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Enfrentar la adversidad ha sido el
sello característico de esta región
de la Patria desde sus lejanos orígenes
prehispánicos.
Hoy, el adversario es un fenómeno
natural al que los aborígenes caribes
bautizaron con el nombre de su dios del viento:
Huracán, el término más
empleado hoy por los peninsulares de Yucatán
en estas horas difíciles, complejas
para todos, de auténticos sufrimientos
para algunos y de inesperadas molestias para
otros; según se habite en el campo
o la ciudad, indica la generalidad.
Con lo frío que pueda ser un balance
numérico que involucre a vidas humanas,
ante la magnitud del fenómeno y su
virtual estacionamiento en Yucatán,
el saldo ha sido menor a lo previsible por
quienes fuimos testigos -y víctimas-
de esa desatada fuerza natural. Reseñar
periodísticamente en La Revista Peninsular
pocos sucesos fúnebres tiene su razón
en tres acciones combinadas. A saber, la atinada
disposición de ordenar el oportuno
desalojo, evacuar a los vecinos de las poblaciones
costeras, en donde era seguro el impacto del
meteoro; la inhabilitación de la red
eléctrica estatal cuando se previó
que los árboles dañarían
los cables de distribución y que estos,
a su vez, tumbarían en fila a los postes
de concreto, además de que la propia
fuerza de "Isidoro" -bautizado así
por los especialistas de Miami- por su cuenta
tiraría otros y no podía haber
"líneas vivas" con energía
en las calles, y, finalmente, la disposición
de albergues para quienes estaban en riesgo
por la fragilidad de sus casas, los modestos
habitantes de ripios, con techos de huano
o de láminas de cartón o las
de zinc.
Significativa, asimismo, la inmediata visita
-al día siguiente del irracional e
impredecible paso del fenómeno, es
decir, el lunes- del presidente Fox, quien
retornaba de una gira por Oaxaca, así
como su retorno a los tres días, ayer
jueves. Fluyeron así con inmediatez
los apoyos federales, además de la
intervención -generalmente eficiente-
de las autoridades estatales y municipales.

Por su parte, la espontánea organización
vecinal reiteró a los observadores
la tradición solidaria, fraternal de
los peninsulares ante calamidades de ese gigantesco
tamaño. Así, la sociedad civil
envió sin querer un mensaje a sus mandatarios
y representantes en las cámaras legislativas:
"únanse y resolvemos todos los
problemas" (sin liderazgos los vecinos
despejaron de obstáculos las calles
y avenidas), "dejen atrás los
egoísmos partidistas, formulen una
agenda legislativa, debatan y voten leyes
adecuadas a la época" (compartiendo
lo poco y lo mucho, los vecinos apoyaron a
los más necesitados, compartieron techo
y alimentos)...
Ahora viene -además del urgente apoyo
requerido en apartadas localidades que están
aisladas por inundaciones en el sur de Yucatán,
principalmente en Tekax y Oxkutzcab- el momento
de emprender la reconstrucción. Levantar
las casas deterioradas, regenerar las industrias
arrasadas (avícola, porcícola,
especialmente), generar las opciones financieras
y de respaldo a los campesinos para rehabilitar
las unidades agropecuarias, recomponer las
líneas de distribución de energía
eléctrica, reacondicionar los planteles
educativos, los servicios de salud, y tantas,
tantas asignaturas pendientes.
En otro orden de cosas, los analistas políticos,
en las largas noches de reflexión inducidas
por la carencia de electricidad, señalaron
que les causó por lo menos extrañeza
que el jefe político de la entidad
yucateca -Patricio Patrón Laviada-
aceptara que el gobierno federal, a través
del presidente Fox, aceptase a la secretaria
de Desarrollo Social como la coordinadora
de los apoyos federales, algo impensable en
otros tiempos. Los resultados y el tiempo
que tarden en darse dirán quién
tuvo la razón.
Siempre en torno a las lecturas políticas
en el contexto de la prevención y reacción
gubernamentales ante la tragedia, fue manifestado
que era admirable la firme decisión
que animó al gobierno estatal a ordenar
la evacuación de los vecinos que seguramente
serían afectados si por impericia no
se llegaba a ese extremo, aun en la posibilidad
de que el errático camino del fenómeno
dejara en el ridículo a las autoridades,
al igual que fue sorprendente la novatez que
llevó a emplear las descuidadas instalaciones
del Kukulkán como refugio en caso de
desastre, las que para mayor infortunio de
funcionarios bisoños y damnificados
no fueron abastecidas con calidad y prontitud,
pues cayeron los techos de los sanitarios
y luego hasta rebosó el drenaje, motivando
airados reclamos verbales al propio presidente
de la República. Falló, pues,
la retaguardia, el abastecimiento, elemento
vital en las grandes batallas -si cabe la
metáfora- y que determinan quiénes
son los genios militares, los grandes generales.
En esta edición, el periodista Raúl
Barrera Rodríguez repasa las condiciones
de las desventuradas familias que primero
estuvieron en el Kukulkán y luego,
en buena hora, fueron trasladados al Siglo
XXI, de donde luego serían prácticamente
expulsados al vencer el término que
estableció la burocracia para poder
ser huésped de un albergue.
