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Mérida, Yucatán, México

Edición 675 del viernes 27 de Septiembre de 2002

Semanario de Información y Análisis Político

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La Península, de pie ante la adversidad

Especial / la Revista

Enfrentar la adversidad ha sido el sello característico de esta región de la Patria desde sus lejanos orígenes prehispánicos.

Hoy, el adversario es un fenómeno natural al que los aborígenes caribes bautizaron con el nombre de su dios del viento: Huracán, el término más empleado hoy por los peninsulares de Yucatán en estas horas difíciles, complejas para todos, de auténticos sufrimientos para algunos y de inesperadas molestias para otros; según se habite en el campo o la ciudad, indica la generalidad.

Con lo frío que pueda ser un balance numérico que involucre a vidas humanas, ante la magnitud del fenómeno y su virtual estacionamiento en Yucatán, el saldo ha sido menor a lo previsible por quienes fuimos testigos -y víctimas- de esa desatada fuerza natural. Reseñar periodísticamente en La Revista Peninsular pocos sucesos fúnebres tiene su razón en tres acciones combinadas. A saber, la atinada disposición de ordenar el oportuno desalojo, evacuar a los vecinos de las poblaciones costeras, en donde era seguro el impacto del meteoro; la inhabilitación de la red eléctrica estatal cuando se previó que los árboles dañarían los cables de distribución y que estos, a su vez, tumbarían en fila a los postes de concreto, además de que la propia fuerza de "Isidoro" -bautizado así por los especialistas de Miami- por su cuenta tiraría otros y no podía haber "líneas vivas" con energía en las calles, y, finalmente, la disposición de albergues para quienes estaban en riesgo por la fragilidad de sus casas, los modestos habitantes de ripios, con techos de huano o de láminas de cartón o las de zinc.

Significativa, asimismo, la inmediata visita -al día siguiente del irracional e impredecible paso del fenómeno, es decir, el lunes- del presidente Fox, quien retornaba de una gira por Oaxaca, así como su retorno a los tres días, ayer jueves. Fluyeron así con inmediatez los apoyos federales, además de la intervención -generalmente eficiente- de las autoridades estatales y municipales.

Por su parte, la espontánea organización vecinal reiteró a los observadores la tradición solidaria, fraternal de los peninsulares ante calamidades de ese gigantesco tamaño. Así, la sociedad civil envió sin querer un mensaje a sus mandatarios y representantes en las cámaras legislativas: "únanse y resolvemos todos los problemas" (sin liderazgos los vecinos despejaron de obstáculos las calles y avenidas), "dejen atrás los egoísmos partidistas, formulen una agenda legislativa, debatan y voten leyes adecuadas a la época" (compartiendo lo poco y lo mucho, los vecinos apoyaron a los más necesitados, compartieron techo y alimentos)...

Ahora viene -además del urgente apoyo requerido en apartadas localidades que están aisladas por inundaciones en el sur de Yucatán, principalmente en Tekax y Oxkutzcab- el momento de emprender la reconstrucción. Levantar las casas deterioradas, regenerar las industrias arrasadas (avícola, porcícola, especialmente), generar las opciones financieras y de respaldo a los campesinos para rehabilitar las unidades agropecuarias, recomponer las líneas de distribución de energía eléctrica, reacondicionar los planteles educativos, los servicios de salud, y tantas, tantas asignaturas pendientes.

En otro orden de cosas, los analistas políticos, en las largas noches de reflexión inducidas por la carencia de electricidad, señalaron que les causó por lo menos extrañeza que el jefe político de la entidad yucateca -Patricio Patrón Laviada- aceptara que el gobierno federal, a través del presidente Fox, aceptase a la secretaria de Desarrollo Social como la coordinadora de los apoyos federales, algo impensable en otros tiempos. Los resultados y el tiempo que tarden en darse dirán quién tuvo la razón.

Siempre en torno a las lecturas políticas en el contexto de la prevención y reacción gubernamentales ante la tragedia, fue manifestado que era admirable la firme decisión que animó al gobierno estatal a ordenar la evacuación de los vecinos que seguramente serían afectados si por impericia no se llegaba a ese extremo, aun en la posibilidad de que el errático camino del fenómeno dejara en el ridículo a las autoridades, al igual que fue sorprendente la novatez que llevó a emplear las descuidadas instalaciones del Kukulkán como refugio en caso de desastre, las que para mayor infortunio de funcionarios bisoños y damnificados no fueron abastecidas con calidad y prontitud, pues cayeron los techos de los sanitarios y luego hasta rebosó el drenaje, motivando airados reclamos verbales al propio presidente de la República. Falló, pues, la retaguardia, el abastecimiento, elemento vital en las grandes batallas -si cabe la metáfora- y que determinan quiénes son los genios militares, los grandes generales. En esta edición, el periodista Raúl Barrera Rodríguez repasa las condiciones de las desventuradas familias que primero estuvieron en el Kukulkán y luego, en buena hora, fueron trasladados al Siglo XXI, de donde luego serían prácticamente expulsados al vencer el término que estableció la burocracia para poder ser huésped de un albergue.

