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Mérida, Yucatán, México

Edición 646 del viernes 8 de Marzo de 2002

Semanario de Información y Análisis Político

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¿Innecesaria la zona de tolerancia en Mérida?
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¿Innecesaria la zona de tolerancia en Mérida?

Por Germán Sosa Monsreal

Con los varios centenares de prostitutas clandestinas que operan en nuestra ciudad, sin ningún control sanitario; con otro tanto de travestidos que pululan en los lugares ya conocidos, que tienen acceso a los bares y cantinas que también por docenas funcionan, con todos los permisos y pagos de impuestos que estos giros negros exigen. Con los bailes populares auspiciados por una firma cervecera, donde se dan cita prostitutas, travestidos, marginados y hasta vendedores de pericos; con la actitud de algunos taxistas-alcahuetes, que por una lana extra le consiguen carne joven al parroquiano de casa o foráneo y hasta tal vez el carrujo. En este universo, donde campean las enfermedades venéreas y el SIDA, por el "lujo" que se permiten dar las y los que en este mar navegan, hacen de fácil contagio a menores de edad en sus actividades en una prostitución tempranera, que en poco tiempo comienzan los abortos en las chavitas y enaretarse y tatuarse los jovencitos, con los humos naturales de la drogadicción... En este marco denigrante de vileza se desenvuelve nuestra ciudad, y muy poco le importa a quienes viven en el norte de la ciudad (incluyendo a las autoridades) que nada han querido hacer para desterrar este asco y pena que agobia a los yucatecos-meridanos que viven y se desplazan en sus diarias actividades en el corazón mismo de nuestra ciudad.

... ¿Acaso las infieles no son prostitutas?, aquellas que a pesar de nunca haber sido llevadas al altar, tener su chino de planta y no faltarle nada en lo económico, se ufanan de colocarle la encornadura a su protector y no pasa nada? ¿A qué le tienen miedo los antizonistas que esgrimen argumentos —que ya no encajan en nuestra época— para oponerse a la alcaldesa respecto a la Z.T.?; no por ser nuestra ciudad la número uno en carecer de zona de tolerancia toquemos dianas y fanfarrias; ¿en qué lugar estamos respecto a las incidencias de SIDA? (Dr. Pereira Carcaño); ¿tiene acaso que ver con estos contagios el problema de las playas yucatecas?, o tal vez los invernaderos? Lo cierto es que las buenas costumbres de que hacíamos gala los yucatecos se han visto trastocadas por el empuje de la prostitución en nuestra ciudad, de cuyos efectos no se han percatado los antizonistas. Nos permitimos sugerirle, en buena onda, a nuestra Presidenta municipal (con mucho respeto), que eche mano de una comisión de sus más cercanos colaboradores con diploma en zonirrología, para que verifiquen cómo funcionan esos antros en varias capitales y qué restricciones tienen. Esto es exclusivamente tarea de la autoridad; para nada se tiene que consensuar al pueblo; lo importante es sanear las áreas citadinas. (G.S.M., Mérida, Yucatán, Méx., marzo de 2002).

 

 

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