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Fidel Castro, el único
tirano existente en América, le ha
declarado una guerra de audio y papel al Presidente
Fox y a su canciller, a causa del voto de
México en Ginebra para exigirle al
sátrapa cubano el respeto a los derechos
humanos de su propio pueblo.
Por tal motivo, en nuestra patria han aparecido
decenas de defensores -a ultranza- del dictador
y de su revolución, llegando algunos
al exceso de expresar, que la mayoría
de los mexicanos ven en ese mito llamado Revolución
Cubana, muchos de nuestros propios ideales.
¿Podemos acaso pensar ante la anterior
aseveración, que el pueblo mexicano
tendría el extraño deseo de
vivir bajo un régimen como el antillano?
Con seguridad decimos que no, porque nuestro
pueblo está acostumbrado a vivir con
plena libertad y aunque es verdad que durante
70 años no se respetaron nuestros derechos
y decisiones políticas; los derechos
fundamentales siempre fueron observados.
No podemos decir lo mismo del dictador caribeño
que, utilizando a la Seguridad del Estado
y a sus cómplices de los Comités
de Defensa de la Revolución, ha mantenido
sojuzgado a su pueblo, durante casi medio
siglo. El propio autócrata cubano,
héroe inigualable de la izquierda mundial,
reconoció en su plática telefónica
con el Presidente Fox, que lleva 43 años
en la política, pisoteando la dignidad
y los derechos humanos del pueblo de Cuba.
En la misma plática, dijo que él
habla con decencia, verdad y elegancia; especialmente
cuando se refiere a Estados Unidos, cosa que
sus sumisos seguidores le aplauden rabiosamente,
pero cuando alguien -con buena memoria histórica-
pregunta por qué en Cuba no se permiten
elecciones libres, todos callan inmediatamente
o cambian el tema de la conversación.
Si en verdad hablara con decencia y verdad,
podría entonces explicarnos la extraña
historia de la desaparición de Camilo
Cienfuegos o el por qué dejó
morir en las selvas bolivianas a aquel pobre
iluso de apellido Guevara, al que sus compañeros
de la izquierda apodaban "El Ché".
¿Será verdad aquella historia
tantas veces contada pero nunca aclarada,
de que Fidel fue el principal interesado en
la desaparición de sus compañeros
porque le causaba envidia que le hicieran
sombra?
El famoso mito de los logros de la revolución
cubana con que alardean los adoradores de
esa utopía llamada comunismo, nos obliga
a preguntar: ¿Dónde están
esos logros? ¿Qué ha aportado
a América la tan mencionada Revolución?
¿Qué beneficios le ha dado al
pueblo de Cuba, que no sea pobreza, atraso
y falta de libertades?
Castro y todos esos que lo idolatran, tienen
como enfermiza obsesión calificar a
Estados Unidos como imperialista y explotador
de América y del mundo. Pero ante este
tonto argumento, podríamos decir que
el sistema estadounidense representa la democracia,
libertad y el respeto irrestricto a los derechos
humanos, que los regímenes comunistas,
que hasta ahora han existido -a los que tanto
se odian-, porque se distinguen por la forma
totalitaria de ejercer el poder. Y ahí
están los crímenes de comunistas
como Pol Pot, en Camboya; de Mao, en China
y los que realizaron dirigentes como Stalin
y sus sucesores contra los pueblos de la ex
Unión Soviética y de su imperio
de Europa Oriental. ¿Existe alguien
que pueda negar que el comunismo representa
el sistema más brutal, explotador y
criminal que haya existido en la época
moderna?
Aseverar que los mexicanos se sienten avasallados
y acosados por los estadounidenses, es tener
una visión miope y totalmente equivocada
de la percepción que el pueblo mexicano
tiene respecto a E.U. Si fuese cierto tal
argumento, por qué los mexicanos gustan
tanto del estilo de vida estadounidense, que
la mayoría sueña con alcanzar;
y por qué los ciudadanos de nuestra
patria -en cada elección- han preferido
escoger la democracia y el libre mercado que
le ofrecen los partidos de centro derecha,
en lugar de preferir la oferta de la izquierda,
que cada vez se vuelve más insignificante
ante el total rechazo de los electores mexicanos.
Para desesperación de los seguidores
comunistas, los mexicanos de hoy, cada vez
con mayor decisión, han tomado como
ejemplo a seguir el modelo norteamericano
en cuanto a la calidad de vida y a la forma
en que desean ser gobernados. Decididamente
el pueblo mexicano nunca aceptaría
un modelo como el cubano para vivir. Son los
acomplejados y muchos demagogos ricos como
el caudillo que manda en el PRD, los que viven
con la eterna ilusión de ver convertida
a nuestra patria en otra Cuba.
Pero para su desgracia, vivimos en una América
y en un México en donde campean la
libertad y el respeto pleno a los derechos
fundamentales del hombre. Ese es el régimen
que la mayoría hemos escogido para
vivir, y al vivir en un sistema así,
no podemos quedarnos callados, ante las violaciones
tan grandes a los derechos humanos, que el
sátrapa cubano comete diariamente contra
su propio pueblo.
