El ejercicio del poder exige tomar en cuenta a
los adversarios, ya para incluirlos o para excluirlos e impedir que obstaculicen los
planes de quienes tienen el poder. El grupo comandado por quien gobernó el Estado diez
años y los mantuvo bajo su control por casi el doble de ese tiempo, excluyó y combatió
a cuantos consideró, más que adversarios, temibles enemigos del cacicazgo. Patricio
Patrón, al parecer, se ha decidido por la primera opción y para ello tuvo un encuentro,
al que seguirán otros cada dos o tres meses, con diputados federales del PRI, PAN y PRD
para, según declaró, acabar con la política maniquea, "con la política de los
buenos y los malos".
"Hay diferencias políticas, distintas
maneras de pensar, pero tenemos muchas cosas en común: buscamos servir a la
sociedad", dijo. "todos estamos en el mismo barco, es el barco de
Yucatán".
Patricio Patrón ganó la gubernatura del
Estado porque, entre algunas otras razones, él se presentó ante el electorado y la
mayoría así lo percibió como el político sincero que ofreció acabar con las
impunidades y las ilegalidades del gobierno de Cervera Pacheco, contra quien esa mayoría
votó por ser, él y su grupo de seguidores cercanos, malos políticos que le causaron
grandes males a nuestro Estado.
Hoy el gobernador necesita concertar y
llegar a acuerdos políticos con aquellos a los que hace apenas unos pocos meses denunció
como malos políticos. Entonces, no había necesidad de preguntarle a Patricio Patrón su
opinión acerca de ese grupo de diputados priístas: para él no eran nada más que
políticos que pensaban distinto a él y con los que tuviera en común el noble propósito
de servir a la sociedad. Si hubiera dicho y mantenido esa idea, seguramente muchos de los
que votaron por él no lo habrían hecho y, más seguramente, ahora esos
"servidores" de la sociedad no tratarían a Patrón Laviada como él los ha
tratado el 17 de diciembre.
Pudo el gobernador haber dicho, tras el
encuentro con esos diputados, cualquier otra cosa. Por ejemplo: que se trata de buscar
puntos de coincidencia que les permitan tomar acuerdos a favor del Estado y de la
sociedad. Pero no debía contradecirse. Y si lo ha hecho ha de ser porque necesita
grandemente de ellos. Esto me hace suponer y lo confieso, podría estar errado
que las dificultades a las que se enfrenta el actual gobierno son mucho más grandes de
las que se imaginaba. De otra manera no se explica uno el porqué exoneró, así haya sido
de palabra y de manera general, a políticos que en más de una ocasión usaron el poder
no para servir a la sociedad, sino para servir a su grupo sectario y a sí mismos.
En un artículo anterior en La Revista
opiné que al nuevo gobierno le harían falta cuadros para relevar, por lo menos en todos
los puestos clave de la enorme burocracia estatal, a todos los agentes del anterior
gobierno. Cierto es que para una parte de los funcionarios medios y menores debe serles lo
mismo servir a un partido que a otro, pero son muchos más los que siguen siendo leales al
régimen anterior y pueden frenar de hecho, en algunas dependencias eso está
pasando los cambios que el gobierno del Estado necesita hacer para cumplir con sus
promesas de campaña.
El control que todavía poseen los
cerveristas va más allá de la propia burocracia constituida por funcionarios medios y
menores. Sindicatos y organizaciones gremiales aún están bajo el control de cerveristas.
Tales son los casos de taxistas, las dos secciones sindicales de SNTE, el sindicato de
burócratas estatales y otras organizaciones cuyos dirigentes son afines o sirven a ese
grupo político y pueden, por lo tanto, desatar conflictos que obstaculicen cualquier tipo
de cambios, si éstos ponen en riesgo sus intereses.
Un cambio de gobierno por la vía electoral
no es, como también hemos dicho aquí antes, sinónimo de reforma del régimen político
de un estado o nación. Mucho menos puede garantizar la alternancia en el poder cambios
estructurales que afecten al poder de las clases y los grupos hegemónicos. Esos cambios
sólo son posibles con el apoyo y la participación protagónica de las masas.
Pero en Yucatán, como en el País, esas
masas siguen estando bajo el control de quienes crearon, al amparo del ejercicio
autoritario y discrecional del poder, redes de poder político y económico. Por eso es
que no nos deben sorprender los acercamientos con los enemigos de ayer de quienes, por las
conveniencias del poder, hoy ven en aquellos las mismas aspiraciones de servir a la
sociedad que pueden compartir. Las inercias del poder y las inercias sociales frenan el
cambio que hasta el día de hoy es incierto y sin que parezca tener rumbo claro. (R.A.S.
Mérida, Yucatán, Méx., diciembre de 2001). |