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Mérida, Yucatán, México

Edición 675 del viernes 27 de Septiembre de 2002

Semanario de Información y Análisis Político

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Realidades de los albergues...

Especial / la Revista

"Que Dios les bendiga", fueron las palabras que el presidente Vicente Fox Quesada dirigió a las más de setecientas personas albergadas en el Poliforum Zamná durante los tres minutos que tardó en su visita al lugar, desoyendo los gritos de la gente que le pedía a gritos que subiera al segundo piso a ver los baños que se encontraban llenos de materia fecal y orines de los ahí presentes, quienes llegaron a las tres de la tarde del domingo con las primeras rachas huracanadas de "Isidoro" que abatió con toda su furia al Estado.

"La ropa se mojó porque se rompieron los cristales de arriba, el agua entró y todo fue un asco. Mi nene de siete meses ahí durmió entre esa cochinada porque a falta de lugar dormimos en el baño entre los desechos y los orines de los que entraban, pero como no había agua, se fue acumulando hasta que empezaron a hacer sus necesidades en los rincones, y luego bajo lluvia teníamos que salir atrás, al campo, para hacerlas. Decidimos ponernos de pie y abrazar a nuestros hijos, ya que el agua continuaba entrando por el agujero donde estaban los vidrios. Yo tenía mi maleta asentada en el esqueleto de una cama y dos doctores llegaron y la tiraron al agua y les menté la madre, por tratarnos como animales. Al día siguiente después de varias horas de no probar alimento me dieron galletas de animalitos que cabían en una mano y una bolsita de cuarto litro de agua; me "encabroné" y las tiré a la basura, y salí bajo lluvia a comprar algo de comer" nos dijo Gustavo Méndez, pescador de Celestún.

Martha Flota Cocom, que había sido trasladada en grupo con su hermana Margarita, su padre invidente de 89 años y pescador retirado de Celestún, y sus tres hijos y los dos de su hermana nos comenta: "a las doce del día ya estaba feo el tiempo, llegamos al Poliforum y ya se encontraba bastante lleno, como con más de quinientas gentes, por lo que no encontramos lugar nos metimos en la parte de abajo de las butacas donde hay un pasillo subterráneo y ahí nos acomodamos como pudimos. Todo era un asco por falta de agua para los baños. Desde que llegamos no comimos, sino hasta el día siguiente como a las nueve de la mañana salimos bajo lluvia a comprar leche, galletas, papel de baño, porque ahí no había nada. El lunes nos trasladaron al Siglo XXI, donde todo es muy diferente, contamos con doctor, medicinas, ropa, baños limpios y lo más importante con tres alimentos diarios. El martes vino un señor a decirnos que en la puerta estaban unos camiones para trasladarnos a Celestún, y nos dijo que si no nos íbamos en ese momento ya no habría transporte después y de que iban a cerrar ese lugar. Pero decidimos no irnos, en eso, llegaron unas personas de ahí y nos dijeron de las malas condiciones en que se encontraba todavía nuestro lugar, por lo que reafirmamos nuestra convicción de quedarnos".

