Han
pasado 45 años y Pedro Infante al igual que como dicen los argentinos de su máximo
ídolo, Carlos Gardel, cada día que pasa canta mejor. Y así viene saliendo
como diría inolvidable amigo, ya que después de ese trecho recorrido, donde se ha visto
de todo, desde el lanzamiento o conquista del espacio, por parte de rusos y gringos, los
cambios revolucionarios en varias naciones empezando por Cuba, Venezuela, Colombia,
Haití, donde feroces dictaduras cayeron y más reciente las criminales guerras en pueblos
del Continente Asiático. O los cambios en México donde cayó la más antigua y
perfecta de las dictaduras. A Pedro lo siguen queriendo, no lo olvidan y, además,
sus fans -de tres generaciones- van en aumento y no pasa un día si no en radio o
televisión, se escuchan sus canciones o se ven sus películas.
Los pueblos son los que hacen a sus ídolos como es el caso de grandes artistas de esta
América que fue nuestra, porque lo mismo en Cuba, se recuerda con gran cariño a sus
ídolos como Beny Moré, Daniel Santos, Bienvenido Granda, Miguel Matamoros, o uno de los
más grandes compositores románticos, como José Antonio Méndez, quien seguramente
estaría cantando uno de sus más hermosos himnos al amor como La gloria eres
tú o Gardel con la canción más hermosa del siglo que pasó, para mi gusto:
El día que me quieras o las de Pedro Infante, que le hacían especialmente
para la tesitura de su voz, por los más grandes compositores de México, en el género
ranchero, José Alfredo Jiménez y otros grandes, que se hicieron famosos gracias a Pedro
Infante, que sin tener una potente voz sabía cantar y cantaba bien.
Se cumplieron 45 años, que como todos saben han sido de angustias de crisis, de guerras,
de la aparición en México y en el mundo, de grandes enfermedades que padecen millones de
seres humanos en la tierra empezando con la más antigua como el cáncer o bien la más
nueva el SIDA y no se diga la enfermedad del poder que los políticos que
entraron a manejar los destinos de millones de seres humanos, quisieran quedarse
eternizados aún cuando sus pueblos los odian o los aborrecen como hay muchos ejemplos,
Yucatán para no ir muy lejos, donde a un sátrapa caciquil lo expulsaron del poder.
Para muchos fanáticos del Séptimo Arte, en lo que respecta a la Epoca
de oro del cine mexicano, quizá ya no se vuelva a dar porque hoy con las contadas
excepciones, las películas que fabrican son de otro corte, son más técnicas, más
profundas quizá, pero no con la inocencia, la frescura de las comedias musicales de
antaño o las historietas que se llevaban a la pantalla y esas películas fueron las que
abrieron las puertas de los mercados internacionales al cine mexicano tanto en América
como en Europa y si a México todo mundo le reconoce su adelanto en el cine, en la
televisión, que ha creado un verdadero monopolio por las empresas más poderosas de
América Latina, como Televisa y T.V. Azteca, que mantienen copados a todos los públicos
con los dramones truculentos, donde lo que se ve es nada más qué artistas lloran y
lloran más fuerte.
Pedro Infante Cruz, quien vivió gran parte de la última etapa de su vida, tenía más de
tres pasiones en su mente. La primera, su familia, principalmente el matrimonio que
contrajo con la yucateca Irma Dorantes y de ese matrimonio nació Irma Infante. La segunda
pasión quizá era cantar, hacer cine y mantener a una familia larguísima, que incluía
hermanos, sobrinos y sobrinas, nietos y cuanto ser humano se le acercaba porque era
dadivoso. Y la tercera pasión, volar los aviones que aún sin ser un gran piloto, volaba
aviones de TAMSA (Transportes Aéreos Mexicanos), en donde el fatídico lunes 15 de abril
de 1957 al salir del Aeropuerto se estrelló en una de las calles del sur de la ciudad, a
sus 39 años de edad, para así convertirse en el ídolo de México más admirado y
querido de las artes cinematográficas. Y por cierto, hoy lo recuerdan en esta ciudad y le
rinden homenaje llevándole flores y mariachis hasta su tumba o bien en los monumentos que
le hizo el pueblo para recordarlo. Como cosa curiosa: tanto Pedro Infante, Javier Solís,
María Félix, Silvia Derbez, Pedro Armendáriz y otros grandes murieron, en el mes de
abril o pocos días antes.
