|
Es
lamentable y triste reconocer que los gobiernos
que hemos padecido, a partir del fin de la
Segunda Guerra Mundial, han resultado pésimos
administradores de los dineros del pueblo.
Son muchos los ejemplos que podríamos
mencionar, entre ellos la CEIMSA, que vino
a suplir la CONASUPO, que fue vilmente saqueada
-también la CONASUPO-, hasta dejar
pasivos impagables, que el tiempo se devoró
y el olvido enterró.
En todas o casi todas las entidades federativas,
antes de que se instituyera la Comisión
Federal de Electricidad, existían plantas
generadoras de luz y fuerza administradas
por la Iniciativa Privada, con voltaje y ciclaje
diferentes a los actuales. En nuestra ciudad,
el voltaje era de 220 y las tarifas eran sufragadas
con cantidades mínimas de los salarios,
que no se veían lastimar las economías
familiares a pesar de que la pobreza era galopante;
hasta donde sabemos, los trabajadores pagaban
sus consumos respectivos y nada se sabía
de "conquistas sindicales", respecto
a eximírseles de los pagos de sus consumos.
Pero "nace" la C.F.E. a la par del
sindicato adherido a la C.T.M. (el PRI), paralelamente
las cajas de ahorro de los trabajadores, y,
con el tiempo y la ayuda de la corrupción,
se va consolidando un gigante que entre Francisco
Pérez Ríos y Fidel Velázquez
logran consolidarlos como generadores de luz,
fuerza, economía y política.
Se tiene especial cuidado de los ingresos
a las diferentes plantas, al controlarlos
férreamente el sindicato para darle
con ello un omnímodo poder y un potente
contrapeso gubernamental, para hacer y deshacer
con las tarifas del servicio, con el fin de
que sus ingresos alcancen a cubrir la millonaria
nómina de su sobrepasado personal,
altamente remunerado en sus más altas
esferas, soportado -todo esto- por el pueblo
consumidor del servicio. Al haberse descuidado
el mantenimiento de sus plantas y haber dispuesto
del dinero destinado a esos fines, el fantasma
de la chatarra merodea la institución.
Nada se sabe de la deuda que debe tener esa
"descentralizada"; lo que sí
se sabe, es que después del problema
con Fidel Castro, y rezagadito un poco el
de Pemex, le sigue en importancia el de la
CFE, que de no tomar las providencias necesarias,
y al presentarse descarnado ante los ojos
de México dicho problema, se retrocederá
(si es que se han tenido avances), y ya no
habrá cromática púrpura
en los rostros de los funcionarios involucrados,
cuando sean pillados en sus uñas detrás
de la puerta. Así como dio la orden
Vicente Fox de bajar el precio de la Magna
Sin, en Chetumal, Q. Roo, ostensiblemente,
así, y de acuerdo a su rango de economía,
deberán ajustarse las tarifas de la
CFE en el estado de Yucatán.
Solamente faltaría que el líder
electricista, la "Güera" Rodríguez
Alcaine parafraseando textos bíblicos
nos dijera: "Yo soy la luz la verdad
y la vida", para proyectarlo a los altares.
(G.S.M., Mérida, Yucatán, Méx.,
mayo de 2002).
|