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En boca de cualquier mexicano, la preocupación es la misma:
no alcanza, no da, no hay...
¿Cuál es el meollo del asunto?
nos preguntaríamos y la inmediata respuesta
es, sin duda, la pobreza, extrema en muchas
partes de nuestro Estado.
Pero no sólo pobreza económica,
sino también pobreza de programas gubernamentales,
pobreza de iniciativa, pobreza en la toma
de decisiones alejadas de lo político
y encaminadas verdaderamente a un beneficio
social.
La pobreza es por definición técnica,
el resultado de múltiples y complejas
fuerzas demográficas, económicas,
sociológicas y políticas, que
actúan de manera multifactorial en
la sociedad y la determinan.
Son multifactoriales los aspectos que causan
la pobreza, pero son tres cuestiones generales
que inciden directamente: el ritmo de crecimiento
de la población, el ritmo de crecimiento
económico y la forma como se distribuyen
los ingresos de los hogares.
¿Cómo erradicar la pobreza?
Los economistas saben la fórmula: alcanzar
las máximas tasas de crecimiento económico
posibles y que éste sea sostenido y
sin interrupciones, por largos períodos
de tiempo, digamos, cinco años y que
a la par se aumenten los ingresos reales de
la población, generar más y
mejores empleos y tener una productividad
laboral efectiva.
Esa sería la fórmula, pero
el problema no es el "qué hacer",
sino el "cómo hacerlo".
De acuerdo a proyecciones del Consejo Nacional
de Población son varios los posibles
escenarios que se podrían presentar
en un futuro a mediano plazo en México,
esto dependiendo de los crecimientos de los
salarios reales y del empleo. La disminución
de la pobreza dependerá del crecimiento
del ingreso per cápita.
Algunas estimaciones indican que de los 117.5
millones de personas que se espera habitarían
en México en el año 2015, el
72.6 por ciento se encontraría en una
situación de pobreza (85.3 millones
de personas); esto es, se habría reducido
en un siete por ciento -en términos
relativos-, pero acrecentado en cerca de doce
millones de personas, en términos absolutos.
Bajo un escenario como éste y bajo
los supuestos en que se basan las proyecciones,
de continuarse las tendencias recientes, México
seguiría siendo un país abrumadoramente
pobre y, lo que es peor, con indicadores muy
elevados de pobreza extrema, ya que más
de 30 por ciento de la población (40
millones de personas) no estaría en
condiciones de adquirir los bienes alimenticios
esenciales contenidos por la Canasta Submínima.
Bajo otro escenario, otra probabilidad de
crecimiento realista, la incidencia relativa
de la pobreza se vería mayormente disminuida
hacia el año 2015, ya que, del casi
80 por ciento que se registra en la actualidad,
ésta se habría reducido a poco
menos de 63; sin embargo, en términos
absolutos, una cantidad de mexicanos igual
a la actual (73.5 millones ), permanecería
en condiciones de pobreza, y de ellos, cerca
de 27 millones (nueve millones de personas
menos que en la actualidad) permanecerían
en condiciones de pobreza extrema, cifra que
representaría 22.6 por ciento de la
población total del país para
ese año.
El alivio de la pobreza, sin embargo, sería
considerablemente mayor si se materializa
otro escenario posible, en el cual se proyecta
que la población -en condiciones de
pobreza- se reduciría a poco menos
de 60 millones de personas, es decir, la mitad
de los 118 millones de población que
se esperarían para el 2015. Los mayores
avances se referirían a la población
en pobreza extrema, que sólo representaría
16 por ciento de la población nacional,
esto es, menos de 19 millones de personas.
A pesar de los avances, en el combate a la
pobreza, cabe reflexionar que este escenario
implicaría una tasa de crecimiento
económico cercana a cinco por ciento
medio anual, que de mantenerse de manera sistemática
e ininterrumpida, por más de tres décadas,
dejaría saldos, aunque disminuidos,
de altas proporciones absoluta de pobres,
lo que podría sugerir que para que
el país eliminase esta lacra social
se requerirán, o de mayores tasas de
crecimiento (posiblemente inalcanzables en
la práctica), o de un horizonte temporal
todavía mayor que el aquí supuesto,
quizás a partir de la década
que inicia en 2040, período en que
CONAPO prevé el comienzo de la reducción
absoluta de la población mexicana.
En términos regionales, sin embargo,
hay probabilidades de condiciones de pobreza
significativas para las regiones más
atrasadas. Por ejemplo, la región 10,
que abarca el Pacífico Sur, registraría
para el año 2015 más de la mitad
de su población en condiciones de pobreza
extrema; y las regiones centrales registrarían
índices de este tipo de pobreza superiores
a 20 por ciento. Sólo la región
1, Capital y la 2, Golfo Norte y 3, Norte
alcanzarían incidencias de pobreza
extrema menores del diez por ciento.
En términos de población pobre,
las regiones del Sureste, Yucatán y
estados aledaños, continuarían
siendo abrumadoramente pobres, con más
de 80 por ciento de su población, en
condiciones de pobreza, y porcentajes cercanos
o mayores a 30 por ciento se registrarían,
en todas las demás regiones del país,
excepto la Norte.
En resumen, considerado, desde la óptica
actual, todo parece indicar que la erradicación
de la pobreza en México se encuentra
todavía lejana; será necesario
tratar de alcanzar las máximas tasas
de crecimiento económico posibles;
que éste sea sostenido e ininterrumpido,
y que, a la par que acrecienta los ingresos
reales de la población, genere el mayor
número de puestos remunerados consistente
con el crecimiento sostenido de la productividad
laboral.
Aún en un escenario tan favorable
como ese, el abatimiento de la pobreza sería
parcial y continuarían presentándose
serios desbalances regionales que reclaman
de la atención gubernamental para abatirlos
a mediano y largo plazos, a través
de una política de descentralización
económica que saque del atraso a regiones
secularmente rezagadas como la compuesta por
las entidades de Chiapas, Guerrero y Oaxaca.
Un proceso exitoso de alivio de la pobreza
reclama de una activa y efectiva política
social, que, además de atender a los
grupos más vulnerables de la población,
ofrezca condiciones adecuadas de salud y educación
de calidad a los estratos inferiores y medios
de la población, que les permita mejorar
su productividad y sus ingresos. Reclama,
en síntesis, de una nueva estrategia
de desarrollo, en donde el abatimiento de
la pobreza forme parte de los objetivos centrales
del crecimiento.
México reclama de un acelerado crecimiento
económico y de un proceso gradual de
redistribución del ingreso de los hogares,
para comenzar a revertir las más lacerantes
desigualdades y condiciones de pobreza que
nos caracterizan en la actualidad.
Se requiere acelerar el proceso de acumulación
de capital a tasas mayores que las históricas
de las últimas dos décadas.
Se reclama iniciar el crecimiento del mercado
interno a través del aumento paulatino
de los salarios reales, basado en crecimientos
paralelos de productividad laboral y productividad
total de los factores.
Es necesaria una política social activa
que beneficie con empleo y con instituciones
de salud y educación a los hogares
de los estratos medios y bajos de la escala
distributiva, para que se les permita acrecentar
sus ingresos, en el mediano plazo. Se requiere
de una nueva estrategia de desarrollo, en
donde el abatimiento de la pobreza forme parte
de los objetivos del crecimiento. (E.M., Mérida,
Yuc. Méx. abril del 2002).
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