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Luego
de causar muerte y desolación a su
paso por la región y dejar a cerca
de un millón de ciudadanos en condiciones
deplorables, el peor huracán que haya
flagelado a la península yucateca en
los últimos 60 años, obliga
a los gobiernos estatal y federal a convocar
en forma solidaria a ponerse en pie de lucha
por la reconstrucción de más
de cien municipios de los tres estados de
la zona sureste, donde "Isidoro"
en forma demoledora siembra el terror y la
angustia durante más de 24 horas y
pone al borde de la histeria y a la intemperie
a los que siempre la naturaleza castiga con
más saña.
No tiene vuelta de hoja, hoy Yucatán
y los yucatecos requieren de la actitud solidaria
de todos los mexicanos ante la peor desgracia
provocada por este descomunal huracán
que ha causado la desolación y el terror
con los vientos de más de doscientos
kilómetros por hora, que a su paso
fueron destruyendo cientos de miles de "casas"
de láminas de cartón, cuando
menos en más de ochenta municipios,
así como la infraestructura y por ende
todos los servicios públicos que van
desde energía eléctrica, agua
potable, las cosechas de más de cien
mil hectáreas de maíz, cítricos,
y por supuesto los relacionados con las industrias
avícola, porcícola y agropecuaria
en general.
No obstante que aún no se aclara,
ni mucho menos se disipa, la gran agresión
que la peor ralea de políticos que
parió Yucatán limpiaron las
arcas públicas al dejar en la bancarrota
a millón y medio de yucatecos, cuando
en este mes de la patria, "Isidoro"
que de hecho se hizo cómplice de estos
depredadores y caciques, le asesta a Yucatán,
o mejor dicho a la península, su demoledor
y destructor ataque con vientos de una fuerza
de más de 200 kilómetros por
hora, que hundió en la desgracia a
la mayoría de los que más sufren
y sienten la falta de vivienda, salud, trabajo,
educación y la impunidad lo que quizás
por esa razón los émulos de
la pandilla cerverraca, como es su costumbre,
se dedicaron a cometer asaltos y pillaje por
medio de sus comercios, en donde cobraban
y lucraban con el dolor humano y las necesidades
de conseguir víveres ante este desastre
natural.
En primer lugar, las autoridades tomaron
medidas para apoyar a los presidentes municipales,
sin distingos de partidos políticos,
y canalizar todos los apoyos que el gobierno
federal, que el presidente de la República,
Vicente Fox, anunció que entregaría
al pueblo yucateco o mejor dicho a los tres
estados peninsulares que sufren este ataque
natural. No en vano luego de poco más
de 24 horas comenzaron a llegar apoyos millonarios
y miles de despensas para entregar a quienes
en verdad han sido las peores víctimas,
o mejor dicho los que vivían antes
en condiciones deplorables, y hoy con esto
viven o sobreviven en condiciones miserables
y de emergencia, porque no sólo perdieron
su único patrimonio sino a veces hasta
su empleo y, pocos, a sus familiares.
Y esto lo decimos aun cuando se sabe que,
como consecuencia del huracán, han
muerto cuando menos unas siete u ocho personas
y decenas estás desaparecidas, principalmente
pescadores y campesinos del sur del estado,
en la zona de Tekax y colindancias con Campeche,
ahí en las inmediaciones de Huntochac,
donde hay entrampados muchos humildes agricultores,
al igual que otros municipios como Río
Lagartos, quizá el más dañado,
San Felipe, Acanceh, Tecoh y Kanasín,
o bien en la zona costera en donde se perdieron
o están muertos ya, pero esto nadie
lo puede saber sino hasta que transcurran
los próximos días que serán
para despejar la incógnita de si se
los tragó el mar, cuyas olas alcanzaban
hasta tres y cuatro metros, o la providencia
los protegió y se encuentran sanos
y salvos.
"Se lució" Isidoro al dejar
en la ruina a miles de yucatecos, ya que en
verdad a lo largo de los últimos diez
huracanes que azotaron a Yucatán en
más de sesenta años, ninguno
había llegado aquí con la fuerza
demoníaca con que éste entró
golpeando y agrediendo a centenares de comercios,
casas de mampostería y la mayoría,
que son las de ripio, cartón y láminas
de zinc o bien comunidades que si de por sí
vivían marginadas, hoy en tanto les
llega la ayuda directa, sin que metan las
manos los eternos ladrones de la cosa pública.
Los gobiernos estatal y federal han montado
todo un operativo de abastos que así
le tapa la boca a los criminales "rumorólogos"
adictos al cerverismo, quienes han montado
una caricatura de centro de acopio en el Congreso
del Estado, en donde están atrincherados
verdaderos gamberros de la política.
En efecto, tan sólo Mérida,
la ciudad que más fue golpeada por
Isidoro, tiene aproximadamente 350 colonias
y no hay una que no haya resentido daños
graves, luego de que con "crueldad refinada"
el huracán se desplazaba a siete kilómetros
por hora y sus vientos con remolinos o aspas
arrasaron con todo, dejando sin energía
eléctrica a toda la entidad, destechando
miles de casas y arrancando de cuajo otros
miles de árboles y de hecho paralizó
toda actividad durante las siguientes 72 horas,
en que tanto el gobierno del estado, como
el gobierno federal así como la solidaridad
de naciones como Alemania, Canadá y
miles de yucatecos que viven en Estados Unidos
empezaron a mandar ayuda al pueblo.
