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Mérida, Yucatán, México

Edición 652 del viernes 19 de Abril de 2002

Semanario de Información y Análisis Político

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"Cada día que pasa, canta mejor"
Pedro Infante, aún el número uno

Han pasado 45 años y Pedro Infante al igual que como dicen los argentinos de su máximo ídolo, Carlos Gardel, “cada día que pasa canta mejor”. Y así viene saliendo como diría inolvidable amigo, ya que después de ese trecho recorrido, donde se ha visto de todo, desde el lanzamiento o conquista del espacio, por parte de rusos y gringos, los cambios revolucionarios en varias naciones empezando por Cuba, Venezuela, Colombia, Haití, donde feroces dictaduras cayeron y más reciente las criminales guerras en pueblos del Continente Asiático. O los cambios en México donde cayó “la más antigua y perfecta de las dictaduras”. A Pedro lo siguen queriendo, no lo olvidan y, además, sus fans -de tres generaciones- van en aumento y no pasa un día si no en radio o televisión, se escuchan sus canciones o se ven sus películas.

Los pueblos son los que hacen a sus ídolos como es el caso de grandes artistas de esta América que fue nuestra, porque lo mismo en Cuba, se recuerda con gran cariño a sus ídolos como Beny Moré, Daniel Santos, Bienvenido Granda, Miguel Matamoros, o uno de los más grandes compositores románticos, como José Antonio Méndez, quien seguramente estaría cantando uno de sus más hermosos himnos al amor como “La gloria eres tú” o Gardel con la canción más hermosa del siglo que pasó, para mi gusto: “El día que me quieras” o las de Pedro Infante, que le hacían especialmente para la tesitura de su voz, por los más grandes compositores de México, en el género ranchero, José Alfredo Jiménez y otros grandes, que se hicieron famosos gracias a Pedro Infante, que sin tener una potente voz sabía cantar y cantaba bien.

Se cumplieron 45 años, que como todos saben han sido de angustias de crisis, de guerras, de la aparición en México y en el mundo, de grandes enfermedades que padecen millones de seres humanos en la tierra empezando con la más antigua como el cáncer o bien la más “nueva” el SIDA y no se diga la enfermedad del poder que los políticos que entraron a manejar los destinos de millones de seres humanos, quisieran quedarse eternizados aún cuando sus pueblos los odian o los aborrecen como hay muchos ejemplos, Yucatán para no ir muy lejos, donde a un sátrapa caciquil lo expulsaron del poder.

Para muchos fanáticos del “Séptimo Arte”, en lo que respecta a la “Epoca de oro del cine mexicano”, quizá ya no se vuelva a dar porque hoy con las contadas excepciones, las películas que fabrican son de otro corte, son más técnicas, más profundas quizá, pero no con la inocencia, la frescura de las comedias musicales de antaño o las historietas que se llevaban a la pantalla y esas películas fueron las que abrieron las puertas de los mercados internacionales al cine mexicano tanto en América como en Europa y si a México todo mundo le reconoce su adelanto en el cine, en la televisión, que ha creado un verdadero monopolio por las empresas más poderosas de América Latina, como Televisa y T.V. Azteca, que mantienen copados a todos los públicos con los dramones truculentos, donde lo que se ve es nada más qué artistas lloran y lloran más fuerte.

Pedro Infante Cruz, quien vivió gran parte de la última etapa de su vida, tenía más de tres pasiones en su mente. La primera, su familia, principalmente el matrimonio que contrajo con la yucateca Irma Dorantes y de ese matrimonio nació Irma Infante. La segunda pasión quizá era cantar, hacer cine y mantener a una familia larguísima, que incluía hermanos, sobrinos y sobrinas, nietos y cuanto ser humano se le acercaba porque era dadivoso. Y la tercera pasión, volar los aviones que aún sin ser un gran piloto, volaba aviones de TAMSA (Transportes Aéreos Mexicanos), en donde el fatídico lunes 15 de abril de 1957 al salir del Aeropuerto se estrelló en una de las calles del sur de la ciudad, a sus 39 años de edad, para así convertirse en el ídolo de México más admirado y querido de las artes cinematográficas. Y por cierto, hoy lo recuerdan en esta ciudad y le rinden homenaje llevándole flores y mariachis hasta su tumba o bien en los monumentos que le hizo el pueblo para recordarlo. Como cosa curiosa: tanto Pedro Infante, Javier Solís, María Félix, Silvia Derbez, Pedro Armendáriz y otros grandes murieron, en el mes de abril o pocos días antes.

