Tengo
por costumbre, en las reuniones de amigos, pedir opiniones sobre la forma de gobierno
mexicano concentrada en el presidencialismo, y casi todos concuerdan con que en nuestro
país siempre hemos tenido una rara mezcla de intolerancia política, con impunidad y
corrupción, dentro de un marco jurídico, que antes no permitía hablar de una
democracia aparente y ahora renovó el término y con nuevos bríos por la
llegada del partido blanquiazul al poder ejecutivo y, se llama, creo, cambio.
Hacia
dónde, nos preguntamos hoy en día los connacionales, para atrás, adelante, en medio o
rumbo a un mosaico ideológico de izquierda o a la derecha; la realidad es que nos parece
que nos encontramos los mexicanos en un helicóptero que está sin dirección, dando
vueltas en una turbulencia, sin brújula; la máquina por apagarse y todavía desconocemos
si va a caerse el aparato o a despegar nuevamente hacia su destino final, llevándonos a
un espacio seguro y próspero.
Muchos
líderes mundiales han querido conocer y estudiar el fenómeno de la fuerza del ejecutivo
federal en México, Charles de Gaulle, se maravillaba del término conocido como
permeabilidad desde la base; Salvador Allende lo calificaba como
bonapartista, pues lo describió un movimiento de péndulo que en ocasiones
favorecía y fortalecía a la burguesía y otras veces al proletariado, pero entre todos
ellos sobresalió Pablo Neruda, quien escribió en los años 80 que en México... el
presidente era un emperador azteca, mil veces más intocable que la familia real de
Inglaterra y que ningún periódico, ni el broma ni en serio, podría criticar al excelso
funcionario sin recibir de inmediato un golpe mortífero.
Pero
dejemos los recuerdos, y vayamos de regreso a la realidad, donde -por su parte- los
encargados del gabinete presidencial actual constantemente caen en contradicciones. Uno de
estos, el secretario de la Contraloría, Francisco Barrio Terrazas, quien a raíz de dar a
conocer dos casos de corrupción como la acusación del diputado Carlos Romero Deschamps y
al senador Ricardo Aldana Prieto ambos dirigentes del sindicato de petroleros
por el presunto desvío de $1,100 millones de pesos para financiar la campaña de
Francisco Labastida Ochoa, hace casi dos años.
Y,
ahora el mismo funcionario descubre que el ex presidente nacional del Partido
Revolucionario Institucional, Gustavo Carvajal Moreno, se llevó $11.2 millones de pesos
en los tiempos que fuera director de Caminos y Puentes Federales, de 1998 al 2000, ello
durante la administración de Zedillo.
Y,
a raíz de lo anterior, la dirigencia del partido tricolor con razón o sin ella, sale a
defender a sus militantes y afirma que podría iniciarse un juicio político al contralor
Barrio Terrazas, por el delito de violaciones graves y sistemáticas al régimen
constitucional de respeto a las garantías individuales.
Pero
lo que a nosotros nos llama la atención son los tiempos para descubrir los presuntos
faltantes a estos servicios públicos. Primero, el asunto de PEMEX se da a conocer a la
mitad del proceso interno cuando el PRI iba a escoger a su dirigencia nacional y una de
las fórmulas, la encabezaba por Madrazo y Gordillo, eran las favoritas de los altos
círculos del poder nacional, y la otra, la extraña investigación, se da dos días
después de que el priísta Carvajal Moreno, quien preside la Comisión de Relaciones
Exteriores de la Cámara de Diputados, convocó a los legisladores a solicitar una
explicación de parte del Ejecutivo federal y su canciller, el otro funcionario
presidencial incómodo sobre los hechos vergonzosos que hicieron salir al presidente
cubano Fidel Castro de la reunión de globalifóbicos realizada hace pocas
semanas en la ciudad de Monterrey. Sin duda, ambos casos de irregular coincidencia.
Por
lo mismo, finalmente una reflexión para quienes integran el nuevo gobierno: no son
tiempos de utilizar sus órganos de fiscalización para venganzas o revanchas contra sus
enemigos políticos o los miembros de oposición, sean de cualesquiera instituto
político, porque la respuesta será contundente y peligrosa para la sociedad civil, que
ustedes representan y se podría caer en la descomposición social, desconfianza y falta
de gobernabilidad en el país.
Nadie
bien nacido cree en la impunidad; si los dirigentes petroleros y Carvajal Moreno son
encontrados culpables de haberse llevado, dinero del pueblo, en tiempo y forma con el
procedimiento judicial adecuado, métanlos en la cárcel lo más pronto posible, pero
recuerden que nadie es perfecto; observen los errores que han cometido sus mismos
correligionarios de partido, como el reciente caso de corrupción y crimen cometido contra
María de los Ángeles Tamez, regidora panista de Atizapán, en el Estado de México,
donde están involucrados funcionarios emanados del partido en el poder; pues de no
hacerlo dos escenarios podrían presentarse: o que el PRI, PRD, u otros partidos
políticos pequeños podrían capitalizar sus errores y empezarían a dilapidar simpatías
entre los mexicanos, o lo que es peor, se arriesgan a perder el control legislativo y
después la presidencia en el 2006 y entonces se aplicará drásticamente la ley no
escrita de que... con la vara que mides, serás medido. (J.I.G.B., Mérida,
Yucatán, Méx., abril de 2002). |