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Cuando
recién Fidel Castro habló en
Monterrey de que se ausentaría de inmediato
por razones que no manifestaría, sabía
que tenía un as bajo la manga, con
el único motivo de tratar de chantajear
al presidente Fox a la hora de votar en Ginebra,
para que una delegación de la ONU vaya
a Cuba a ver que se respeten LOS DERECHOS
HUMANOS en la Isla.
Tanto el presidente Vicente Fox como el canciller
Jorge Castañeda, demócratas
los dos, sabían que el voto de México
tenía que ser a favor de que México
se erija en Ginebra tal cual: demócrata
y exigente de que se respeten los derechos
humanos de toda la humanidad y en especial
la del pobre pueblo cubano, porque más
del 50% de los mexicanos le dimos nuestro
voto en julio del 2000.
Tengo muchos amigos cubanos, he participado
para ayudar a docenas de ellos de manera indirecta,
tanto para enviar alimentos, medicinas, ropa
y otros enseres indispensables y difícil
de conseguir para ellos, como para recibir
mensajes y haré todo lo que esté
de mi parte para continuar ayudándolos.
Hace poco más de 10 años, recibí
una invitación -como director de la
revista Mayaways, publicación que promovía
La Ruta Maya y el Caribe Mexicano- de parte
del Consulado Cubano en Mérida, para
asistir a un evento turístico tipo
nuestro Tianguis de Acapulco. No asistí
porque a pesar de tener amigos y conocidos
en La Habana, me resistía a ir a un
país que no respeta el mínimo
de las garantías individuales, que
tenía a un dictador, que se jactaba
de que su pueblo estaba en buenas condiciones.
Y todos los cubanos, con los que había
platicado, me decían que Cuba era un
infierno, que ojalá pronto Fidel Castro
pasara a mejor vida y que se instalara un
régimen de derecho, democrático
con las más amplias garantías
para su superación económica,
social y cultural, libre; sí, libre
para que podamos platicar con cualquiera de
nuestros vecinos -a cualquier hora- y donde
fuera, sin la presión y el miedo de
no saber que probablemente con quien estás
platicando sea un informador del régimen
esclavista y aterrador de Fidel Castro.
Nunca sabrás si tu consorte, tu hermano(a),
vecino(a), compañero(a) de trabajo,
amigo(a), colega profesionista o deportista,
por nombrar sólo unos cuantos, es un
agente del gobierno cubano, listo para denunciarte
si tú mencionaras alguna palabra o
mantuvieras una conversación, que los
susodichos interpretaran que eres un "antisocial",
y por consiguiente, enemigo del régimen
castrista, que durante los últimos
42 años, ha dañado la salud
social del pueblo cubano bullanguero y alegre,
único en el Caribe y la América
Latina, con quién Yucatán tiene
gran afinidad y herencia cultural.
Cuando Fidel Castro anuncia, en Monterrey,
que se va por las presiones que había
recibido, nunca nos imaginamos los mexicanos
que todo se desarrolló de una plática
privada y personal entre los dos mandatarios
y en la que nuestro presidente, Vicente Fox,
con toda decencia le dice a Fidel, las condiciones
que prevalecerán en su visita a México.
Casi me atrevo a asegurar que en el viaje
del presidente Fox a Cuba, semanas antes,
el tema del viaje de Fidel fue tratado en
privado, y que la llamada fue solamente para
asegurarse de que Fidel respetaría
las condiciones pactadas y "no se saldría
del huacal". Nuestro presidente se equivocó,
al tratar con dictadores ladinos que no respetan
a su pueblo en ningún sentido y en
ningún derecho, por lo tanto, tenía
todas las posibilidades de que no respetaría
su palabra -como sucedió- y mucho menos
ningún acuerdo verbal o escrito. Fidel
demostró una vez más su falta
de ética e integridad moral, si es
que tuviese alguna.
En las entrevistas que le hicieron a Jorge
Castañeda por los más diversos
medios para saber sobre qué acuerdos
hubieron para que viniera Castro, de manera
categórica dice que ninguno. De hecho
cuando el canciller Castañeda, dice
-el día 21 de marzo- que se le acabaron
los sinónimos para decir que nadie
había en los EE. UU presionado al gobierno
mexicano o insinuado que Fidel Castro, no
viniera a México, estaba en lo cierto,
seguramente ni el propio Castañeda
estaba enterado de la conversación
que Fidel tuvo con el presidente Fox.
En todos los países del mundo, cuando
surge una polémica que puede afectar
las relaciones diplomáticas entre dos
naciones, todo el pueblo cierra filas en torno
a su presidente, indistintamente del aspecto
ideológico.
Todo buen mexicano debe de considerar la
postura que Fidel y sus funcionarios han establecido
que es la de burlarse de nuestro presidente.
En lo personal convoco a todo el pueblo de
México, sobre todo si votó por
Vicente Fox Quesada, para protestar de una
manera simple y sencilla: no viajar a Cuba,
y eso no es hacerle daño al pueblo
cubano. El turismo mexicano que va a Cuba
es la segunda corriente de visitantes que
derraman millones de pesos anualmente. Ojalá
tengamos los tamaños para protestar
contra las agresiones de dictadores que quieren
inmiscuirse en nuestra política interna.
Demasiado tolerantes fuimos, durante muchos
años, donde la simulación de
nuestros ex presidentes y la presión
interna de Gobernación prevaleció
por sobre nuestros principios y valores de
libertad, justicia y democracia.
Esperamos, que en México, los legisladores,
que insisten en ofender a nuestro presidente,
sean recordados -como se merecen- por los
ciudadanos y de qué partido son, a
la hora de emitir su voto, en julio del 2003.
Así funciona la democracia.
Fidel Castro Ruz es un malagradecido. Todo
lo que los mexicanos hemos hecho por él
y su pueblo lo ha olvidado. Los pasos en la
azotea que escucha de parte de los ciudadanos
disidentes, no lo dejan dormir. No está
lejano el día en que el pueblo -cansado
de sus ofensas- se levante, sin armas, para
destituirlo. Comentarios: felix_rv13@hotmail.com
(F.A.R.V., Mérida, Yucatán,
Méx., abril de 2002).
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