La democracia
en el ámbito federal vio luz en México hace apenas un año, un año que, no obstante,
lleva consigo todo un legado de hombres y mujeres que, durante el tiempo que nuestro país
sufrió los autoritarismos e ignominias del partido oficial, tuvieron el valor de alzar su
voz contra el silencio impuesto, aún cuando ese llamado pudiese significar el despido, la
persecución política, el amedrentamiento y, en no pocos casos, el daño físico, la
tortura y la muerte... Ciudadanos cuyos deberes y responsabilidades éticas y
morales fueron más fuertes que toda la presión de siete décadas: conceptos
como la desobediencia civil y la prensa libre y comprometida con la verdad, no con el
mejor postor, comenzaron entonces a rondar el lenguaje público, el de quienes entendían
que nuestro país no podía estancarse demasiado tiempo en un régimen obtuso y ajeno a la
realidad que poco a poco arrastró a la desconfianza, la arbitrariedad y la corrupción en
todos los niveles de la vida pública. Enumerar a aquellos que contribuyeron de alguna
manera u otra a la democratización de esta nación, hoy más libre y soberana que nunca,
sin caer en omisiones, es casi imposible, por lo que desde este espacio aprovechamos para
hacer un reconocimiento a los que, aún con nosotros o ya en otro lugar, fueron piedra
sobre la cual empezar el ascenso, raíz de modernidad y cimiento del México que merced
suyo poco a poco vamos aprendiendo a vivir.
De acuerdo con su compromiso con la verdad,
la autocrítica y la honestidad que el lector exige de cualquier medio serio de
información, desde hace trece años La Revista lleva a cabo un periodismo
libre y responsable, en respuesta a nuestros propios principios y a los de una sociedad
que cada vez exige más de la prensa y la hace enfrentarse a nuevos retos y nuevas
búsquedas de soluciones. Este compromiso con el público es uno de nuestros objetivos
más preciados, aún cuando cumplirlo en no pocas ocasiones ha significado una afrenta a
la mentira que a lo largo de varias décadas fue característica de muchos que optaron por
lo fácil, los que para no complicarse doblaban las manos y callaban su inconformidad. En
esta ocasión refrendamos nuestro deber de renovación y de actualidad basado en las
virtudes que hacen del hombre un ser de bien, de amor y vida; hacemos de nuevo ese
compromiso tanto con el lector como en nuestras filas, porque no se puede predicar sin
antes haber aprendido, llevado a la práctica y enseñado con el ejemplo. Asimismo, y en
la inercia democrática que se ha ido extendiendo en las conciencias, La Revista,
cierta de la necesidad de transparencia, respalda desde la trinchera del periodismo a
quienes por medio del voto han llegado a conseguir aquello que hasta hace no mucho
parecía imposible: el triunfo de la oposición tanto a nivel federal como estatal que al
fin, sacudiéndose los cacicazgos y las efigies estancadas y cegadas por el poder, llevó
a la presidencia a Vicente Fox y al gobierno de nuestro Yucatán a Patricio
Patrón. Desde esta trinchera la frente sigue en alto, sin dejarse llevar por
discursos vacíos y estridencias mediáticas que más que informar adulan o tergiversan;
la bandera crítica hacia los tres poderes del Estado, la sociedad y la cultura no flaquea
y mantiene su única y más preciada lealtad: la verdad.
Con este año termina el primero de la
llamada transición que, si bien ha sido obstaculizada por diferencias obtusas entre
legisladores nacionales y locales, también es prueba de que la voz de todos puede más
que la de unos cuantos, aunque para ello halla que aprender no sólo a gritar en
polifonías populares, sino a llevar un ritmo, una armonía que haga audible y grata la
expresión de los aciertos y los errores.
Nuestro compromiso sigue firme con la
crítica que más que señalar con el dedo propone y expresa alternativas, con las voces
de los que quedan silentes y marginados, con un periodismo que mane juicio sincero y sea
el espacio visible del debate público.
En esta ocasión, y con motivo de una
navidad más que se avecina, todos aquellos que formamos esta suerte de familia que semana
tras semana arroja un vástago a la luz llamado La Revista Peninsular,
expresamos nuestros mejores deseos y felicitaciones a todos los que nos hacen ser, así
como un fraternal agradecimiento a quienes entienden y apoyan nuestro trabajo tal y como
es: un respaldo hacia la cordura, en contra de la barbarie que en ocasiones llega a
cimas tan altas; un compromiso refrendado con la verdad que nuestro público exige,
con derecho y obligación, porque los cambios parten de todos, de la unidad, no de la
individualidad y el egoísmo. Luego de trece años, en ocasiones arduos pero siempre
gratificantes, el trabajo colectivo, los granos de arena que intentamos aportar en cada
número aparecido son también parte de la base de nuestro cambio como nación. No por
nosotros, por el pueblo de México que aún puede y debe empujar hacia el porvenir, sin
escollos del pasado pero tomando el ayer como experiencia, sin perderse en sueños futuros
pero siempre con la mirada un poco en el mañana, el que se forma en la virtud, el que
logra la plenitud física y espiritual del ser. En esta época de reflexión interna les
deseamos una Feliz Navidad. |