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Mérida, Yucatán, México

Edición 646 del viernes 8 de Marzo de 2002

Semanario de Información y Análisis Político

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El fin de la elección del PRI: una propuesta

Por Manuel Carrillo Esquivel

El fin de la elección interna del PRI ha llegado y, con ella, un virtual ganador. Como se había pronosticado antes, era muy posible que se diera el escenario de 1999 cuando entre los dos contendientes mayoritarios del PRI a la presidencia de la República lograron dividir al partido. En ese entonces no fue su culpa, sino de todos los grupos cupulares que existían y existen actualmente en el partido, aún mayoritario en nuestro país. Esos grupos, entonces creían imposible que aún con esa fractura interna se pudiera perder la elección presidencial del 2000: estaban equivocados.

La idea en sí de elección interna fue excelente, pero no permitamos que sea contraproducente. No pudo tener el PRI una mejor opción para democratizarse en su interior, pero el objetivo principal de las internas fue fortalecer al partido, no debilitarlo. La razón por la cual esta elección puede resultar adversa es sólo una: que los objetivos personales vayan por encima de los intereses del partido. Por esta razón, la única salida es el diálogo y la búsqueda de acuerdos comunes que presenten al PRI como un partido fuerte y unido.

Desde antes de las campañas, ya se observaba un posible panorama agresivo entre los posibles competidores. Frente a esta situación hubo quejas (incluyendo la de gobernadores priístas) para llamar a la cordura, al debate de ideas, a la confrontación de programas, para lograr elegir sin rompimiento una candidatura común y, a la vez, mantener la unidad del Partido Revolucionario Institucional.

Sin embargo, se llegó a la conclusión de que el concepto de democracia que reflejan las internas podría ser benéfico para el partido. El problema que surgió es que nadie se pudo poner de acuerdo en cómo poner en práctica la democracia dentro de nuestra organización partidista. En apariencia, lo ideal era que el elegido surgiera de un voto universal y directo, pero los antecedentes indicaban que existía el riesgo de que la "línea" y la "cargada" revivieran y distorsionaran los resultados. Además, con frecuencia, las votaciones internas en vez de contribuir a la fortaleza del partido han servido para generar divisiones (la del 7 de noviembre de 1999 es el más claro ejemplo).

Hoy, nos encontramos ante un panorama similar al de 1999. La única diferencia es que actualmente nos encontramos en una situación más frágil que en aquel entonces. Hoy, los ojos de nuestros militantes y de todo México se encuentran puestos sobre un partido que es pieza fundamental en la gobernabilidad de México. La situación a reflexionar es de qué manera nos queremos presentar ante estas personas.

La elección ha concluido, existen asuntos pendientes los cuales se deben atender como una organización institucional, no como enemigos. Es importante que no nos presentemos ante la opinión pública como dos bandos que buscan el poder, sino como dos grupos que se consideran con los atributos necesarios para dirigir al PRI, pero que, sin embargo, están dispuestos a sumarse al que resulte el verdadero triunfador. De esta manera, el neoliberal que hoy ostenta el poder se sentirá decepcionado de que en lugar de encontrar un partido debilitado, se topará con un PRI fortalecido para seguir luchando por las causas del pueblo.

La propuesta de los verdaderos militantes es la siguiente: No permitamos que nuestro partido naufrague en los mares de la avaricia y el poder; no permitamos que la ambición se situé por encima del bien común; no dejemos que dos fuerzas importantes para el futuro del PRI se destruyan unas a otras; no permitamos que revanchismos se sitúen como una política a seguir. Lo único que pedimos es que nos entreguen el nacimiento del nuevo PRI, que tanto añoramos y en el cual tenemos depositadas nuestras esperanzas. Gracias. (Universidad de Manchester, Inglaterra)

 

 

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