Cierra
2001 y se constituye como un parteaguas del quehacer político en todos los frentes. A
nivel internacional, la estela de terror que agobia a Estados Unidos desde el 11 de
septiembre tiene repercusiones infinitas en las relaciones entre los países y en las
políticas internas de los socios relevantes de los norteamericanos, como es el caso de
México. No podemos negar que, con toda su carga de maldad y a pesar del nacionalismo, los
hechos de NY afectan y afectarán al ámbito migratorio, comercial, empresarial,
turístico, económico y aun la proporcionalidad de la distribución de recursos federales
a los estados de la República, al retornar miles de migrantes, algunos por carecer de
empleo y otros atemorizados, sobretodo en entidades expulsoras de manos de obra, como
Yucatán.
Pero haciendo un aparte de esta situación
coyuntural, los sucesos políticos que afectan de manera directa a los yucatecos tuvieron
en el año que concluye un escenario singular. En primera instancia, el arranque del
gobierno del cambio, del gobierno de Fox, tuvo una inconsistencia de inicio porque muchos
de sus funcionarios de primer nivel no dieron el ancho para las tareas que les fueron
encomendadas y se enfrascaron, desde antes del abordaje, de las problemáticas más
apremiantes en especulaciones superfluas y en una competencia de protagonismos,
únicamente opacados por los yerros del propio primer mandatario.
Las expectativas generadas en campaña han
sido desde entonces para el presidente Fox una pesada losa que a la fecha no se ha podido
sacudir. Desde el desempleo galopante hasta el enfrentamiento con medio mundo civilizado
por parte del canciller Castañeda; desde la caída de la popularidad hasta la boda
presidencial como medio de publicidad a la figura de mando (¿Martita?), todo ha sido una
novela que tiene su segundo episodio a partir del próximo año.
En Yucatán, el tema obligado es el
desacato en que incurrió Víctor Cervera Pacheco con su obcecamiento de no obedecer el
mandato de la ley, de nueva cuenta. Esto merced a una pésima negociación en la
integración del Consejo Estatal Electoral que pretendió enmugrecer de entrada el proceso
y marcó un hito en la lucha por la consolidación de la democracia en el Estado.
Llegó a haber tres consejos al mismo
tiempo, enfrentamientos y manifestaciones hechizas financiadas por el régimen cerverista
para presionar por la permanencia de sus consejeros. Pero la justicia prevaleció,
y Yucatán se anotó otra victoria cívica gracias a la integridad de miles de ciudadanos
que también salieran a las calles libremente- para evitar la asonada electoral. A
la postre, este conflicto, del cual Myrna Hoyos salió una vez más a la fama, hundió al
PRI y entronizó a Cervera como el sepulturero mayor de un sistema anacrónico.
Después vendría la selección de
candidatos por los principales partidos políticos, que enfrentó los grupos internos del
PRI y el PAN, y adelantó el surgimiento de una nueva clase política advenediza y falta
de identidad en los llamados "partiditos". En el PRI, después de una faramalla
que en un alarde de imaginación se nombró Consejo Político Estatal, Cervera impuso a su
delfín, Orlando Paredes Lara (R.I.P.), que tuvo el gran mérito de unir a todos los
priístas
pero en su contra. El desenlace se vislumbró desde el mismo día de la
designación de Orlando, cuando las cabezas de importantes grupos priístas manifestaron
públicamente su rechazo hacia el elegido y anunciaron su desbandada del tricolor.
En el PAN, el gran perdedor fue Luis Correa
Mena: primero, no pudo entrar por haber renunciado al blanquiazul- en la contienda
interna por la candidatura grande, y después, en un suceso inédito, fue precandidato
único a la alcaldía de Mérida, y perdió por aclamación. Patricio Patrón Laviada
surgió como el candidato del PAN, al que se unieron formalmente el PRD, el PT y el PVEM
para apoyar en una candidatura común que eventualmente destronó a Cervera; los ismos
priístas anti orlandistas también pusieron de su parte
de esta ensalada partidista,
Ana Rosa salió ganando, al repetir como candidata a la alcaldía de Mérida, haciendo
valer sus influencias en el CEN del PAN y pactando con los grupos internos locales.
El 27 de mayo es una fecha de muchos
significados. Por una parte, el derrumbe del PRI en Yucatán, el ocaso de la hegemonía
del grupo cerverista, y por otra el nacimiento de un nuevo estilo de gobierno, la
consumación del poder ciudadano a través del voto, que a nivel nacional había ya dado
el campanazo del 2 de julio. Al triunfo de Patricio Patrón Laviada se sucederían
acontecimientos nunca vistos, como la integración de un gabinete estatal medianamente
plural y el llamado a todas las fuerzas políticas a colaborar para llevar adelante al
estado.
Sin embargo, no todo fue miel sobre
hojuelas. Al igual que con Fox, el grupo que subió al poder con Patricio fue severamente
cuestionado por las reminiscencias priístas de algunos de sus integrantes (Roger Torres,
el Profr. Brito, Jorge Carlos Escalante, y anexas), por el desequilibrio de poderes en las
dependencias (Benito Rosel vs. Pedro Rivas y Tacho Manzanilla), o bien por la ineptitud de
alguno (Róger González). Lo cierto es que no fue una selección de lo mejor, que podría
deparar al gobierno panista de Yucatán serios descalabros, sin contar con las divisiones
dentro del gabinete por las "bajadas del caballo" que le dieron al grupo de
Xavier Abreu, enviado al gulag de la Secretaría de Desarrollo Social.
En el Poder Legislativo, un Congreso
dividido es sinónimo de diferencias acres en las decisiones colegiadas: 12 diputados del
PAN, otros tantos del PRI, y el fiel de la balanza sobre los hombros de Jorge Vallejo
Buenfil, que a fin de cuentas resulta el más favorecido por esta fragmentación del voto
popular. La pachanga armada por priístas que culminó con el robo de una curul por parte
de Freddy Monforte fue únicamente el adelanto de una lucha encarnizada en la LVI
Legislatura.
Este ha sido el 2001 de Yucatán, sucesos
más, sucesos menos. Lo cierto que es que en el contexto nacional parece ser que hemos
caído de la gracia de Fox, pues aunque es sabido que desde el lanzamiento de la impopular
propuesta de aumento al IVA el guanajuatense no ha hecho más giras que sus viajes
semanales al rancho materno en San Francisco del Rincón, no menos cierto es que el
mérito partidario del gobernador Patrón Laviada le merecería al menos una visita de
cortesía del primer mandatario, y hasta ahora no se ha dado. ¿Repercutirá este olvido
en el desarrollo de Yucatán? ¿Llegarán los indispensables apoyos financieros de la
Federación para sacar a la entidad del atraso? Patricio afirma en privado que sí. Poco
vivirá quien no lo vea. |