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¿Quién es realmente
este personaje combativo que ha dado de qué
hablar, durante los últimos tiempos
en Valladolid?
Ramón Mendoza Novelo, es un personaje
combativo y gran defensor del patrimonio cultural
de Valladolid, la Sultana de Oriente.
Mendoza Novelo es una persona muy sensible
que sufre en carne propia cuando son destruidas
o modificados los edificios prehispánicos
de su querida Valladolid y cuestiona al INAH,
diciendo que hasta cuándo intervendrá
para sancionar a los destructores del patrimonio
cultural de los vallisoletanos.
Entre otras cosas se pregunta: ¿dónde
quedó la campana grande, con aleaciones
de oro y níquel, que pendía
del campanario de la catedral de San Servacio?
¿Dónde quedó la caldera
histórica que perteneció a la
primera planta eléctrica de Valladolid?
¿Cuándo devolverán la
estatua de La Mestiza del parque principal
"Francisco Cantón Rosado? Pero
estas preguntas quedan al aire, sin que autoridad
alguna pueda contestarlas.
Sentado en su mesa favorita, en su rincón
bohemio del restaurante "El Parque",
donde pasa largas horas rodeado de sus amigos,
el defensor del patrimonio cultural vallisoletano,
dando un largo sorbo a su café humeante
expresó al representante de La Revista
Peninsular en Valladolid que defenderá
-hasta con su propia vida- los vestigios culturales
e históricos de la antigua Zací,
ya que es la única razón de
su estadía en estas tierras del Mayab,
pues como artista del pincel, le han brindado
grandes oportunidades de trabajo fuera de
su tierra, pero no las acepta, porque ama
a Valladolid.
El pintor vallisoletano ha sido, desde los
años 70, él más férreo
y único defensor de estos edificios
del siglo XVI y XVII y aunque ha sido causa
de los berrinches de más de cinco alcaldes
vallisoletanos, que han dado su anuencia para
modificar y alterar -de alguna forma- la arquitectura
colonial de las fachadas, continúa
con su lucha, con sus denuncias públicas,
como celoso guardián de estas joyas
prehispánicas, que son admiradas por
miles de turistas de diferentes partes del
globo y desea que sean orgullo de ésta
y futuras generaciones de vallisoletanos.
El defensor vitalicio, con el coraje que
lo caracteriza, denunció a La Revista
Peninsular, la destrucción masiva de
la cultura de Zací y expresó
su desilusión y tristeza, por la apatía
e irresponsabilidad de las autoridades municipales
anteriores y actuales. Me pregunto, dijo:
cómo es posible que las autoridades
no le presten un poco de atención al
Centro Histórico, al primer cuadro
de la ciudad, donde se puede ver las alcantarillas
llenas de basura y lodo, que es la primera
impresión de los visitantes, la casona
colonial, de la calle 40 x 41 y 43 que fue
modificada, construyendo en este edificio
colonial del siglo XVI, una cochera que hace
gestos con el estilo hispánico del
edificio.
Recordó que en la anterior administración
municipal, del Lic. Miguel Ángel Díaz
Alcocer, se logró la intervención
del INAH, dependencia que suspendió
las obras al vapor que se realizaban en la
parroquia "Refugio de Pecadores",
del barrio de San Juan.
Con la seguridad que le da su verdad, Mendoza
Novelo señaló -con el dedo índice-
a los destructores de casonas coloniales de
incalculable valor cultural, como la que se
encontraba sobre la calle 42 x 41 y 43, donde
se construyó el hotel "San Clemente",
ya que en esa casona -que fue destruida- juzgaron
a los héroes de la Guerra de Castas;
otra casona del siglo XVI, que también
fue destruida, se encontraba sobre la calle
42 x 39 y 41, donde ahora se encuentra el
hotel "María de la luz" y
fue donde vivió el fundador de Valladolid,
Francisco de Montejo "El Sobrino",
edificios que consideró de "arepa",
comparado con la majestuosidad, durabilidad
y grandeza de las joyas culturales, que se
destruyeron, y con esto, se fue parte de la
historia y la cultura de nuestra querida Zací,
pues cuando a veces nos preguntan -los visitantes-
dónde vivió el fundador de Valladolid,
nos entristece decir que donde está
ese hotel, cuando ellos esperan ver una casona
colonial, ya que por eso nos visitan.
Denunció, asimismo, la destrucción
de la fachada de la casona colonial de la
calle 41 x 44 y 46, donde ahora se encuentra
una panadería en la cual colocaron
puertas modernistas; la fachada de la casona
de la calle 44 x 41 y 43, que le colocaron
puertas metálicas, que no tienen nada
qué ver con lo colonial; la fachada
de la casa de la Familia Aguilar Novelo, ubicada
en la calle 40 x 45 y 47, donde de construyó
una cochera que afea el edificio del siglo
XVI; la barda colonial, propiedad de la familia
Centurión, ubicada en la calle 41-A;
de la calzada de los Frailes, que fue modificada
con la anuencia de la autoridad en turno;
la casa del ilustre vallisoletano Aureliano
Centeno, ubicada sobre la calle 41 x 48 y
50, que fue modificada interior y exteriormente,
para instalar una licorería, propiedad
del actual regidor de Policía, Lic.
Joaquín Rivero Centeno; las modificaciones
y alteraciones que se han hecho en el ex convento
San Bernandino de Siena, en el barrio de Sisal.
Estos son solamente un pequeño recuento
de los daños que ha sufrido el patrimonio
cultural de los vallisoletanos, por lo que
me pregunto, resaltó, hasta cuándo
intervendrán las autoridades del Instituto
Nacional de Antropología e Historia,
para sancionar a los directores de obras públicas
del municipio, que por intereses monetarios
otorgan anuencias para modificar y alterar
las fachadas de estas joyas patrimoniales;
a las autoridades y a las personas que están
destruyendo -sin ton ni son- estos vestigios
históricos, que no reverdecen y de
los que solamente queda un 20%.
Subrayó que se han multiplicado los
carteles publicitarios -tipo bandera- que
son fijados con clavos en las paredes de las
fachadas de las casonas coloniales dañando
su estructura. Por último, dijo: a
mi amigo Roger Alcocer García, alcalde
de Valladolid, le pido rectificar su posición
y si quiere a Valladolid como yo, que gire
instrucciones para frenar esta destrucción
masiva del patrimonio de los vallisoletanos.
Es necesario montar vigilancia y sancionar
-con fuertes multas- a quienes insistan en
dañar las fachadas, clavando sus carteles
publicitarios, sin pensar en el daño
que hacen a nuestros edificios históricos.
(Valladolid, Yucatán, Méx.,
mayo de 2002).
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