Igualmente, fue criticada la apertura de un centro de acopio en el Congreso del Estado -institución prostituida en el pasado y devaluada en el presente-, el que finalmente sólo recibió los víveres e insumos que ordenó comprar la Gran Comisión con recursos de su propio presupuesto y al declarar cerrada esa instancia, sólo les quedó apelar a la generosidad de sus colegas en todo las entidades para tratar de conseguir algunos apoyos. Desvinculados de los afanes organizativos del gobierno estatal, carentes de una visión global de los hechos que acontecían tras el paso de Isidoro, los diputados se convirtieron en reporteros radiofónicos, pues su labor sólo se limitaba a comunicar por celular sus impresiones a la única estación en el aire, el 94.5 de la Cadena Rasa.

Quien se sumergió de lleno en su distrito fue la diputada dzemuleña Ivonne Ortega Pacheco, de quien llegaron inicialmente reportes de que laboraba con intensidad en su demarcación para apoyar a las humildes familias que perdieron sus bienes y, además, no tenían alimentos ni agua, pero al final -fiel a sus orígenes de partido y de sangre- respaldada por una turba asaltó el palacio municipal de Dzemul y se robó, literalmente, una gran cantidad de despensas y otros elementos necesarios en esta contingencia, no obstante que el alcalde es su "compañero" priísta.

Otro episodio lamentable fue convertir el Centro Cultural Olimpo en centro de distribución de apoyos. Allí más o menos funcionó el extraño ejercicio de concentrar en el corazón de Mérida a damnificados reales y a damnificados virtuales, pero al cerrarse el reparto galoparon velozmente al Palacio de Gobierno con el riesgo potencial de causar una tragedia, lo que afortunadamente no sucedió. Posteriormente, esa función fue trasladada a un predio de Buenavista.

La comisaría meridana de Yaxnic, ante el azoro de la secretaria Vázquez Mota, fue el escenario de una comedia de dislates, en la que fue inocultable el distanciamiento y el choque de criterios entre el gobernador Patrón Laviada y la alcaldesa Payán Cervera. Al jefe del Ejecutivo le pedían pan y daba oraciones, generando la airada reacción de los lugareños, en tanto que la primera regidora agradeció a Isidoro que hubiese adelantado la gira a Mérida de la titular de Desarrollo Social, lo que irritó justamente a los vecinos, pues el huracán Isidoro los había dejado sin techo, sin electricidad, sin agua y sin comida, mientras su presidenta municipal "grillaba" a la alta funcionaria federal, con quien -por cierto- le une una gran amistad.

En el gabinete estatal destacó la capacidad para recolectar información, y procesarla con método, del secretario de Desarrollo Social, Xavier Abreu Sierra, a quien el paso de Isidoro le podría redituar enormes beneficios políticos, ya que tendrá la oportunidad de recorrer la entidad con la alforja repleta de apoyos. Róger González Herrera, de Desarrollo Rural, podrá emplear ahora la gran masa financiera que este año se estaba quedando sin ejercer por el brusco cambio de las condiciones para apoyar a los hombres del campo. El responsable de Obras Públicas también hizo puntuales registros de los daños a la red carretera y la secretaria de Educación Carmen Zita Solís Robleda -cuyo automóvil quedó atrapado por un árbol caído en su domicilio particular- ha evaluado con atingencia los daños a las instalaciones escolares y restablecerá el lunes venidero la normalidad en la gran mayoría de los planteles.

En términos generales, fue eficiente en la aplicación de sus programas la tropa que comanda Javier Medina Torre, secretario de Protección y Vialidad, al igual que los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad, los elementos del Ejército Nacional, Bomberos, las policías municipales, los esforzados galenos y enfermeras del Sector Salud, además de los elementos del DIF estatal y los empleados del ayuntamiento de Mérida.

Por otra parte, la Cadena Rasa hizo un magnífico papel al estar prácticamente sola en el cuadrante, actuando con serenidad y eficiencia a pesar del tamaño del desastre. Además de quienes disponían de teléfono útil, eran la única conexión posible entre las familias atrincheradas en sus casas y el mundo exterior, la posibilidad de saber qué estaba pasando. Entre otros, los "héroes civiles" del micrófono fueron José Luis Preciado, Mauricio Espinosa, Ricardo Adrián, Wendy Aguayo, Ricardo Vera, José Tuz, Claudia Chablé, Israel Medina, Carlos Mauri, Pablo Encalada, Virginia Carrillo, Jorge González, Agustín Ruiz, Coutiño Hernández, Marta Gopar, Ana María Martín Peniche, Angel Chan May, Fernando Cáceres Bolio, Juan Sánchez, Isidro Pantoja, Rubén Oney, Antonio Pool Chi, encabezados -con su ejemplo- por Bernardo Laris Rodríguez.

Así pues, ante la adversidad los peninsulares tienen un rival ya conocido en el fondo, aunque sus manifestaciones sean diversas. El esplendor de la cultura maya creó una sociedad funcional, cuyos logros aún asombra. Vino después el choque cultural de la conquista y el difícil tránsito de la Colonia, a lo cual se sobrepuso una sociedad obstinada, que apoyó a la Independencia, batalló por la República, superó a la Guerra de Castas, vivió en condiciones especiales la Revolución, rebasó las divisiones territoriales de lo que era una sola región en lo cultural y ya sin los grandes oros del henequén ha continuado creciendo, pese a los huracanes Janet, Gilberto, Opalo, Rossana, Mitch y, ahora, Isidoro. Otro reto más a vencer.

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