
La gran época: 1938
a 1947
Los
años que siguieron, de 1938 a 1947, fueron los mejores de Séller. Durante ese período,
promedió 23 victorias por temporada, así como 270 ponches. Su lanzamiento rápido estaba
bien vivo y comenzaba a sorprender a todos con su curva; en buenos días era invencible y
en malos días, también era difícil. No había duda: ¡el pitcher número uno!
La Segunda Guerra Mundial limitó su gran época a solamente 6 temporadas completas.
Feller entró a la marina unos días después del ataque japonés a Pear Harbor y no
regresó al Indios hasta una semana después del día de la victoria. Es apasionante
imaginar qué hubiera podido hacer Séller, de haber estado esos cuatro años en el
béisbol.
Mínimo, por una cosa habría pasado: de las 300 victorias, muy posiblemente a 350. Hasta
pudo haber mejorado los 3,508 ponches del gran Walter Johnson en su carrera.
Regresó al béisbol, en 1948, mejor que nunca. Ganó 26 juegos para un Indios de
Cleveland bastante mediocre y su promedio en carreras limpias fue un fantástico 2.18.
Lanzó 36 juegos completos y estableció la gran marca de 348 ponches.
No jit, no run ante
los Yanquis.
Su
gran hazaña, una tarde de abril, el día 30 para más exactitud, en el estadio de los
Yanquis cuando dejó sin jit ni carrera a los potentes y famosos bombardeos del Bronx; ese
Tim de los Yanquis, tenía a tipos tan formidables como Joe Di Maggio, King Kong Keller,
Tommy Henrich, Joe Gordon, Phil Rizzuto y Bill Dickey. Pero Feller no aceptó un solo jit
para triunfar por 1-0 cuando su cátcher Frank Hayes bateó jonrón, en la parte alta de
la novena entrada.
Ese fue el segundo de los tres juegos sin jit que lanzó.
Para cuando terminó la temporada de 1946, Feller debutó como promotor armando una gran
gira en que incluyó a otros famosos peloteros de las Ligas Mayores, como Stan Musial, S.
Chandler, Bob Lenon, Mickey Vernon, así como el famoso pítcher de la Liga, De Color
Satchel Paige. Feller ganó 50,000 dólares por esa exhibición, pero fue entonces que las
Ligas Mayores ofendidas posiblemente al pensar que el capitalismo en el deporte solo
debía ser realizado por ellos, reglamentaron esas experiencias de fin de temporada.
El hombre serio y
responsable
Feller
comenzó en gran forma la temporada de 1947, pero entonces sufría una lesión, otro punto
decisivo en su carrera.
Un juego nocturno, en Filadelfia, es recordado por él. Había ponchado a 9 de los
primeros 10 bateadores a los que se enfrentó.
Sentía la pelota como una canica, dice hoy Séller. Así de bien me sentía, pero al
ponchar al décimo bateador Barney McCoskey resbalé en el montículo, me lastimé la
rodilla y también el hombro derecho, donde se originó un depósito de calcio. Estuve
fuera de circulación por unas semanas, pero la verdad es que desde aquella noche nunca
más llegué a tener un lanzamiento tan rápido ni tan buena curva.
Debido a ello tuvo que adaptarse a un nuevo sistema. Antes solamente se había preocupado
en tirar a home con la mayor velocidad que pudiera. Ahora comenzó a tirar a las esquinas,
a pitchear en los puntos débiles de los bateadores.
También estaba madurando en otros aspectos como en su carácter. Al principio tuvo
problemas por sus bromas de niño, como regalar cigarros que explotaban o un libro que al
abrirlo daba corriente eléctrica, Feller al mismo tiempo que descubrió el slider por
esos años, encontró también su nueva personalidad; fue un gran compañero y supo
emplear el dinero y desde esos años comenzó a comprar aviones que él mismo piloteaba.
