caer en omisiones, es casi imposible, por lo que desde este espacio aprovechamos para hacer un reconocimiento a los que, aún con nosotros o ya en otro lugar, fueron piedra sobre la cual empezar el ascenso, raíz de modernidad y cimiento del México que merced suyo poco a poco vamos aprendiendo a vivir.

De acuerdo con su compromiso con la verdad, la autocrítica y la honestidad que el lector exige de cualquier medio serio de información, desde hace trece años La Revista lleva a cabo un periodismo libre y responsable, en respuesta a nuestros propios principios y a los de una sociedad que cada vez exige más de la prensa y la hace enfrentarse a nuevos retos y nuevas búsquedas de soluciones. Este compromiso con el público es uno de nuestros objetivos más preciados, aún cuando cumplirlo en no pocas ocasiones ha significado una afrenta a la mentira que a lo largo de varias décadas fue característica de muchos que optaron por lo fácil, los que para no complicarse doblaban las manos y callaban su inconformidad. En esta ocasión refrendamos nuestro deber de renovación y de actualidad basado en las virtudes que hacen del hombre un ser de bien, de amor y vida; hacemos de nuevo ese compromiso tanto con el lector como en nuestras filas, porque no se puede predicar sin antes haber aprendido, llevado a la práctica y enseñado con el ejemplo. Asimismo, y en la inercia democrática que se ha ido extendiendo en las conciencias, La Revista, cierta de la necesidad de transparencia, respalda desde la trinchera del periodismo a quienes por medio del voto han llegado a conseguir aquello que hasta hace no mucho parecía imposible: el triunfo de la oposición tanto a nivel federal como estatal que al fin, sacudiéndose los cacicazgos y las efigies estancadas y cegadas por el poder, llevó a la presidencia a Vicente Fox y al gobierno de nuestro Yucatán a Patricio Patrón. Desde esta trinchera la frente sigue en alto, sin dejarse llevar por discursos vacíos y estridencias mediáticas que más que informar adulan o tergiversan; la bandera crítica hacia los tres poderes del Estado, la sociedad y la cultura no flaquea y mantiene su única y más preciada lealtad: la verdad.

Con este año termina el primero de la llamada transición que, si bien ha sido obstaculizada por diferencias obtusas entre legisladores nacionales y locales, también es prueba de que la voz de todos puede más que la de unos cuantos, aunque para ello halla que aprender no sólo a gritar en polifonías populares, sino a llevar un ritmo, una armonía que haga audible y grata la expresión de los aciertos y los errores.

Nuestro compromiso sigue firme con la crítica que más que señalar con el dedo propone y expresa alternativas, con las voces de los que quedan silentes y marginados, con un periodismo que mane juicio sincero y sea el espacio visible del debate público.

En esta ocasión, y con motivo de una navidad más que se avecina, todos aquellos que formamos esta suerte de familia que semana tras semana arroja un vástago a la luz llamado La Revista Peninsular, expresamos nuestros mejores deseos y felicitaciones a todos los que nos hacen ser, así como un fraternal agradecimiento a quienes entienden y apoyan nuestro trabajo tal y como es: un respaldo hacia la cordura, en contra de la barbarie que en ocasiones llega a cimas tan altas; un compromiso refrendado con la verdad que nuestro público exige, con derecho y obligación, porque los cambios parten de todos, de la unidad, no de la individualidad y el egoísmo. Luego de trece años, en ocasiones arduos pero siempre gratificantes, el trabajo colectivo, los granos de arena que intentamos aportar en cada número aparecido son también parte de la base de nuestro cambio como nación. No por nosotros, por el pueblo de México que aún puede y debe empujar hacia el porvenir, sin escollos del pasado pero tomando el ayer como experiencia, sin perderse en sueños futuros pero siempre con la mirada un poco en el mañana, el que se forma en la virtud, el que logra la plenitud física y espiritual del ser. En esta época de reflexión interna les deseamos una Feliz Navidad.

 

 

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