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Mérida, Yucatán, México

Edición 654 del viernes 03 de Mayo de 2002

Semanario de Información y Análisis Político

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Ramón Mendoza Novelo, defensor vitalicio del patrimonio cultural de la Sultana de Oriente

Por Jorge Contreras

¿Quién es realmente este personaje combativo que ha dado de qué hablar, durante los últimos tiempos en Valladolid?

Ramón Mendoza Novelo, es un personaje combativo y gran defensor del patrimonio cultural de Valladolid, la Sultana de Oriente.

Mendoza Novelo es una persona muy sensible que sufre en carne propia cuando son destruidas o modificados los edificios prehispánicos de su querida Valladolid y cuestiona al INAH, diciendo que hasta cuándo intervendrá para sancionar a los destructores del patrimonio cultural de los vallisoletanos.

Entre otras cosas se pregunta: ¿dónde quedó la campana grande, con aleaciones de oro y níquel, que pendía del campanario de la catedral de San Servacio? ¿Dónde quedó la caldera histórica que perteneció a la primera planta eléctrica de Valladolid? ¿Cuándo devolverán la estatua de La Mestiza del parque principal "Francisco Cantón Rosado? Pero estas preguntas quedan al aire, sin que autoridad alguna pueda contestarlas.

Sentado en su mesa favorita, en su rincón bohemio del restaurante "El Parque", donde pasa largas horas rodeado de sus amigos, el defensor del patrimonio cultural vallisoletano, dando un largo sorbo a su café humeante expresó al representante de La Revista Peninsular en Valladolid que defenderá -hasta con su propia vida- los vestigios culturales e históricos de la antigua Zací, ya que es la única razón de su estadía en estas tierras del Mayab, pues como artista del pincel, le han brindado grandes oportunidades de trabajo fuera de su tierra, pero no las acepta, porque ama a Valladolid.

El pintor vallisoletano ha sido, desde los años 70, él más férreo y único defensor de estos edificios del siglo XVI y XVII y aunque ha sido causa de los berrinches de más de cinco alcaldes vallisoletanos, que han dado su anuencia para modificar y alterar -de alguna forma- la arquitectura colonial de las fachadas, continúa con su lucha, con sus denuncias públicas, como celoso guardián de estas joyas prehispánicas, que son admiradas por miles de turistas de diferentes partes del globo y desea que sean orgullo de ésta y futuras generaciones de vallisoletanos.

El defensor vitalicio, con el coraje que lo caracteriza, denunció a La Revista Peninsular, la destrucción masiva de la cultura de Zací y expresó su desilusión y tristeza, por la apatía e irresponsabilidad de las autoridades municipales anteriores y actuales. Me pregunto, dijo: cómo es posible que las autoridades no le presten un poco de atención al Centro Histórico, al primer cuadro de la ciudad, donde se puede ver las alcantarillas llenas de basura y lodo, que es la primera impresión de los visitantes, la casona colonial, de la calle 40 x 41 y 43 que fue modificada, construyendo en este edificio colonial del siglo XVI, una cochera que hace gestos con el estilo hispánico del edificio.

Recordó que en la anterior administración municipal, del Lic. Miguel Ángel Díaz Alcocer, se logró la intervención del INAH, dependencia que suspendió las obras al vapor que se realizaban en la parroquia "Refugio de Pecadores", del barrio de San Juan.

Con la seguridad que le da su verdad, Mendoza Novelo señaló -con el dedo índice- a los destructores de casonas coloniales de incalculable valor cultural, como la que se encontraba sobre la calle 42 x 41 y 43, donde se construyó el hotel "San Clemente", ya que en esa casona -que fue destruida- juzgaron a los héroes de la Guerra de Castas; otra casona del siglo XVI, que también fue destruida, se encontraba sobre la calle 42 x 39 y 41, donde ahora se encuentra el hotel "María de la luz" y fue donde vivió el fundador de Valladolid, Francisco de Montejo "El Sobrino", edificios que consideró de "arepa", comparado con la majestuosidad, durabilidad y grandeza de las joyas culturales, que se destruyeron, y con esto, se fue parte de la historia y la cultura de nuestra querida Zací, pues cuando a veces nos preguntan -los visitantes- dónde vivió el fundador de Valladolid, nos entristece decir que donde está ese hotel, cuando ellos esperan ver una casona colonial, ya que por eso nos visitan.

Denunció, asimismo, la destrucción de la fachada de la casona colonial de la calle 41 x 44 y 46, donde ahora se encuentra una panadería en la cual colocaron puertas modernistas; la fachada de la casona de la calle 44 x 41 y 43, que le colocaron puertas metálicas, que no tienen nada qué ver con lo colonial; la fachada de la casa de la Familia Aguilar Novelo, ubicada en la calle 40 x 45 y 47, donde de construyó una cochera que afea el edificio del siglo XVI; la barda colonial, propiedad de la familia Centurión, ubicada en la calle 41-A; de la calzada de los Frailes, que fue modificada con la anuencia de la autoridad en turno; la casa del ilustre vallisoletano Aureliano Centeno, ubicada sobre la calle 41 x 48 y 50, que fue modificada interior y exteriormente, para instalar una licorería, propiedad del actual regidor de Policía, Lic. Joaquín Rivero Centeno; las modificaciones y alteraciones que se han hecho en el ex convento San Bernandino de Siena, en el barrio de Sisal.

Estos son solamente un pequeño recuento de los daños que ha sufrido el patrimonio cultural de los vallisoletanos, por lo que me pregunto, resaltó, hasta cuándo intervendrán las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia, para sancionar a los directores de obras públicas del municipio, que por intereses monetarios otorgan anuencias para modificar y alterar las fachadas de estas joyas patrimoniales; a las autoridades y a las personas que están destruyendo -sin ton ni son- estos vestigios históricos, que no reverdecen y de los que solamente queda un 20%.

Subrayó que se han multiplicado los carteles publicitarios -tipo bandera- que son fijados con clavos en las paredes de las fachadas de las casonas coloniales dañando su estructura. Por último, dijo: a mi amigo Roger Alcocer García, alcalde de Valladolid, le pido rectificar su posición y si quiere a Valladolid como yo, que gire instrucciones para frenar esta destrucción masiva del patrimonio de los vallisoletanos. Es necesario montar vigilancia y sancionar -con fuertes multas- a quienes insistan en dañar las fachadas, clavando sus carteles publicitarios, sin pensar en el daño que hacen a nuestros edificios históricos. (Valladolid, Yucatán, Méx., mayo de 2002).


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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