Dos incidentes cambiaron el carácter de Feller. Primero, la muerte de su padre, su gran
amigo en el año de 1943. Luego, su boda con Virginia Whinter y los hijos del matrimonio;
Feller comenzó a ser un calmado, todo responsabilidad.
La Serie Mundial de
1948
Feller
mantuvo su condición física de manera perfecta, siempre con un cuerpo excelente para el
deporte, que lo mejoró a través de los años, practicando la calistenia y los
ejercicios, que se hicieron famosos con Charles Atlas.
El nuevo Bob Feller ganó 20 juegos en 1947 y en 1948, cuando el Indios ganó el
campeonato, contribuyo con 19 triunfos, ganó 7 de sus últimos 8 partidos, precisamente
en la recta final.
Fue elegido para lanzar el primer juego de la Serie Mundial contra los Bravos de Boston.
Al entrar al cierre del octavo fue un duelo de ceros contra Sonny Sain. Hasta ese momento
Feller solo había aceptado un jit.
Bill Sacked comenzó bateando por Bravos, el cierre del octavo, y recibió base; Phil Masi
corrió por él y avanzó a segunda en sacrificio. Hubo base intencional a Stanky, para
trabajar al pítcher Sain.
Durante todo ese año El shorstop y mánager Lou Boudreau, había perfeccionado con Feller
y los demás pítchers del tim, la jugada de sorprender a corredores fuera de segunda. La
pusieron en juego y Boudreau sacó aut a Masi, por un buen trecho. Sin embargo, el umpire
Bill Stewart declaró quieto.
Sain elevó para el segundo aut, pero Tommy Holmes conectó un sencillo que empujó la
única carrera del juego.
Feller perdió el juego 1 x 0 y el único consuelo fue saber al día siguiente por las
fotos que Masi había sido fuera en la segunda. Feller lanzó también el quinto juego de
esa Serie Mundial, pero los Bravos le ganaron 11-8, con Bob Elliot conectando 2 jonrones.
En el Salón de la
Fama
En
1949 bajó su récord a 15-14 y en 1950 a 16 victorias x 11 descalabros; pareciera que sus
buenos años quedaban atrás, pero agarró su segundo aire y sorprendió a los críticos y
en 1951 se agenció la cantidad de 22 victorias y como si fuera poco, el 1º de julio -de
ese mismo año- lanzó su tercer juego (sin jit ni carrera).
Sus 5 años siguientes de 1952 a 1956, fueron para Feller el viaje para la falda de la
colina. En ese período, solamente se apuntó 41 victorias. En 1954, tuvo breves momentos
de gloria al trabajar al lado de Bob Lenon (q.e.p.d.), Early Wyn (q.e.p.d.) y Mike García
(q.e.p.d.) y ayudar a los Indios a conquistar el campeonato.
Tuvo un récord de 13-3 (demasiado bueno), pero nunca vio acción en la Serie Mundial.
Durante los últimos
años de Feller en el béisbol, fue el representante de todos los peloteros y luchó
intensamente para lograr el sistema de pensiones para todos los jugadores en la vejez. En
1956 llegó el momento de decir adiós; había perdido 4 juegos cuando comprendió que
debía decir adiós, todo se terminó, pero allá queda su trayectoria dentro del
Rey de los Deportes.
Para
1962, Bob Feller y Jackie Robinson (q.e.p.d.), dos grandes peloteros en su época fueron
elegidos para ser miembros del Salón de la Fama.
Y el día en que Feller hizo su entrada al gran templo de los inmortales, lucía como en
sus mejores años, con el pelo lacio bien peinado hacia atrás, con su cuerpo conservando
arrogancia y distinción. Agradeció a todos esa distinción.
Cómo agradecieron los fanáticos, a Bob Séller, los momentos inolvidables que les dio.
Indudablemente fue el pítcher más veloz que jamás haya existido, incluyendo a Walter
Johnson y el gran Sandy Koufax. (J.A.G.M., Mérida, Yucatán, Méx., abril de 2002).
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