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¿Un pasado que retorna?
La
prensa de todo el mundo tienen la misión de transmitir al
público los hechos que ocurren en su entorno; siempre se
pide a las autoridades que otorguen las facilidades a los periodistas
para que estos puedan realizar su trabajo sin contratiempos.
El
martes pasado en el Aeropuerto Internacional de la ciudad de Mérida,
un reportero del Diario de Yucatán fue privado de su libertad
y maltratado sin una causa justificada.
Una vez más sale a relucir la agresión hacia los compañeros
del medio, emergen actitudes que, creíamos, estaban relegándose
para permitir que la verdad y la información afloren, cosas
que creíamos habían quedado en el pasado.
La
actitud de los llamados "agentes" de la Policía
Federal Preventiva no es más que una señal de que
todavía quedan resquicios de prepotencia e intolerancia en
ciertos sujetos que se dicen "servidores públicos",
así sean de la PFP.
El
acercarse hacia una mujer que mostraba varias fotografías
de una niña aparentemente secuestrada, fue el pecado que
cometió el reportero del Diario de Yucatán para ser
detenido y maltratado por los "valientes" uniformados.
El argumento de uno de los "gorilas" que participó
en la agresión fue: "muchos terroristas utilizan credenciales
falsas de periodistas". Además osó decir que
"los periodistas siempre son prepotentes y quieren gozar de
impunidad". ¿Hablaba de los periodistas o de sí
mismo?
En
estos tiempos de cambio, de renovación en todos los ámbitos,
es lamentable las actitudes como ésta, que únicamente
dejan entrever el pobre conocimiento del trato y relaciones humanas
de ciertos sujetos que están para servir y no para perjudicar
a quienes contribuyen a sus sueldos, es decir, la ciudadanía.
También
es lamentable el hecho de que el comandante de la PFP en la terminal
aérea, de nombre Rogelio Sánchez, hiciera caso omiso
a la solicitud de la primera autoridad del Estado, Patricio Patrón
Laviada, cuando identificó al reportero como parte de su
comitiva de prensa e intervino para pedir la libertad del agredido,
ante lo que fue un auténtico atropello a la labor periodística.
El colmo, ni al Gobernador, respetan. Patricio tuvo que llamar a
la Ciudad de México para lograr la libertad del reportero.
Así
las cosas, la labor periodística se topa una vez más
con pedruscos que es necesario convertir en polvo o bien, hacer
a un lado, pues no contribuyen en nada benéfico a nuestro
entorno y sí en cambio le hacen la vida más pesada
a quienes nada debemos. Ojo, reporteros de la fuente aeroportuaria,
¡no los vayan a confundir con terroristas!
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