La izquierda mexicana puede interpretar como
mejor le parezca la conversación telefónica
entre el Presidente Fox y Fidel, pero algo
es innegable: la humillación infligida
a "su" mesías cubano ha sido
de lo más vergonzosa. La falta de dignidad
del viejo liderzuelo comunista ante el rechazo
de la comunidad de países americanos
es lo que ha encorajinado a sus adláteres
mexicanos de izquierda, quienes al igual que
el dictador, aún no asimilan que ya
no sea aceptado -como antes- en las reuniones
internacionales.
El Presidente Fox, electo democráticamente
en elecciones libres -por la mayoría
de los ciudadanos- actuó apropiadamente
en su deseo de que la Reunión de Monterrey,
de la que fue anfitrión, fuese lo más
correcta posible. El darle gusto al tirano
en su expreso deseo de no tardar mucho en
suelo mexicano, no es girar por su cuenta
el rumbo de las relaciones México-gobierno
cubano (que no pueblo de Cuba), porque no
hay que olvidar que, como presidente de México,
la política exterior él la decide;
y según las encuestas objetivas, la
mayor parte de la población apoyó
la actuación de nuestro Presidente.
Y no es que Fox represente el cambio por sí
mismo, porque éste y la transición
que hasta ahora no ha logrado concluir, es
por causa de varios partidos políticos
y organizaciones ciudadanas que hicieron posible
la caída del priato. En este esfuerzo,
el partido de la izquierda mexicana, el PRD,
por decisión de su caudillo, sirvió
de comparsa al ex candidato Labastida en su
afán de parar la llegada al poder de
un régimen democrático. Pero
es a la sociedad mexicana, en general, a la
que debemos el cambio político acontecido
en julio de 2000, a la que hoy, tal como ayer,
muchos diputados y senadores de la oposición,
los de izquierda, en primerísimo lugar,
han defraudado con sus actitudes protagónicas,
entreguistas y serviles, respecto a Fidel
Castro.
¿Cómo encontrar consensos entre
esta clase de políticos opositores,
que se distinguen por su fanatismo y su falta
de patriotismo? Muchos de los políticos
de la oposición mexicana han dejado
de ser interlocutores confiables ante el pueblo,
pues representan sin ningún pudor,
los intereses de un autócrata extranjero
que, con todo cinismo y con total ausencia
de caballerosidad, le faltó al respeto
al Presidente mexicano, tratándolo
de chantajear con la amenaza de dar a conocer
unas grabaciones, como después hizo,
con la finalidad de evitar el voto de México
en Ginebra, en relación con las violaciones
a los derechos humanos en Cuba. Con su chantaje,
Fidel se inmiscuyó, sin ningún
recato, en nuestros asuntos internos y en
decisiones que sólo competen a nuestro
gobierno. Todo lo anterior, con el apoyo,
el beneplácito y la complicidad de
muchos de nuestros políticos, quienes
deberían sentirse avergonzados ante
la actitud sumisa y servil que asumieron ante
un gobierno extranjero. ¿Existirá
algún artículo de nuestra Constitución
que sancione la traición y el antipatriotismo?
El problema de Fidel y sus corifeos, es que
su verborrea anticapitalista ha dejado de
surtir efecto. El trasnochado discurso comunista
ha entrado en franca decadencia ante un mundo
que ha preferido la opción de la democracia
y el libre mercado. Para la mayoría
de los pueblos de América, Fidel Castro
y el mito de su Revolución son ahora
más que nunca incompatibles con el
sistema de gobierno por ellos escogido. El
déspota caribeño sabe bien que
su utopía comunista, la que a sangre
y fuego le ha impuesto a su propio pueblo,
ha fracasado.
Las democracias del mundo y México
no es la excepción, tienen que alzar
la voz y no cruzarse de brazos para exigirle
al dictador cubano que, por primera vez -en
43 años de esclavitud comunista- le
permita a su pueblo, la realización
de elecciones libres y democráticas,
para que los cubanos puedan decidir por sí
mismos su propio destino.
El "Big Brother" del comunismo
mundial, ídolo de tantos izquierdistas
mexicanos, ya sabe con certeza, que no cuenta
con aquel silencio cómplice de los
gobiernos priístas mexicanos y que
a partir de ahora, el gobierno de México
estará muy pendiente de las violaciones
a los derechos del pueblo cubano, por cuyo
bien, se ha decidido no llegar al extremo
del rompimiento de relaciones diplomáticas,
a pesar de que era lo que procedía.
Al viejo dictador apolillado y con señales
de demencia senil, ya no hay que hacerle caso.
Él mismo, en uno de sus maratónicos
discursos terminará por desbaratarse.
(C.A.S.B., Mérida, Yucatán,
Méx., mayo de 2002).
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