Lástima que no podamos decir lo mismo
de los grandes sinvergüenzas que disfrazados
de muy católicos y atrincherados en
organizaciones de comercio o empresariales,
no han tenido empacho en dedicarse a atacar
al gobierno del Estado, pues digan lo que
digan el gobernador Patricio Patrón
Laviada se graduó de jefe del Ejecutivo
porque agarró al toro por los cuernos
atajando los ataques abiertos, y disfrazados,
de una clase hipócrita y canalla que
antepone sus intereses personales o particulares,
dándole la espalda al pueblo damnificado
que suman cientos de miles.
No se exagera cuando se apunta que Yucatán
por hoy está en pie de lucha, en forma
solidaria, para levantarse del golpe que le
asestó este fenómeno atmosférico
que a su paso pareciera que quería
quedarse a vivir aquí, afectando la
vida de más de millón y medio
de yucatecos.
Podemos afirmar sin exageración que
los daños son incuantificables, ya
que tal y como dice el gobernador, son millones
de dólares o de millones de pesos mexicanos
los que se van a necesitar para la reconstrucción
de más de ochenta o cien mil viviendas,
reforestar los casi cien municipios que perdieron
más del setenta por ciento de su vegetación,
así como reponerse de los embates de
los torrenciales aguaceros que dejó
a su paso y que de hecho son las lluvias más
tupidas y graves que han caído en muchos
lustros sobre Yucatán y que lograron
hacer, tal y como dijo el gobernador Patrón
Laviada, de ocho veces más grave que
lo que dejó a su paso otro criminal
de nombre Gilberto que en 1988 acabó
con las grandes mansiones de los que tenían
o tienen casa en la costa y que sólo
dos meses al año usan en tanto que
cerca de millón y medio de yucatecos
el sistema los ha tenido en forma permanente
como damnificados, por el saqueo y la rapiña
en que gobernaron los sátrapas que
se fueron, ojalá, para nunca más
volver.
Si hacemos un balance de lo que han declarado
los expertos en estos deplorables hechos,
se llega a la conclusión de que gracias
a la acción del gobierno del estado
y las enérgicas medidas del gobernador
Patricio Patrón Laviada, quien ordenó
evacuar a más de ochenta mil ciudadanos
que vivían no sólo en la costa
principalmente en Río Lagartos, San
Felipe, Progreso, Chelem, Sisal y Celestún,
sino también en docenas de pueblos,
los daños únicamente fueron
materiales y las víctimas fueron entre
ocho o diez personas, hasta el momento, ya
que si esto no se hubiese aplicado así
como la valiosa acción del ejército
y todos los elementos y voluntarios que participaron
quizás a estas alturas estuviéramos
lamentando cientos de víctimas. Afortunadamente
la intervención oportuna evitó
mayores daños.
Se pone de manifiesto una vez más
que no hay ni la más remota idea por
parte del pueblo de lo que significa estar
en estado alerta ante los embates de la naturaleza,
ya que al principio había resistencia
por parte de gente ignorante; y si a esto
le agrega uno las acciones criminales de políticos
sin escrúpulos que queriendo usar a
los pobres como carne de política,
los azuzaban para hacer sus borlotes y llevar
a cabo acciones dignas de delincuentes y canallas
como los que aprovechando las sombras de la
noche y a bordo de camionetas y con potentes
lámparas cruzaban por fraccionamientos
y colonias o en los comercios para llevar
a cabo sus acciones de pillaje dándose
el caso de que hubo cuando menos una veintena
de detenidos robando, o bien la vergonzosa
actitud de una diputada de apellido Ortega
Pacheco -y para más señas sobrina
del ex gobernador ilegal- que fue acusada
de rata de dos patas -ella y a su camarilla,
del robo de despensas- por el presidente municipal
de Dzemul.
El pueblo yucateco, hoy en una actitud que
le honra, está juntando esfuerzos solidarios
para seguir en pie de lucha y levantar al
Estado, junto con el apoyo del gobierno de
Patricio Patrón Laviada y el del presidente
Vicente Fox, así como los organismos
Comisión Federal de Electricidad, trabajadores
de Obras Políticas y la decisión
de los presidentes municipales de unírseles,
olvidándose de políticas criminales
o baratas, para reconstruir lo dañado.
De esta forma, los daños que sufrió
la infraestructura eléctrica, la agricultura,
la pesca, la avicultura, donde por cierto
los dueños que como siempre son los
primeros en ser recibidos por las autoridades,
también deben tomar conciencia de que
miles de pobres y marginados lo poco que tenían
lo perdieron y con eso no se hace negocio
ni se juega con el hambre, porque ésta
es de verdad; o bien los industriales y empresarios
o banqueros que aun cuando es difícil
deben abrir sus corazones si tienen y unirse
a Yucatán para salir adelante, ya que
el gobierno o el estado no debe ir solo en
el rescate de Yucatán y su economía,
sino que es obligación moral de todos
apoyar para sacar a flote la economía.
Y el ejemplo de que siempre se puede más
lo están dando los ciudadanos de otros
países y gobiernos de varios estados
de la República, así como compatriotas
que ya están enviando apoyos a los
damnificados de Yucatán.
Asimismo, tomar conciencia que de no hacerlo
hay la amenaza de que se desaten epidemias
de cólera, enfermedades gastrointestinales
y por si fuera poco el dengue, ya que han
comenzado a brotar enjambres de moscos portadores
de esta enfermedad y las moscas, las que hacen
tanto daño como los políticos
corruptos o empresarios o millonarios "cristianos",
algunos de ellos farsantes y ladrones. Vale.
(F.A.C., Mérida, Yucatán, Méx.,
septiembre de 2002)
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