De los tres
componentes que se acostumbraba exigir para que los toros de lidia entraran a las plazas
de toros para ser corridos, que eran: edad, peso y trapío, han sido desechados los dos
primeros, para quedar al final de cuentas con el último elemento, que atinadamente es el
que debe respetarse, toda vez que la edad viene a ser la mandante en la acometividad y
peligrosidad del toro.
No fue al azar la determinación de que la
edad en el bovino de raza para lidiarse fluctuara, para el caso de los toros, entre cuatro
y cinco años, al considerar una madurez en el astado que permite un espectáculo en el
que sobresalga su bravura, y permita al torero desenvolver su arte. Y para el caso de los
novillos, éstos deberán tener de tres a cuatro años, con pesos convencionales en los
intervienen el pienso y el graneo para aumentar el tonelaje, y esconder el músculo por la
grasa. Estas prácticas son las que hacen resaltar un trapío nefasto que derrumba al
astado por exceso de peso.
Siempre ha preocupado a legos y a doctos en
tauromaquia la edad de los toros. Aun cuando la vida de esta especie no vaya más allá de
los cinco años y algunos meses más, en total cautiverio y sin conocer sexo, tal vez
pudiera ser que esto acentúe su bravura en todas sus facetas: fiereza, furia, ferocidad,
que bajo el mando de una poderosa muleta se troca en nobleza productora de arte, que
llegue tal vez al indulto para la consecución de la especie. Pero en todo ese tiempo el
toro crece a sus anchas en sus potreros, con el único contacto de su vaquero cuya voz es
conocida de lejos por el hato. Al llegar a determinada edad son seleccionados los machos
que irán al mercado de las ferias, y al ser separados por corridas, estos quedan en
potreros reducidos y su alimentación es terciada entre zacate y grano para irlos cuajando
y resaltarles el famoso trapío.
Entre las ganaderías organizadas del mundo
donde son manejadas las mejores razas a través de libros de controles, cuya copia
actualizada está en poder de la autoridad municipal, y cuyos asientos se refieren a las
fechas de las pariciones, pintas, progenitores, destetes, etc., etc., a través de estos
controles, al remitir alguna corrida a su destino, basta enviar una fotocopia certificada
de los toros y encontrar con certeza los datos respecto a la edad, prescindiendo por ello
del vergonzante examen "post mortem". Válida es la comparación con la
identificación personal de cada ciudadano mediante su acta de nacimiento, que en mucho se
parece a la copia certificada de la constancia de nacimiento del toro y su procedencia. Ya
es tiempo de acabar con tantos vivales que surten de ganado sin ningún control natal en
tantos festejos nacionales, en contubernio con algunos ganaderos registrados: ¿Nombres?
Nostalgias
Por Geransomón "El Profeta"
Si lo que tengo y gasto
Es sudor de los viejos,
Mis ruidos y vanidades
No están muy lejos;
Si limito mi fasto
Populizo mi ego,
Sin importar patrañas
Cada mañana muero;
No pecaré de casto
Respetando lo ajeno,
Más si hay olas altas
En la quietud me duermo;
Mis vivencias pasadas
acércanme sin denuedo,
A nostalgias presentes
Y soberbias de miedo.
Verdades del espejo
Por Geransomón "El Profeta"
El espejo siempre dice la verdad
Sobre todo por los surcos de tu cara,
Precisa el peso neto sin la tara
Y de todos los marcadores datos da;
El espejo jamás podrá mentirnos
Sobre lo que nuestros ojos están viendo,
Arrugas por doquier, que yo no entiendo,
Pero que a muchos bien hacen sentirnos;
Si notas que la calva crece infame,
Si las patas de gallo no sostienen
Si el abdomen protubera a las rodillas,
Al no haber quien acepte algún reclame
Aunque tonada desde seguidillas,
Acepta las verdades que nos hieren. |