Igualmente, fue criticada la apertura de
un centro de acopio en el Congreso del Estado
-institución prostituida en el pasado
y devaluada en el presente-, el que finalmente
sólo recibió los víveres
e insumos que ordenó comprar la Gran
Comisión con recursos de su propio
presupuesto y al declarar cerrada esa instancia,
sólo les quedó apelar a la generosidad
de sus colegas en todo las entidades para
tratar de conseguir algunos apoyos. Desvinculados
de los afanes organizativos del gobierno estatal,
carentes de una visión global de los
hechos que acontecían tras el paso
de Isidoro, los diputados se convirtieron
en reporteros radiofónicos, pues su
labor sólo se limitaba a comunicar
por celular sus impresiones a la única
estación en el aire, el 94.5 de la
Cadena Rasa.
Quien se sumergió de lleno en su distrito
fue la diputada dzemuleña Ivonne Ortega
Pacheco, de quien llegaron inicialmente reportes
de que laboraba con intensidad en su demarcación
para apoyar a las humildes familias que perdieron
sus bienes y, además, no tenían
alimentos ni agua, pero al final -fiel a sus
orígenes de partido y de sangre- respaldada
por una turba asaltó el palacio municipal
de Dzemul y se robó, literalmente,
una gran cantidad de despensas y otros elementos
necesarios en esta contingencia, no obstante
que el alcalde es su "compañero"
priísta.
Otro episodio lamentable fue convertir el
Centro Cultural Olimpo en centro de distribución
de apoyos. Allí más o menos
funcionó el extraño ejercicio
de concentrar en el corazón de Mérida
a damnificados reales y a damnificados virtuales,
pero al cerrarse el reparto galoparon velozmente
al Palacio de Gobierno con el riesgo potencial
de causar una tragedia, lo que afortunadamente
no sucedió. Posteriormente, esa función
fue trasladada a un predio de Buenavista.
La comisaría meridana de Yaxnic, ante
el azoro de la secretaria Vázquez Mota,
fue el escenario de una comedia de dislates,
en la que fue inocultable el distanciamiento
y el choque de criterios entre el gobernador
Patrón Laviada y la alcaldesa Payán
Cervera. Al jefe del Ejecutivo le pedían
pan y daba oraciones, generando la airada
reacción de los lugareños, en
tanto que la primera regidora agradeció
a Isidoro que hubiese adelantado la gira a
Mérida de la titular de Desarrollo
Social, lo que irritó justamente a
los vecinos, pues el huracán Isidoro
los había dejado sin techo, sin electricidad,
sin agua y sin comida, mientras su presidenta
municipal "grillaba" a la alta funcionaria
federal, con quien -por cierto- le une una
gran amistad.
En el gabinete estatal destacó la
capacidad para recolectar información,
y procesarla con método, del secretario
de Desarrollo Social, Xavier Abreu Sierra,
a quien el paso de Isidoro le podría
redituar enormes beneficios políticos,
ya que tendrá la oportunidad de recorrer
la entidad con la alforja repleta de apoyos.
Róger González Herrera, de Desarrollo
Rural, podrá emplear ahora la gran
masa financiera que este año se estaba
quedando sin ejercer por el brusco cambio
de las condiciones para apoyar a los hombres
del campo. El responsable de Obras Públicas
también hizo puntuales registros de
los daños a la red carretera y la secretaria
de Educación Carmen Zita Solís
Robleda -cuyo automóvil quedó
atrapado por un árbol caído
en su domicilio particular- ha evaluado con
atingencia los daños a las instalaciones
escolares y restablecerá el lunes venidero
la normalidad en la gran mayoría de
los planteles.
En términos generales, fue eficiente
en la aplicación de sus programas la
tropa que comanda Javier Medina Torre, secretario
de Protección y Vialidad, al igual
que los trabajadores de la Comisión
Federal de Electricidad, los elementos del
Ejército Nacional, Bomberos, las policías
municipales, los esforzados galenos y enfermeras
del Sector Salud, además de los elementos
del DIF estatal y los empleados del ayuntamiento
de Mérida.
Por otra parte, la Cadena Rasa hizo un magnífico
papel al estar prácticamente sola en
el cuadrante, actuando con serenidad y eficiencia
a pesar del tamaño del desastre. Además
de quienes disponían de teléfono
útil, eran la única conexión
posible entre las familias atrincheradas en
sus casas y el mundo exterior, la posibilidad
de saber qué estaba pasando. Entre
otros, los "héroes civiles"
del micrófono fueron José Luis
Preciado, Mauricio Espinosa, Ricardo Adrián,
Wendy Aguayo, Ricardo Vera, José Tuz,
Claudia Chablé, Israel Medina, Carlos
Mauri, Pablo Encalada, Virginia Carrillo,
Jorge González, Agustín Ruiz,
Coutiño Hernández, Marta Gopar,
Ana María Martín Peniche, Angel
Chan May, Fernando Cáceres Bolio, Juan
Sánchez, Isidro Pantoja, Rubén
Oney, Antonio Pool Chi, encabezados -con su
ejemplo- por Bernardo Laris Rodríguez.
Así pues, ante la adversidad los peninsulares
tienen un rival ya conocido en el fondo, aunque
sus manifestaciones sean diversas. El esplendor
de la cultura maya creó una sociedad
funcional, cuyos logros aún asombra.
Vino después el choque cultural de
la conquista y el difícil tránsito
de la Colonia, a lo cual se sobrepuso una
sociedad obstinada, que apoyó a la
Independencia, batalló por la República,
superó a la Guerra de Castas, vivió
en condiciones especiales la Revolución,
rebasó las divisiones territoriales
de lo que era una sola región en lo
cultural y ya sin los grandes oros del henequén
ha continuado creciendo, pese a los huracanes
Janet, Gilberto, Opalo, Rossana, Mitch y,
ahora, Isidoro. Otro reto más a vencer.
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