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Mérida, Yucatán, México

Edición 635 del viernes 21 de Diciembre de 2001

Semanario de Información y Análisis Político

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PATRICIO COMO GOBERNADOR

COMO SIENTES QUE VA EL GOBIERNO DE YUCATAN
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En la política yucateca...
Fuerzas inerciales y de freno

Por Róger Aguilar Salazar

El ejercicio del poder exige tomar en cuenta a los adversarios, ya para incluirlos o para excluirlos e impedir que obstaculicen los planes de quienes tienen el poder. El grupo comandado por quien gobernó el Estado diez años y los mantuvo bajo su control por casi el doble de ese tiempo, excluyó y combatió a cuantos consideró, más que adversarios, temibles enemigos del cacicazgo. Patricio Patrón, al parecer, se ha decidido por la primera opción y para ello tuvo un encuentro, al que seguirán otros cada dos o tres meses, con diputados federales del PRI, PAN y PRD para, según declaró, acabar con la política maniquea, "con la política de los buenos y los malos".

"Hay diferencias políticas, distintas maneras de pensar, pero tenemos muchas cosas en común: buscamos servir a la sociedad", dijo. "todos estamos en el mismo barco, es el barco de Yucatán".

Patricio Patrón ganó la gubernatura del Estado porque, entre algunas otras razones, él se presentó ante el electorado —y la mayoría así lo percibió— como el político sincero que ofreció acabar con las impunidades y las ilegalidades del gobierno de Cervera Pacheco, contra quien esa mayoría votó por ser, él y su grupo de seguidores cercanos, malos políticos que le causaron grandes males a nuestro Estado.

Hoy el gobernador necesita concertar y llegar a acuerdos políticos con aquellos a los que hace apenas unos pocos meses denunció como malos políticos. Entonces, no había necesidad de preguntarle a Patricio Patrón su opinión acerca de ese grupo de diputados priístas: para él no eran nada más que políticos que pensaban distinto a él y con los que tuviera en común el noble propósito de servir a la sociedad. Si hubiera dicho y mantenido esa idea, seguramente muchos de los que votaron por él no lo habrían hecho y, más seguramente, ahora esos "servidores" de la sociedad no tratarían a Patrón Laviada como él los ha tratado el 17 de diciembre.

Pudo el gobernador haber dicho, tras el encuentro con esos diputados, cualquier otra cosa. Por ejemplo: que se trata de buscar puntos de coincidencia que les permitan tomar acuerdos a favor del Estado y de la sociedad. Pero no debía contradecirse. Y si lo ha hecho ha de ser porque necesita grandemente de ellos. Esto me hace suponer —y lo confieso, podría estar errado— que las dificultades a las que se enfrenta el actual gobierno son mucho más grandes de las que se imaginaba. De otra manera no se explica uno el porqué exoneró, así haya sido de palabra y de manera general, a políticos que en más de una ocasión usaron el poder no para servir a la sociedad, sino para servir a su grupo sectario y a sí mismos.

En un artículo anterior en La Revista opiné que al nuevo gobierno le harían falta cuadros para relevar, por lo menos en todos los puestos clave de la enorme burocracia estatal, a todos los agentes del anterior gobierno. Cierto es que para una parte de los funcionarios medios y menores debe serles lo mismo servir a un partido que a otro, pero son muchos más los que siguen siendo leales al régimen anterior y pueden frenar —de hecho, en algunas dependencias eso está pasando— los cambios que el gobierno del Estado necesita hacer para cumplir con sus promesas de campaña.

El control que todavía poseen los cerveristas va más allá de la propia burocracia constituida por funcionarios medios y menores. Sindicatos y organizaciones gremiales aún están bajo el control de cerveristas. Tales son los casos de taxistas, las dos secciones sindicales de SNTE, el sindicato de burócratas estatales y otras organizaciones cuyos dirigentes son afines o sirven a ese grupo político y pueden, por lo tanto, desatar conflictos que obstaculicen cualquier tipo de cambios, si éstos ponen en riesgo sus intereses.

Un cambio de gobierno por la vía electoral no es, como también hemos dicho aquí antes, sinónimo de reforma del régimen político de un estado o nación. Mucho menos puede garantizar la alternancia en el poder cambios estructurales que afecten al poder de las clases y los grupos hegemónicos. Esos cambios sólo son posibles con el apoyo y la participación protagónica de las masas.

Pero en Yucatán, como en el País, esas masas siguen estando bajo el control de quienes crearon, al amparo del ejercicio autoritario y discrecional del poder, redes de poder político y económico. Por eso es que no nos deben sorprender los acercamientos con los enemigos de ayer de quienes, por las conveniencias del poder, hoy ven en aquellos las mismas aspiraciones de servir a la sociedad que pueden compartir. Las inercias del poder y las inercias sociales frenan el cambio que hasta el día de hoy es incierto y sin que parezca tener rumbo claro. (R.A.S. Mérida, Yucatán, Méx., diciembre de 2001).

 

 

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