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Mérida, Yucatán, México

Edición 654 del viernes 03 de Mayo de 2002

Semanario de Información y Análisis Político

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La diatriba europea

Por Carlos Castillo

Las señales del ascenso de la extrema derecha al poder en Europa fueron sucediéndose una tras otra en distintos países de la Unión. En su momento, las victorias de partidos nacionalistas fueron alarmantes, pero el eco no fue suficiente como para provocar una reacción que hiciese reaccionar a los diversos grupos de la izquierda o de la derecha moderada, hoy por hoy, de frente a situaciones que corren el riesgo de convertirse en extremismos de la más pura usanza fascista. Quizá el mote pueda ser exagerado, sin embargo, el discurso que poco a poco comienza a expandirse en varias naciones europeas posee similitudes notables con los que devinieron en las dictaduras y los regímenes totalitarios que más daño causaron al siglo XX: el fascismo, el nazismo y el comunismo.

La primera señal, proveniente de la voluntad popular, ocurrió en Austria, cuando en febrero de 2000 el ultraderechista Jörg Haider, simpatizante del Tercer Reich, obtuvo la victoria luego de una campaña basada en argumentos populistas, xenófobos y antieuropeístas que ya aplicados a la vida común han hecho casi imposible el ingreso al país de emigrantes y refugiados, además de poner en riesgo la unidad política actual y futura de la Unión Europea. La segunda señal, fue la llegada al gobierno italiano de Silvio Berlusconi, quien fue respaldado por fascistas "reconvertidos" y dispersos en diversas agrupaciones de derecha; la tercera señal, sucedió en Alemania (Hamburgo y Baviera), en condiciones similares, pero en un país donde el extremismo había alcanzado -en las últimas décadas- no más del 10%, en las urnas. En Holanda, cuarta señal, la extrema derecha es el primer partido, en la ciudad de Rótterdam, como no sucedía desde la Segunda Guerra Mundial; el programa político de aquélla incluye el cierre de fronteras, la salida de muchos convenios de las Naciones Unidas, la eliminación del Parlamento Europeo, el regreso a las escuelas pequeñas sin computadoras y el servicio militar obligatorio, entre otras propuestas tan retrógradas -como puede ser el aceptar a inmigrantes que accedan por Alemania, Francia, Reino Unido o Dinamarca-, como absurdas -talar los árboles que circundan la sede de gobierno para tener "una vista mejor". Otras señales han surgido en Amberes, Bélgica, bajo discursos en defensa de la raza, y en Dinamarca, donde se alcanzó el 12% de las votaciones generales, con campañas en contra de los inmigrantes y los homosexuales.

A pesar de los continuos brotes ultraderechistas europeos, hizo falta un desmán mayor para comenzar a considerar este resurgimiento como un problema del presente que pone en juego la situación política, económica y social a futuro: la victoria, en Francia, de Jean-Marie Le Penn, profesor partidario de un nacionalismo obtuso que hace tambalear a una de las democracias más sólidas y ejemplares del mundo. Como reacción ante este suceso, numerosas manifestaciones populares han tomado las calles -desde el 21 de abril, día de la elección- llamando a la unidad nacional en contra de quien, en la segunda vuelta del proceso, muy probablemente sea vencido por Jacques Chirac -candidato de la derecha moderada-, el próximo cinco de mayo. De esta forma, la opción política francesa oscila entre la derecha liberal y la radical, sepultando a la izquierda y reuniendo a sus dirigentes en torno a la candidatura de Chirac, por quien los socialistas, trotskistas y comunistas votarán con tal de evitar un retroceso como el que puede preverse en caso de llegar Le Penn a la presidencia.

Es notorio que el Front National -partido fundado y encabezado por Jean-Marie Le Penn- haya pasado -en poco tiempo- de ser un grupúsculo estridente y molesto a convertirse en la segunda fuerza electoral en Francia. Lo mismo sucede con los diversos partidos y movimientos racistas, ultraderechistas, xenófobos y/o nacionalistas que a lo largo y ancho de la Unión Europea han conseguido cotos de poder explotando un discurso popular, simplista y radical, que da soluciones fáciles y rápidas a problemas como la inmigración, de la cual el Viejo Continente ha sido receptor desde tiempos ancestrales hasta nuestros días. Así, los culpables de los problemas de desempleo y seguridad -quizá los dos más preocupantes para la clase media- son los inmigrantes; la economía se estanca, los servicios sociales son insuficientes y los impuestos aumentan por los inmigrantes; en resumen, esos inmigrantes que hicieron de Europa el fundido de culturas, tradiciones y costumbres tan notorios en España, Holanda, Francia o Alemania, son los responsables -bajo el discurso radical- de que los niveles de vida hayan descendido, cuando son los gobiernos los que han tenido poco éxito en administrar y distribuir un flujo humano, que seguirá siendo, mientras la riqueza fruto de la globalización no sea administrada y distribuida con justicia. Un ensayo del filósofo italiano Paolo Flores d'Arcais , afirma que el renacimiento y la consolidación como fuerzas políticas de aquellos grupos ultranacionalistas son "el único enemigo verdadero que pone hoy en peligro la convivencia civil".