Araly Chaayav Karma, joven voluntaria, motivada por el placer de servir a sus semejantes, en especial en estos momentos en los que la fuerza de la naturaleza deja a algunos de ellos en peores condiciones que otros, es cuando ese placer de servir brota de una manera espontánea y auténtica, como le ha sucedido, nos comenta: "El martes a las 6:30 de una tarde lluviosa, los integrantes de la Oficialía Mayor del gobierno del Estado, Alfredo Cámara, Agustín López y Miguel Can Madero, le dijeron a la gente que si no se iban en ése momento, quién sabe si habría camiones para después. Varios de los albergados se fueron con miedo. Tanto militares como scouts y voluntarios hemos tratado de servir a la gente, dándole sus tres comidas diarias, asistencia médica, distracción y juegos para los niños. pero la gente del Gobierno nos ha estado limitando, ya no dejan que se reciban víveres aquí, se ha escuchado que digan "aquí no los van a mantener, que se fueran a su pueblo"; ese tipo de actitud en una situación como ésta, como que no es congruente con los principios básicos de auxilio en tiempos de desastre, que es cuando todos debemos de estar más unidos para que nuestro estado siga de pie". Parece que el desconcierto o descontrol imperó a la hora de recibir y atender albergados por la falta de estar prevenidos con todos los servicios que se pudieran necesitar, fue la causa de que ante la indecisión tanto de Protección Civil como del Gobierno del Estado fueran reemplazados por las fuerzas militares, que en buena parte tomaron el control como le sucedió al coronel David Pérez Landeros, coordinador general del improvisado albergue Siglo XXI quien nos comenta: "Los albergues no estaban preparados como para un fenómeno de tamaña naturaleza, ya que el huracán andaba coqueteando de que venía, de que no venía, fue hasta las dos de la tarde cuando tuve la certeza de que sí venía. Siendo los albergues oficiales el Poliforum Zamná y el Polifuncional, estaban preparados para proteger a la gente del sol, pero no para la lluvia y las ráfagas de viento de más de 250 km/h, a mí me avisaron que fuera a checar qué pasaba en el auditorio del Tecnológico, pues parecía que se encontraba gente ahí. Cuando llegué me encontré con 720 personas, la mayoría proveniente de Progreso, sin la supervisión y cuidado de ninguna autoridad sin luz ni agua, ordené al hospital militar que me mandara inmediatamente servicio médico, y a intendencia que mandara personal para seguridad y apoyo, fue a las 10 de la noche cuando el fenómeno comenzó a vencer el techo del lugar, y las lámparas empezaron a caer, me comuniqué de inmediato con el Comandante de la X División, General de División Diplomado de Estado Mayor Felipe Bonilla Espinobarros, a quien le solicité por seguridad de la gente otro albergue. Después de un rato de gestiones me dijo que nos trasladáramos al edificio del Siglo XXI. Así lo hicimos de la manera más pronta, los camiones nos los envió el Ayuntamiento de Mérida, tardándonos una hora para trasladarnos, por la cantidad de árboles y ramas caídas que nos impedían el paso; me impresionó la colaboración que prestaron los Boy Scouts a los soldados, porque a pesar de que la lluvia pagaba con fuerza causando dolor, se bajaban a quitar las ramas grandes que nos bloqueaban totalmente el paso y nos impedían continuar. La gente llegó muy mojada pero inmediatamente la comenzamos a arropar con cobertores que tenía Intendencia. ya habían llegado unas despensas, conseguimos un perol, y en el lugar nos facilitaron platos desechables. Y con eso les servimos arroz con leche, café y galletas que fueron muy bien recibidos al ser el primer alimento después de 12 a 15 horas de ayuno. Todo esto fue posible porque la X Región militar estaba preparada con colchonetas, víveres, medicamentos, cobertores y personal acuartelado desde tres días antes, a la hora que se da el fenómeno estábamos bien organizados. A la hora que se necesitaban los recursos humanos ahí estaban. Diconsa ya tenía víveres, pero no personal porque era domingo, las cabezas estaban alertadas pero qué podían hacer sin el personal de carga y descarga, sin chóferes para repartir los viáticos y sin los mandos medios y bajos".

Como sabemos, un albergue es un lugar prediseñado o improvisado para alojar personas que por alguna circunstancia de fuerza mayor requieren ser alojadas, alimentadas y cobijadas. Las personas que se encontraban en el albergue deben ser consideradas como albergadas y no como damnificadas. porque no todos los albergados son damnificados.

En el albergue del Siglo XXI pudimos contar con la colaboración de ciudadanos como la Sra. Guadalupe Molina de Macari que nos comentó: "la gente que menos tiene es la que más da, vi cómo de un automóvil de condición humilde bajaron ollas de arroz, espaguetti y verduras para cocinar. La gente que tiene rebusca qué dar y de tanto rebuscar termina por no dar nada o muy poco".

En el albergue también encontramos a mucha gente joven que gustosamente brindaba su tiempo y su energía en hacerles pasar un rato agradable que los ayudara a pasar el trago amargo de estar lejos de sus hogares con la incertidumbre de lo que les haya pasado, como la Srita. Adriana Lavalle Zorrilla que nos manifestó: "vengo a alentar a la gente, a darle ánimo y distraerla un poco, tratar de que se olviden aunque sea por unos instantes de esa gran preocupación que los embarga de cómo encontrarán sus viviendas y pertenencias al volver". Estefanía Ayuso Rubio nos dijo: "la gente está desalentada pero ante todo buscan apoyo en Dios y pierden la esperanza de un mañana mejor" ambas pertenecen al Reinum Cristi de los Legionarios de Cristo.

De voluntarias también se encontraban las jóvenes Mariana Cáceres Castro y Sara Lastra García del club Goré que se encargaron de animar juegos con la participación de los niños del lugar. Pero no todo es "jauja", la Sra. Liliana Karam Zoreda, voluntaria de convicción y acción, nos hizo el siguiente comentario: "las personas de Oficialía Mayor del Gobierno del Estado, quienes no hacen nada, sino poner trabas a las acciones de los militares y de los "scouts", se acaban de llevar tres bolsas de toallas que llegaron a este centro como donativos, alegando que son del Gobierno del Estado, y que ellos son los que las van a distribuir. Uno quiere ayudar a la gente pero la ayuda no llega por causa de estas personas. Le pregunté a la persona que estaba metiendo las bolsas a un vehículo VW con logo oficial del Gobierno del Estado cuál sería el destino de las toallas su respuesta fue que las llevarían a las bodegas de ANDSA, que funge como centro de acopio de los donativos para su distribución a los Municipios que más lo necesiten.

