El crecimiento de las ciudades, el aumento de la población, el
disparo de la miseria y la pobreza, las deserciones escolares, la baja calidad educativa,
la pérdida de los valores morales y un sinnúmero de ademases, han destrozado la creencia
en la espiritualidad como valor fundamental en el ámbito social, toda vez que si fuimos
creados por Dios, si hemos sido bautizados, si sabemos que estamos formados por materia y
espíritu, si hemos sabido vencer los embates de las corrientes con fuertes cargas de
ateísmo, ¿por qué tanta pleitesía al becerro de oro? ¿Por qué negarnos a practicar
la caridad en hermanos que sí están necesitados? ¿Por qué tanto exhibicionismo de los
bienes materiales que uno tiene? ¿Cómo no entender que la vida no la tenemos comprada, y
que llegado su justo tiempo tenemos que felpar? Y que las lágrimas de quienes nos
rodearon como seres queridos se evaporarán antes que el presidente Fox solucione el
problema económico de México, y que ya sea una tumba en el cementerio o una urna en
alguna iglesia ya sea de primera, de segunda o de tercera, estarán olvidadas con el
correr de los tiempos.A veces tenemos que hablar,
expresarnos y enfatizar sobre lo que tenemos en el campo material: nuestras fuentes de
ingresos, nuestras propiedades, nuestras camionetas y automóviles, y además nuestros
proyectos para el próximo año, aunque en nuestro rostro se refleje el daño que nos
está causando nuestra incurable enfermedad. Pero para nada volteamos los ojos al cielo.
Si por ser joven, como nunca me hablaron sobre la
existencia del Espíritu Santo, conformante de la Santísima Trinidad, resulta un
galimatías entender la Biblia y sus textos. Por ser de edad madura y haber estado
alejado de mi Iglesia por mucho tiempo, aunque me da vergüenza decirlo, ya ni del
Padre Nuestro me acuerdo. Yo por anciano y por todavía quedarme el reducto del
izquierdista plan de gobierno de hace 60 años en mi pecho, no creo necesario, a
estas alturas de mi vida, que tenga que claudicar. Y así la clase media alta, y aun
chen la clase media, hacen un gran esfuerzo para acercarse a Jesús cuando menos en
estas fechas de Navidad, pero la mente está incrustada en las cosas materiales en todas
sus manifestaciones, incluyendo la carne que desbarata hogares. Seamos justos, seamos
congruentes, seamos observadores de los clamores mundiales, veamos y sintamos hacia dónde
se dirigen las plegarias del Papa Juan Pablo II, y con qué vehemencia las hace, en este
mundo tan convulso, donde en el mismo pesebre se estremecen los niños desamparados del
mundo y el famoso libro de Forbes. Sintamos algo bonito en nuestros corazones al hacer
algo por esos que nada tienen. ¿Vieran que no es tan difícil? (G.S.M. Mérida,
Yucatán, diciembre de 2001). |