El miedo hacia el otro (el otro, que es la esencia misma de las culturas que sobreviven a la Historia, y que hoy día es más un nosotros) ha sido un factor explotado por los grupos de derecha extrema en posturas y soluciones populistas y radicales, que ofrecen respuestas rápidas que fácilmente adquieren simpatías entre los inconformes. Hay que resaltar que las ciudades donde estas tendencias tienen mayor apoyo son aquellas donde habitan mayor número de desempleados, donde los niveles de educación son más bajos o las que han sido incapaces de albergar, contener o regular el flujo migratorio... La política-espectáculo -menciona Flores d' Arcais- ha sido la base del nacionalismo actual y sólo puede ser vencida por el discurso con trasfondo y propuestas, con fundamentos que sustituyan las propagandas mediáticas basadas en la imagen y la mercadotecnia de estos grupos, enfocados a desprestigiar al oponente más por su parecer que por su pensar; el discurso vacío, populista y simplista, representa un retroceso -novedoso en Europa y tan tradicional en América Latina- en la manera de hacer política, pero es también un poderoso trampolín hacia la victoria y por desgracia ha sido una opción plausible para muchos candidatos extremistas, que ya suman una presencia notable y preocupante en las filas de los gobiernos europeos.

Fascismo, porque se sustenta en la defensa del nacionalismo radical. Fascismo, porque se apoya en el sentimiento de miedo e inseguridad, presente en las clases más bajas y lo utiliza para convencer, para convenir. Pero los paralelismos son también históricos: "A finales del siglo pasado, en Viena, la llegada masiva de judíos de Rusia huyendo de los pogromos zaristas generaron unos miedos entre las clases bajas vienesas que encumbraron al alcalde Karl Lueger, gran líder del antisemitismo ideológico y referencia imprescindible para Hitler en su libro Mein Kempf". "El fascismo llegó al poder en el pasado gracias a la complicidad de gente que no sabían de manera clara al principio lo que vendría de aquellos gobiernos y regímenes que apoyaban, confiando en que pondrían orden donde había caos, garantizarían la seguridad, el empleo, y limpiarían la sociedad nacional de indeseables extranjeros". Pero la victoria -de derecha o izquierda- pertenece a la democracia, al voto, a la decisión popular. Si la población sufraga a favor de uno u otro, es por lo atractivo que sean los programas, discursos o propuestas. Cuando no hay propuesta o ésta se pierde en un limbo de promesas incumplidas, la nueva opción se torna ideal, adopta la bandera de el cambio.

Imágenes
1.- Poco adepto a la televisión, intenté sintonizar algún canal que proyectase las manifestaciones contra Le Penn en Francia. El poco interés me suele llevar a caer en esa odiosa práctica del zapping que transcurre de escena en escena como una película sin inicio o final. Lo primero que detuvo mi atención -más de diez minutos- fue una entrevista al Canciller Jorge Castañeda, en la que afirmaba estar dispuesto a dialogar con los inconformes del PAN o del PRI, en materia de política exterior, pero no con los otros partidos, cuyas diferencias con el Ejecutivo "son diametrales" y hacen imposible el intercambio de ideas... A pesar de creer que cualquier secretario de gobierno y cualquier gobierno debe ser capaz de entablar acuerdos con la fracción parlamentaria y con la oposición que sea, considero que hacerlo con quien ofrece desagravios ante gobiernos asesinos y criminales es inútil, terco y absurdo, pues es imposible que se empalme quien venera la vida y quien celebra la muerte perpetrada por cobardes.
2.- El encuentro con la TV dejó, creo del canal de la Televisión Española, una imagen conmovedora y ejemplar de lo que la solidaridad europea puede ser y ha sido desde hace mucho: Jean-Marie le Penn entraba al Parlamento Europeo, en Bruselas, rodeado de abucheos y protestas; detrás suyo, una mujer sostenía un cartel que rezaba: "Franceses disidentes: Bélgica los espera".

(C.C.L., Ciudad de México, mayo de 2002). xsharly@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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