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Mérida, Yucatán, México

Edición 675 del viernes 27 de Septiembre de 2002

Semanario de Información y Análisis Político

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Hubieron dos huracanes...

Por Gabriel A. Salomón González

Desde semanas antes, el gobierno del Estado avisó de la llegada del huracán Isidoro. Su trayectoria sería la Península de Yucatán y sin duda alguna fue el huracán más devastador en los últimos 50 años; la destrucción fue mayúscula por la fuerza y principalmente su lentitud, su baja velocidad de desplazamiento. El viernes 20 de septiembre se hace oficial su inevitable presencia en el Estado, el plan de contingencia para huracanes estaba en marcha, el sábado 22 en conferencia de prensa el gobernador Patrón Laviada da a conocer las medidas a tomar, se ve un Salón de los Retratos lleno de periodistas, pero algunos todavía estaban incrédulos por la aparente tranquilidad que imperaba. Al gobernador Patrón Laviada se le notaba preocupado por la lentitud con que este meteoro avanzaba…

El domingo 22 de septiembre llega a las costas yucatecas, empezando uno de los destrozos más considerables que se han resentido. Entra por mar en los puertos de Río Lagartos y San Felipe, para después tomar el camino de Motul, Tixkokob, Tizimín, Tixpéual, Ticul, Temax y Mérida, aunque afectó a los 106 municipios se ve una mayor destrucción en esos. Desde el sábado hasta el día de hoy, Patricio Patrón Laviada ha dado muestras del compromiso que tiene, no durmió bien por más de 4 días seguidos y ha estado presente en los diferentes puntos para constatar el mal que dejó Isidoro; también sus demás integrantes del gabinete han estado presentes.

La luz y el agua se suspendieron, la luz en un 90% y el agua al 80%, en el primer día, para el miércoles 25 de septiembre se hablaba de un 65% de luz y un 30% sin este servicio. Los meridanos han sentido lo que un fenómeno natural puede hacer y lo que realza al pueblo yucateco es su espíritu de humanidad y solidaridad, mujeres y hombres que en conjunto han sacado palas, machetes y escobas para limpiar sus calles mostrando que a Yucatán se le considera solidario y fraterno, ayudando al vecino y a quienes más necesitan.

El gobierno del Estado envió el lunes despensas a los municipios, además de dinero en efectivo para poder subsanar las necesidades básicas que padecían por los efectos del meteoro.

Pero en los recorridos por los municipios pudimos percatarnos que ex-alcaldes y alcaldes han aprovechado una desgracia humana para llevar agua a su molino, confrontando gente de las comunidades, sembrando la incertidumbre y la inconformidad por ser de fracción partidista diferente, específicamente del tristemente célebre PRI, que siempre ha tenido como característica usar a la gente para lograr sus fines; además, hablando mal del gobierno actual, cuando ellos no hacen nada por su propia gente. También mandan personas al Palacio de Gobierno para montar escenas.

No es momento para que esa gente siga aprovechándose de la nobleza de nuestro pueblo. En esta hora difícil, el otro huracán se llamó PRI, aquel que se fue hace mucho tiempo para no volver jamás, sobre todo si se sabe hoy en día que más de 100,000 familias yucatecas están damnificadas y se habla de un 40% de la población que necesita asistencia, pero no es posible atender a todos, por más que el gobierno tenga esa firme intención.

Lo que sí está claro es la presencia de un presidente de la República que llegó el lunes 23 a entregar apoyos y a ofrecer todo el respaldo federal al pueblo yucateco. El miércoles 25, el retorno de Josefina Vázquez Mota, secretaria de Desarrollo Social, quien fue la comisionada para otorgar todos los apoyos que se requieran, con una ayuda de 60,000 despensas diarias hasta que se regularicen las cosas, agua, cobertores y láminas, además de una aportación a la vivienda adicional, con una primera parte de 50 millones. La titular de Desarrollo Social, a su arribo a Mérida hizo un recorrido por helicóptero para evaluar la magnitud de esta catástrofe natural. Estuvo en el sur de la ciudad y en la comunidad meridana de Yaxnic.

El gobierno no puede hacerlo todo sin la ayuda de toda la gente. Se trabaja a 1000 por hora y no se escatimará ni un centavo ni un minuto para que los damnificados sean atendidos.

(G.A.S.G. Mérida, Yucatán, septiembre de 2002).

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