Intrigada por la respuesta, me dirigí al lugar indicado entrevistándome con el Sr. Gabriel Cervera Contreras, director de Recursos Humanos de Oficialía Mayor, quien manifestó que la labor que realizan se resume básicamente en coordinar salidas de autobuses de los albergados a sus comunidades, después de recabar la información de las condiciones del lugar para autorizar los viajes. Proveer de cosas de emergencia que no se hayan dado en los donativos. "Andamos bastante bien en nuestra labor, llegaron dos aviones de la ciudad de México con apoyos no perecederos, agua, láminas, azúcar, latería, etc., que ya estamos distribuyendo a los municipios y estos a su vez los distribuyen a las comisarías.

Se canceló el apoyo a las colonias cercanas al Siglo XXI. La gente que se fue a Celestún se fueron con ropa y despensa. Para toda esta labor que ya mencioné cuento con aproximadamente con más de cien personas dedicadas a servir."

El miércoles 25, ya tanto el Polifórum como el Polifuncional no tenían a ningún albergado, sólo el Siglo XXI aún tenía gente, la inmensa mayoría de Celestún que se resistían a regresar a su comunidad después de que varios de ellos volvieron con la noticia de que aún se encontraba inundado el lugar. Ante la insistencia de los de Oficialía Mayor de que retornaran a su lugar, no se hicieron esperar las respuestas de los albergados: "mi mamá se quedó completamente sin casa, ¿a donde vamos a regresar?", "consulten el periódico para que vean las fotos de la situación," y a la promesa de que los apoyos y ayuda llegaría a sus casas pero que no habría quien la recibiera por estar bastante retirados, los celestunenses manifestaron su desacuerdo con frases como estas: "siempre nos prometen la ayuda pero nunca llega, porque cuando llega sólo se benefician los allegados del presidente municipal, las cooperativas y las migajas son las que le dan al pueblo," "no se mueva nadie de aquí, no nos van a sacar." Araly Chaayav Karma, joven voluntaria, les sugirió que formen una comisión de entre ellos que vaya a checar si hay buenas condiciones para en el albergue de Hunucmá a donde los mandarían en caso de que aún se encontrara la ciudad en graves problemas.

El temor de la gente y su desconfianza con las promesas que les estaban ofreciendo se refleja en las palabras de Gladys María Concepción: "no nos queremos ir, nos están sacando, nos van a dejar abandonados" y mucha menos credulidad y más desconfianza expresó Sara Ferráez "entre lodo está mi casa en Celestún, ya fue mi hijo a verla y me dijo que ésta se cayó, gallinas, pavos, cochinos, perros y zorros están flotando por las calles de la ciudad." Las Sras. Gladys María Concepción, Martha Flota Cocom y otras se refugiaron en el área de la cocina gritando que de ahí no las iban a sacar, que se resistían a regresar a un lugar en donde no hay seguridad para ellas y sus hijos.
Ante estas inconformidades me dirigí al director de Desarrollo Institucional de Oficialía Mayor, Sr. Gustavo Monforte, quien me aclaró que el apoyo del albergue es de dos o tres días, no más, y que se les trasladan a lugares más cercanos a sus comunidades; hay un albergue cercano en Hunucmá que ya no tiene gente. "la preparación de los albergues fue buena, pero la gravedad y extensión de los daños no fue predecible, obviamente esto nos trajo confusión que dio pie a errores que fuimos reparando sobre la marcha." Dijo que a pesar de las convocatorias de evacuación la gente no hacía caso, "provocando que se tengan que hacer traslados con el ciclón encima."

El costo político que pudiera ocasionar esta situación lo expresó el pescador Antonio Citán "con estas cosas como la mala organización de los albergues como el del Kukulkán, que en los primeros días no se daba abasto con las provisiones, sin agua, sin luz y muy mal aprovisionado y seleccionado porque se cayeron los vidrios el primer día permitiendo la entrada del agua y la falta de prevención real, nos quitan las ganas de acordarnos del PAN. El gobernador Patrón nos fue a visitar para pedir nuestro voto, pero hoy nos tiene abandonados, no ha venido a vernos y eso sí da tristeza, parece que están copiando las viejas mañas del PRI."

Lo que también se notó es que varios de los colaboradores voluntarios estaban aprovechando la oportunidad y sacando jugo a la tragedia, alebrestando a la gente contra el gobierno de Patricio Patrón Laviada.

Un punto de vista de aceptación religiosa nos la proporcionó Marco Kuk de 70 años de edad y de oficio pescador: "es la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, cuánta pérdida, ni modo, ahora damos gracias a Dios que vivimos, aunque después tengamos que reponer lo perdido. Gracias al señor Gobernador, estamos acá, le agradecemos su ayuda y alojamiento y todo lo que nos ha brindado. Estamos a la espera de poder regresar, ayer unos se fueron y tuvieron que regresar".

(R.B.R. Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2002).

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