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Mérida, Yucatán, México

Edición 675 del viernes 27 de Septiembre de 2002

Semanario de Información y Análisis Político

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Los saldos de "Isidoro"

Por Franklin Alonzo Cabrera

Luego de causar muerte y desolación a su paso por la región y dejar a cerca de un millón de ciudadanos en condiciones deplorables, el peor huracán que haya flagelado a la península yucateca en los últimos 60 años, obliga a los gobiernos estatal y federal a convocar en forma solidaria a ponerse en pie de lucha por la reconstrucción de más de cien municipios de los tres estados de la zona sureste, donde "Isidoro" en forma demoledora siembra el terror y la angustia durante más de 24 horas y pone al borde de la histeria y a la intemperie a los que siempre la naturaleza castiga con más saña.

No tiene vuelta de hoja, hoy Yucatán y los yucatecos requieren de la actitud solidaria de todos los mexicanos ante la peor desgracia provocada por este descomunal huracán que ha causado la desolación y el terror con los vientos de más de doscientos kilómetros por hora, que a su paso fueron destruyendo cientos de miles de "casas" de láminas de cartón, cuando menos en más de ochenta municipios, así como la infraestructura y por ende todos los servicios públicos que van desde energía eléctrica, agua potable, las cosechas de más de cien mil hectáreas de maíz, cítricos, y por supuesto los relacionados con las industrias avícola, porcícola y agropecuaria en general.

No obstante que aún no se aclara, ni mucho menos se disipa, la gran agresión que la peor ralea de políticos que parió Yucatán limpiaron las arcas públicas al dejar en la bancarrota a millón y medio de yucatecos, cuando en este mes de la patria, "Isidoro" que de hecho se hizo cómplice de estos depredadores y caciques, le asesta a Yucatán, o mejor dicho a la península, su demoledor y destructor ataque con vientos de una fuerza de más de 200 kilómetros por hora, que hundió en la desgracia a la mayoría de los que más sufren y sienten la falta de vivienda, salud, trabajo, educación y la impunidad lo que quizás por esa razón los émulos de la pandilla cerverraca, como es su costumbre, se dedicaron a cometer asaltos y pillaje por medio de sus comercios, en donde cobraban y lucraban con el dolor humano y las necesidades de conseguir víveres ante este desastre natural.

En primer lugar, las autoridades tomaron medidas para apoyar a los presidentes municipales, sin distingos de partidos políticos, y canalizar todos los apoyos que el gobierno federal, que el presidente de la República, Vicente Fox, anunció que entregaría al pueblo yucateco o mejor dicho a los tres estados peninsulares que sufren este ataque natural. No en vano luego de poco más de 24 horas comenzaron a llegar apoyos millonarios y miles de despensas para entregar a quienes en verdad han sido las peores víctimas, o mejor dicho los que vivían antes en condiciones deplorables, y hoy con esto viven o sobreviven en condiciones miserables y de emergencia, porque no sólo perdieron su único patrimonio sino a veces hasta su empleo y, pocos, a sus familiares.

Y esto lo decimos aun cuando se sabe que, como consecuencia del huracán, han muerto cuando menos unas siete u ocho personas y decenas estás desaparecidas, principalmente pescadores y campesinos del sur del estado, en la zona de Tekax y colindancias con Campeche, ahí en las inmediaciones de Huntochac, donde hay entrampados muchos humildes agricultores, al igual que otros municipios como Río Lagartos, quizá el más dañado, San Felipe, Acanceh, Tecoh y Kanasín, o bien en la zona costera en donde se perdieron o están muertos ya, pero esto nadie lo puede saber sino hasta que transcurran los próximos días que serán para despejar la incógnita de si se los tragó el mar, cuyas olas alcanzaban hasta tres y cuatro metros, o la providencia los protegió y se encuentran sanos y salvos.

"Se lució" Isidoro al dejar en la ruina a miles de yucatecos, ya que en verdad a lo largo de los últimos diez huracanes que azotaron a Yucatán en más de sesenta años, ninguno había llegado aquí con la fuerza demoníaca con que éste entró golpeando y agrediendo a centenares de comercios, casas de mampostería y la mayoría, que son las de ripio, cartón y láminas de zinc o bien comunidades que si de por sí vivían marginadas, hoy en tanto les llega la ayuda directa, sin que metan las manos los eternos ladrones de la cosa pública. Los gobiernos estatal y federal han montado todo un operativo de abastos que así le tapa la boca a los criminales "rumorólogos" adictos al cerverismo, quienes han montado una caricatura de centro de acopio en el Congreso del Estado, en donde están atrincherados verdaderos gamberros de la política.

En efecto, tan sólo Mérida, la ciudad que más fue golpeada por Isidoro, tiene aproximadamente 350 colonias y no hay una que no haya resentido daños graves, luego de que con "crueldad refinada" el huracán se desplazaba a siete kilómetros por hora y sus vientos con remolinos o aspas arrasaron con todo, dejando sin energía eléctrica a toda la entidad, destechando miles de casas y arrancando de cuajo otros miles de árboles y de hecho paralizó toda actividad durante las siguientes 72 horas, en que tanto el gobierno del estado, como el gobierno federal así como la solidaridad de naciones como Alemania, Canadá y miles de yucatecos que viven en Estados Unidos empezaron a mandar ayuda al pueblo.