Nadie ha podido, en el género ranchero o cinematográfico, rebasar el récord de películas y canciones que ha visto el público mexicano y en toda América Latina, lo mismo en Panamá, que en Venezuela, que en Colombia o Argentina, que en Cuba, y en todo el continente, donde millones de seguidores aún ven en las pantallas de la televisión, las películas que le dieron fama y prestigio, y escuchan sus cientos de canciones que grabó para que ahí quedara para la historia. Es más, las películas que como “Nosotros los pobres”, “Ustedes los ricos”, etc., son ya parte de la historia de la Época de Oro, que vivió México, con otros grandes de la cinematografía.

En efecto, con Pedro Infante, también surgieron grandes intérpretes y principalmente imitadores que lo tenían como a su ídolo, como el caso de otro entrañable amigo de México y de muchos yucatecos, Javier Solís, que por su humildad, su tenacidad y por esa preciosa voz que tenía es quizá uno de los que más se escuchan después de Pedro Infante y que logró cautivar a todos los románticos de este país. Igualmente, otros grandes interpretes como el rey de los charros, Antonio Aguilar, quien aún vive. O los otros que le dieron fama al Cine Mexicano en el género ranchero, Luis Aguilar o en el ramo femenil, como las grandes de la canción, Lucha Reyes, Lola Beltrán y María del Lourdes y otros y otras que el público no olvida.

Pedro Infante Cruz que aún sigue vivo, de quien dicen es “la voz que bajó del cielo” y quien todavía no hay nadie -a la vista- que se le acerque, tiene seguidores por todos lados, en todas las capas sociales se le recuerda y se le admira, y en todos los canales de televisión, pasan sus grandes éxitos cinematográficos. Y por si fuera poco, en todas las radiodifusoras de América -que suman cientos o miles- oyen diariamente las canciones del versátil actor, que por cierto una de sus últimas películas la filmó con la recién desaparecida María Félix, con quien demostró esa calidad de actor, que incluso, dio cátedra de actuación a la Doña -otro monstruo de la cinematografía internacional-, en la película Tizoc, aclamada por todos los públicos.

Dicen que del rayo te escapas o se escapa cualquiera, pero de la raya nadie se escapa y que para morirse sólo se necesita una circunstancia: estar vivo. Y, en efecto, ese día, en las primeras horas del lunes 15 de abril, Pedro Infante, empezó a dar carreras para localizar a quien debía volar el avión carguero a México, de la línea aérea de la que eran accionistas empresarios yucatecos o con quienes el propio Pedro volaba sus aviones llevando carga o mercancías que los aviones de TAMSA transportaban -por toda la Península- hasta llegar a México, D.F., ya que el artista tenía la obligación de presentarse ante los juzgados -en la capital- porque si no lo hacía, lo meterían a la cárcel, por una demanda y acusación que pesaba en contra de él, interpuesta por su ex esposa.

Así fue como subió al avión en donde daría su última vuelta por Mérida, ya que al enfilarse hacia la ruta que llevan todos los aviones, la nave carguera, quizá por el exceso de carga o porque algo falló en sus cálculos, o simplemente por imprudencia, se desplomó el avión, ahí por el sur de Mérida, donde a los pocos minutos del accidente, ya había miles de ciudadanos, que lloraban o no daban crédito a la noticia de que entre las víctimas estaba el gran actor y cantante Pedro Infante Cruz y en donde también -pocos minutos después- las difusoras ya estaban transmitiendo todo este escándalo que dejó físicamente a sus fanáticos y seguidores sin su ídolo. Pero como sucede con los grandes hombres, ese público que lo amó, que lo siguió, que lo hizo ídolo y que hasta hoy es el primero, lo sigue aclamando, los siguen por medio de las películas que dejó y que pasa la televisión y sus más de trescientas canciones que grabó y que todo México canta, para convertirlo en “la voz que bajó del cielo” y que vive en el corazón de los mexicanos y que a pesar de los años transcurridos, “cada día canta mejor”. Continuará. (F.A.C., Mérida, Yucatán, Méx., abril de 2002).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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