Nadie ha podido, en el género ranchero o cinematográfico, rebasar el récord de
películas y canciones que ha visto el público mexicano y en toda América Latina, lo
mismo en Panamá, que en Venezuela, que en Colombia o Argentina, que en Cuba, y en todo el
continente, donde millones de seguidores aún ven en las pantallas de la televisión, las
películas que le dieron fama y prestigio, y escuchan sus cientos de canciones que grabó
para que ahí quedara para la historia. Es más, las películas que como Nosotros
los pobres, Ustedes los ricos, etc., son ya parte de la historia de la
Época de Oro, que vivió México, con otros grandes de la cinematografía.
En efecto, con Pedro Infante, también surgieron grandes intérpretes y principalmente
imitadores que lo tenían como a su ídolo, como el caso de otro entrañable amigo de
México y de muchos yucatecos, Javier Solís, que por su humildad, su tenacidad y por esa
preciosa voz que tenía es quizá uno de los que más se escuchan después de Pedro
Infante y que logró cautivar a todos los románticos de este país. Igualmente, otros
grandes interpretes como el rey de los charros, Antonio Aguilar, quien aún vive. O los
otros que le dieron fama al Cine Mexicano en el género ranchero, Luis Aguilar o en el
ramo femenil, como las grandes de la canción, Lucha Reyes, Lola Beltrán y María del
Lourdes y otros y otras que el público no olvida.
Pedro Infante Cruz que aún sigue vivo, de quien dicen es la voz que bajó del
cielo y quien todavía no hay nadie -a la vista- que se le acerque, tiene seguidores
por todos lados, en todas las capas sociales se le recuerda y se le admira, y en todos los
canales de televisión, pasan sus grandes éxitos cinematográficos. Y por si fuera poco,
en todas las radiodifusoras de América -que suman cientos o miles- oyen diariamente las
canciones del versátil actor, que por cierto una de sus últimas películas la filmó con
la recién desaparecida María Félix, con quien demostró esa calidad de actor, que
incluso, dio cátedra de actuación a la Doña -otro monstruo de la cinematografía
internacional-, en la película Tizoc, aclamada
por todos los públicos.
Dicen que del rayo te escapas o se escapa cualquiera, pero de la raya nadie se escapa y
que para morirse sólo se necesita una circunstancia: estar vivo. Y, en efecto, ese día,
en las primeras horas del lunes 15 de abril, Pedro Infante, empezó a dar carreras para
localizar a quien debía volar el avión carguero a México, de la línea aérea de la que
eran accionistas empresarios yucatecos o con quienes el propio Pedro volaba sus aviones
llevando carga o mercancías que los aviones de TAMSA transportaban -por toda la
Península- hasta llegar a México, D.F., ya que el artista tenía la obligación de
presentarse ante los juzgados -en la capital- porque si no lo hacía, lo meterían a la
cárcel, por una demanda y acusación que pesaba en contra de él, interpuesta por su ex
esposa.
Así fue como subió
al avión en donde daría su última vuelta por Mérida, ya que al enfilarse hacia la ruta
que llevan todos los aviones, la nave carguera, quizá por el exceso de carga o porque
algo falló en sus cálculos, o simplemente por imprudencia, se desplomó el avión, ahí
por el sur de Mérida, donde a los pocos minutos del accidente, ya había miles de
ciudadanos, que lloraban o no daban crédito a la noticia de que entre las víctimas
estaba el gran actor y cantante Pedro Infante Cruz y en donde también -pocos minutos
después- las difusoras ya estaban transmitiendo todo este escándalo que dejó
físicamente a sus fanáticos y seguidores sin su ídolo. Pero como sucede con los grandes
hombres, ese público que lo amó, que lo siguió, que lo hizo ídolo y que hasta hoy es
el primero, lo sigue aclamando, los siguen por medio de las películas que dejó y que
pasa la televisión y sus más de trescientas canciones que grabó y que todo México
canta, para convertirlo en la voz que bajó del cielo y que vive en el
corazón de los mexicanos y que a pesar de los años transcurridos, cada día canta
mejor. Continuará. (F.A.C., Mérida, Yucatán, Méx., abril de 2002).
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