| Algunos masones consideran que
tan pronto como comprenden las lecturas simbólicas como leer los emblemas de
nuestra augusta institución y llegan a obtener grados, hasta llegan a señalar su
mandil como si fuera un diploma. El verdadero masón es aquel que ha recibido la luz
masónica y comprende que su estudio no terminará hasta que no cierre el libro de su
vida. Los masones que han recorrido un tramo considerable consideran que la educación se
encuentra en la investigación, en el estudio, en el trabajo, en los esfuerzos de la vida
cotidiana que se encamina a formar mejores hombres, mejores hogares, mejores pueblos y
mejores ciudadanos, para que haya una mejor humanidad. La realización de estos ideales, pues, no consiste únicamente en ser asiduos en
los trabajos, sino también en ayudar a nuestros semejantes aún cuando no pertenecieran a
la masonería, hacer que la verdad, la justicia sean deberes sagrados que vigorosamente
debemos hacer que perdure tanto en la familia, en la vida pública como privada. Porque la
sociedad requiere de la masonería y sus enseñanzas, en primer término debemos ilustrar
con nuestros conocimientos a la familia, al pueblo, a la humanidad entera, en la cual
pervive en las almas de noble corazón para que lo lleven a las metas sagradas y
aspiraciones.
En la ciudad, por lo que respecta a los masones umanenses,
hacemos lo propio, seguimos los sublimes postulados masónicos como todo aquel que se
alimenta de grandes ideales y de bellos pensamientos; su lenguaje y expresiones muchas
veces no son comprendidos y sí se llega hasta la calumnia para hacerlo desistir de sus
propósitos, porque en el fondo las almas materializadas le temen a la pureza, a la
abnegación; no pueden ver que sus vergonzosos fanatismos, las tinieblas en que se
encuentran, la pereza y el desorden, son la causa de todos los males.
La masonería hermética, el magismo, la contemplación
profunda de la naturalización, la perfección del universo, así como sus elementos el
fuego, la tierra, el agua y los cielos dan la armonía y ésta es incorruptible, inmortal
y eterna.
Todo lo bueno es bello; según las categorías y
mitologías de la antigüedad, el bien moral es el centro, como es el caso de la
naturaleza, en el cielo podemos percibir la doble belleza de los astros y si es la tierra
los árboles, las flores aromatizadas, sus fragancias exquisitas, lo inconmensurable del
mar representa emblemáticamente en la orden el bien en todas sus manifestaciones, que
hace generosa esta doctrina.
Uno de los dogmas fundamentales es la inmortalidad del alma
en donde ésta se transforma, el quinto elemento, en uno de los grandes grados se
profundiza su estudio, su simbolización por medio de un proceso que en muchas ocasiones
el arte de la música, como Orfeo encantaba a los bosques, enmudecía las encinas y
domesticaba a las fieras, Tirteo por su parte inspiraba con sus cantos el amor al combate.
Tres cosas no debe olvidar ningún masón: Rostro sereno,
mirada inteligente y semblante alegre, revelan la salud del cuerpo y del alma; nada de
odios, amor, mucho amor, que quien a otro ama, es querer eternizarse en él, el amor es lo
único que llena y eterniza la vida. (Umán, Yucatán, Méx., diciembre de 2001). |