Lástima que no podamos decir lo mismo de los grandes sinvergüenzas que disfrazados de muy católicos y atrincherados en organizaciones de comercio o empresariales, no han tenido empacho en dedicarse a atacar al gobierno del Estado, pues digan lo que digan el gobernador Patricio Patrón Laviada se graduó de jefe del Ejecutivo porque agarró al toro por los cuernos atajando los ataques abiertos, y disfrazados, de una clase hipócrita y canalla que antepone sus intereses personales o particulares, dándole la espalda al pueblo damnificado que suman cientos de miles.

No se exagera cuando se apunta que Yucatán por hoy está en pie de lucha, en forma solidaria, para levantarse del golpe que le asestó este fenómeno atmosférico que a su paso pareciera que quería quedarse a vivir aquí, afectando la vida de más de millón y medio de yucatecos.

Podemos afirmar sin exageración que los daños son incuantificables, ya que tal y como dice el gobernador, son millones de dólares o de millones de pesos mexicanos los que se van a necesitar para la reconstrucción de más de ochenta o cien mil viviendas, reforestar los casi cien municipios que perdieron más del setenta por ciento de su vegetación, así como reponerse de los embates de los torrenciales aguaceros que dejó a su paso y que de hecho son las lluvias más tupidas y graves que han caído en muchos lustros sobre Yucatán y que lograron hacer, tal y como dijo el gobernador Patrón Laviada, de ocho veces más grave que lo que dejó a su paso otro criminal de nombre Gilberto que en 1988 acabó con las grandes mansiones de los que tenían o tienen casa en la costa y que sólo dos meses al año usan en tanto que cerca de millón y medio de yucatecos el sistema los ha tenido en forma permanente como damnificados, por el saqueo y la rapiña en que gobernaron los sátrapas que se fueron, ojalá, para nunca más volver.

Si hacemos un balance de lo que han declarado los expertos en estos deplorables hechos, se llega a la conclusión de que gracias a la acción del gobierno del estado y las enérgicas medidas del gobernador Patricio Patrón Laviada, quien ordenó evacuar a más de ochenta mil ciudadanos que vivían no sólo en la costa principalmente en Río Lagartos, San Felipe, Progreso, Chelem, Sisal y Celestún, sino también en docenas de pueblos, los daños únicamente fueron materiales y las víctimas fueron entre ocho o diez personas, hasta el momento, ya que si esto no se hubiese aplicado así como la valiosa acción del ejército y todos los elementos y voluntarios que participaron quizás a estas alturas estuviéramos lamentando cientos de víctimas. Afortunadamente la intervención oportuna evitó mayores daños.

Se pone de manifiesto una vez más que no hay ni la más remota idea por parte del pueblo de lo que significa estar en estado alerta ante los embates de la naturaleza, ya que al principio había resistencia por parte de gente ignorante; y si a esto le agrega uno las acciones criminales de políticos sin escrúpulos que queriendo usar a los pobres como carne de política, los azuzaban para hacer sus borlotes y llevar a cabo acciones dignas de delincuentes y canallas como los que aprovechando las sombras de la noche y a bordo de camionetas y con potentes lámparas cruzaban por fraccionamientos y colonias o en los comercios para llevar a cabo sus acciones de pillaje dándose el caso de que hubo cuando menos una veintena de detenidos robando, o bien la vergonzosa actitud de una diputada de apellido Ortega Pacheco -y para más señas sobrina del ex gobernador ilegal- que fue acusada de rata de dos patas -ella y a su camarilla, del robo de despensas- por el presidente municipal de Dzemul.

El pueblo yucateco, hoy en una actitud que le honra, está juntando esfuerzos solidarios para seguir en pie de lucha y levantar al Estado, junto con el apoyo del gobierno de Patricio Patrón Laviada y el del presidente Vicente Fox, así como los organismos Comisión Federal de Electricidad, trabajadores de Obras Políticas y la decisión de los presidentes municipales de unírseles, olvidándose de políticas criminales o baratas, para reconstruir lo dañado.

De esta forma, los daños que sufrió la infraestructura eléctrica, la agricultura, la pesca, la avicultura, donde por cierto los dueños que como siempre son los primeros en ser recibidos por las autoridades, también deben tomar conciencia de que miles de pobres y marginados lo poco que tenían lo perdieron y con eso no se hace negocio ni se juega con el hambre, porque ésta es de verdad; o bien los industriales y empresarios o banqueros que aun cuando es difícil deben abrir sus corazones si tienen y unirse a Yucatán para salir adelante, ya que el gobierno o el estado no debe ir solo en el rescate de Yucatán y su economía, sino que es obligación moral de todos apoyar para sacar a flote la economía. Y el ejemplo de que siempre se puede más lo están dando los ciudadanos de otros países y gobiernos de varios estados de la República, así como compatriotas que ya están enviando apoyos a los damnificados de Yucatán.

Asimismo, tomar conciencia que de no hacerlo hay la amenaza de que se desaten epidemias de cólera, enfermedades gastrointestinales y por si fuera poco el dengue, ya que han comenzado a brotar enjambres de moscos portadores de esta enfermedad y las moscas, las que hacen tanto daño como los políticos corruptos o empresarios o millonarios "cristianos", algunos de ellos farsantes y ladrones. Vale.

(F.A.C., Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2002)

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