Con los varios centenares de prostitutas
clandestinas que operan en nuestra ciudad, sin ningún control sanitario; con otro tanto
de travestidos que pululan en los lugares ya conocidos, que tienen acceso a los bares y
cantinas que también por docenas funcionan, con todos los permisos y pagos de impuestos
que estos giros negros exigen. Con los bailes populares auspiciados por una firma
cervecera, donde se dan cita prostitutas, travestidos, marginados y hasta vendedores de
pericos; con la actitud de algunos taxistas-alcahuetes, que por una lana extra le
consiguen carne joven al parroquiano de casa o foráneo y hasta tal vez el carrujo. En
este universo, donde campean las enfermedades venéreas y el SIDA, por el "lujo"
que se permiten dar las y los que en este mar navegan, hacen de fácil contagio a menores
de edad en sus actividades en una prostitución tempranera, que en poco tiempo comienzan
los abortos en las chavitas y enaretarse y tatuarse los jovencitos, con los humos
naturales de la drogadicción... En este marco denigrante de vileza se desenvuelve nuestra
ciudad, y muy poco le importa a quienes viven en el norte de la ciudad (incluyendo a las
autoridades) que nada han querido hacer para desterrar este asco y pena que agobia a los
yucatecos-meridanos que viven y se desplazan en sus diarias actividades en el corazón
mismo de nuestra ciudad.
... ¿Acaso las infieles no son
prostitutas?, aquellas que a pesar de nunca haber sido llevadas al altar, tener su chino
de planta y no faltarle nada en lo económico, se ufanan de colocarle la encornadura a su
protector y no pasa nada? ¿A qué le tienen miedo los antizonistas que esgrimen
argumentos que ya no encajan en nuestra época para oponerse a la alcaldesa
respecto a la Z.T.?; no por ser nuestra ciudad la número uno en carecer de zona de
tolerancia toquemos dianas y fanfarrias; ¿en qué lugar estamos respecto a las
incidencias de SIDA? (Dr. Pereira Carcaño); ¿tiene acaso que ver con estos contagios el
problema de las playas yucatecas?, o tal vez los invernaderos? Lo cierto es que las buenas
costumbres de que hacíamos gala los yucatecos se han visto trastocadas por el empuje de
la prostitución en nuestra ciudad, de cuyos efectos no se han percatado los antizonistas.
Nos permitimos sugerirle, en buena onda, a nuestra Presidenta municipal (con mucho
respeto), que eche mano de una comisión de sus más cercanos colaboradores con diploma en
zonirrología, para que verifiquen cómo funcionan esos antros en varias capitales
y qué restricciones tienen. Esto es exclusivamente tarea de la autoridad; para nada se
tiene que consensuar al pueblo; lo importante es sanear las áreas citadinas. (G.S.M.,
Mérida, Yucatán, Méx., marzo de 2002). |