Las
circunstancias que envuelven al PRI en estos momentos, son verdaderamente adversas. El
próximo líder priísta se enfrentará al fantasma de la división del partido, con más
razón por la forma en que fue reconocido como nuevo dirigente nacional. ¿Cómo es
posible que desde horas antes de que Humberto Roque anunciara el triunfo de Madrazo, los
partidarios de éste, ya estuvieran anunciando la victoria? Ante estas circunstancias, no
es difícil que infinidad de priístas busquen la puerta de salida y abandonen el PRI.
Ante esta situación, cabe preguntarnos:
¿qué beneficio le pueden traer a México y al mismo partido, el que Roberto Madrazo sea
el dirigente nacional? Madrazo es paradigma del autoritarismo, la deshonestidad y el
mapachismo; un hombre que cuando ha "ganado" una elección, lo ha hecho a base
del fraude electoral y la total antidemocracia. Beatriz Paredes, también tiene lo suyo,
pues a pesar de que tanto pregona el tener las manos limpias, quizá no pueda asegurar
-con certeza absoluta-, que la gubernatura de Tlaxcala la ganó democráticamente, y
arrastra sus nexos con Salinas de Gortari y Francisco Labastida.
La cruda realidad es que, ninguno de los
dos garantizaba ser el líder que logre unificar las filas tricolores; y sin un verdadero
líder, la sobrevivencia del partido será muy difícil. Es penoso ver que entre los altos
funcionarios priístas, no exista alguien que no arrastre un pasado tenebroso.
El destino del antiguo partido de Estado es
trágico, pues sin la dirección que durante años le dio el dedo presidencial, los
actuales dirigentes simplemente no saben qué hacer con el partido. Cualquier decisión
que tomen, traerá como consecuencia mayor división y muchísimas deserciones.
Para su desgracia, el ex partido de la
Revolución, siempre estuvo acostumbrado al autoritarismo, por tanto, no puede apostarle
al futuro en cuyo horizonte brilla firmemente la luz de la democracia bajo cuyas reglas,
el PRI sencillamente no puede existir. Las pasadas elecciones de Q. Roo son la mejor
prueba de que el Revolucionario Institucional, solo puede ganar elecciones en aquellas
regiones donde todavía domina completamente; por tanto, el escenario se le va haciendo
cada día más estrecho, de lo cual están conscientes sus dirigentes, senadores,
diputados y alcaldes, quienes saben bien que en un sistema democrático y ante leyes y
autoridades electorales imparciales, su partido no tendrá salvación. El PRI nunca ha
sido un partido democrático; ni siquiera en sus propias elecciones internas como acabamos
de ver.
Las mutuas acusaciones de fraude y de
mapacheo electoral entre madracistas y beatricistas, le quita total credibilidad a su
elección interna, además de que exhiben al partido ante los ojos de los mexicanos. Sus
desaseadas elecciones nos lo han dejado tal cual es: un partido hundido en el pasado, con
métodos electorales que contradijeron los fingidos discursos de ambos candidatos, quienes
trataron de presentarlo como un partido moderno y democrático.
Es muy posible que la lucha se desate entre
ambas facciones, la cual desgastará aún más al ex partido de Estado que, si se sostuvo
en el poder casi todo el siglo XX, fue a causa de la protección que le brindaba el
presidencialismo y las leyes electorales. Si al final del siglo pasado, el régimen
anterior aceptó abrirse, lo hizo a regañadientes, presionado por la sociedad civil y los
partidos opositores que, aumentaron su padrón de militantes ante las continuas burlas
electorales y la persistencia de la crisis económica. La presión internacional hizo el
resto.
Quizá la división se agudice en los
próximos días, sobre todo porque los encargados de analizar las impugnaciones, no
parecen haberlo realizado con total imparcialidad. El PRI vive actualmente el momento más
trascendental de su historia. Ante esta batalla que se avecina, ha llegado la hora, en que
los militantes honestos, los de buena fe y de ideas avanzadas, los enemigos del chanchullo
y del mapacheo, que aunque sea difícil de creer existen en el PRI, tendrán que
enfrentarse a la disyuntiva de aceptar la persistencia en el partido del "fraude
sistemático" como método político u obligar la depuración de todos los corruptos,
que han llevado al partido a la triste situación en que hoy se encuentra.
Ciertamente serán muchos los que tendrán
que irse, pero si lo que los verdaderos priístas quieren es reiniciar el camino, sólo
podrán lograrlo bajo la dirección de políticos honestos, preparados y comprometidos a
hacer del PRI, un partido político verdadero, moderno y democrático que, desde la
oposición luche y trabaje sin simulaciones para sacar adelante a México. Los priístas
deben estar conscientes que tendrán que olvidar el autoritarismo como método político y
mirar sin angustia hacia un futuro en donde las reglas del juego las marcará la
democracia, que es el sistema de gobierno que los mexicanos hemos escogido para vivir; el
cual tendrán que respetarlo si es que desean perdurar.
¿Podrá el PRI salir adelante en esta
prueba crucial de su elección interna? ¿Será Roberto Madrazo el que haga del PRI un
partido democrático? ¿Es indispensable para México la existencia de un partido como el
PRI?
Para los mexicanos es difícil olvidar que
a lo largo de 70 años de priísmo, los únicos que resultaron beneficiados fueron los
autonombrados "herederos de la Revolución"; una revolución que les sirvió en
demasía para sus discursos demagógicos y en nombre de la cual, crearon fortunas
gigantescas, sin que se preocuparan por lograr el bienestar y el progreso del pueblo de
México.
La existencia del PRI es importante, porque
es un partido con presencia nacional que todavía puede aportar mucho en beneficio de
nuestra patria; pero será necesario que el ex partido de Estado cambie de nombre y de
emblema, dejando de mancillar los colores de nuestra Enseña Patria.
Tal vez el desgaste que producirá el
enfrentamiento entre Madrazo y Beatriz, si es que se da, haga imposible la supervivencia
del partido. No obstante, si de esta división surgiera un partido nuevo, sus dirigentes
deberán estar seguros de dejar fuera, a los corruptos y pillos de la peor ralea, que
saquearon a la Nación con tal voracidad hasta dejarla hundida en la miseria y el
endeudamiento. Procuremos estar pendientes de los sucesos que vendrán en las próximas
semanas en las filas priístas, porque seguramente grandes sorpresas nos deparan. (C.A.S.B.
Mérida, Yucatán, Méx., marzo de 2002). |