|
"Yo quiero ser como Silvana, me gusta vestirme como ella",
expresaba emocionada Laurita Díaz, de 8 años, quien
se encontraba, junto con su mamá doña María
Sánchez en la larga fila formada a las puertas de Grupo Sipse,
calle 60 entre 41 y 43, en días pasados, para meter sus papeles
en respuesta a la convocatoria que la empresa mexicana Televisión
Vía Satélite (Televisa) hiciera en red nacional para
buscar "nuevos valores" de la actuación y la cantada:
Código Fama.
Desde
antes de las 8 de la mañana -la hora de la cita era a las
10 a.m. y hasta la una de la tarde, único día-, cientos
de padres e hijos se formaban en una larga "cola" -casi
llegaba a la 43- a la para recibir sus fichas y que los niños
-de 8 a 13 años, el requisito- pudieran "audicionar",
es decir, mostrar sus dotes -baile y canto-, ante un grupo de expertos
en la materia, quienes les esperaban en las instalaciones de la
televisora local. Algunas familias incluso llevaron sillas y las
colocaron frente a Sipse para esperar con relativa comodidad el
turno de sus niños para pasar a "audicionar".
Los
interesados recibieron un formato que debían llenar con sus
datos personales, el cual debían entregar junto con sus papeles
-copia del acta de nacimiento y de las calificaciones de la escuela-
cuando les tocara su turno. Voceros de la televisora indicaron que
asistieron más de 800 niños.
Llamó
poderosamente la atención que las familias procedían
de todas clases sociales. Hubo quienes fueron en autobús
y se bajaron en las confluencias de las calles 60 x 43 y 60 x 41,
y también quienes arribaron al lugar en motos y hasta en
lujosos automóviles y descendían a las puertas de
Sipse. No faltaron quienes venían de lugares como Progreso
y Motul.
"Fabián",
un chico rubio de las nuevas caras infantiles de "El Canal
de las Estrellas", transmitía en vivo y en directo lo
que acontecía en las audiciones y a las fueras de Sipse Televisión.
No fueron pocas las niñas que al ver al larguirucho jovencito
quedaran entusiasmadas con su presencia y vertieran toda clase de
elogios hacia su persona.
"Y
recuerda...", expresaba con enjundia "Fabián"
apuntando con el índice hacia la lente de la cámara
de televisión durante la transmisión a las fueras
de Sipse, al tiempo que muchas niñas intentaban acercarse
a él y abrazarlo o, por lo menos, tocarlo.
Un
sujeto alto de aspecto fuereño custodiaba la entrada a la
televisora y con estentórea voz invitaba a la gente a no
bloquear el acceso e invitaba a quienes tenían sus fichas
con determinados números, a que se formaran a un lado y esperaran
el aviso para poder ingresar al inmueble.
No
todos obedecían las indicaciones del hombre -al parecer originario
del altiplano. Muchos se arremolinaban a las puertas de la televisora
buscando a través de las rejas atisbar algo de lo que ocurría
adentro con quienes pasaban a demostrar sus dotes de canto y baile.
"¿En
qué quedamos, señora?", increpaba molesto el
siniestro personaje que actuaba de portero a una joven mamá
que, ansiosa, y sin importarle el llamado a despejar la zona de
acceso, se interponía en el camino del tipo con el fin de
poder mirar a su hija a través de las rejas.
Es
notable la influencia que los medios electrónicos de comunicación,
en este caso, la televisión abierta, ejerce sobre las mentes
de los pequeños y sus padres. En muchos casos, resulta hasta
cierto punto perjudicial el contacto que los menores tienen con
infinidad de material violento, el cual puede palparse en caricaturas
y novelas incluso de corte infantil. El fenómeno puede apreciarse
con mayor claridad en los primeros años de vida del menor.
A veces el hijo o hija cómo adopta ciertas poses o actitudes
que, en la mayoría de los casos, corresponden en realidad
a la personalidad y comportamiento de un adulto, producto final
de horas y horas de programación por TV. Es precisamente
esta influencia lo que orilló a varios niños -según
palabras de varios de los mismos- a participar en la convocatoria
de Televisa. Varios fueron los comentarios:
"Yo
quiero participar porque me gusta mucho cantar y bailar. Me gustaría
salir en televisión", manifestó Ivette Coronado.
"Me gustaría ser como Luis Miguel": César
Gómez García.
"Vine porque quiero ser famoso": Arturo Yam Celis.
"Quiero actuar como las de la novela Clase 406", Cecilia
Zapata.
"Hace rato que estoy aquí con mi mamá y quiero
que ya me toque entrar. Estoy nervioso": Arturo Ojeda Chin.
Y las
mamás que opinaron -fueron pocos papás, por obvias
razones laborales:
"No
la obligué a venir, mi hija Mariana me estuvo insistiendo
para venir y preparamos una canción para ella. Aquí
tengo el CD para que la cante: es un tema de Shakira", comentó
Celia Méndez Rodríguez, que desde las 8:30 de la mañana
hacía fila.
"Mi
hijo Oscar es muy bailador y le llama la conducción. Él
quiso venir, prácticamente me trajo arrastrando hasta aquí":
Cecilia Cocom Zapata.
"Respeto lo que mi hija desee, pero le puse como condición
de que me saque buenas calificaciones, si no, no hay nada":
Ofelia González Alcocer.
"Mi hija vio la convocatoria por televisión y no dejó
de decirme que quería venir aquí. Le preparé,
con la ayuda de un muchacho que sabe de baile, una pequeña
coreografía": Mercedes Hernández Maas.
Aunque
eran risas y nerviosismo al principio, una vez que salían
del edificio sus caras eran otras: algunas reflejaban alegría,
otras mucha seriedad y unas más, confusión:
"La
mamá de Angela, la mamá de Angela", gritaba el
vigilante junto a la niña que había salido de las
instalaciones. "El papá de Francisco, el papá
de Francisco", volvía nuevamente.
"A
mí no me hicieron audición", señaló
Andrés Peña, de 8 años de edad, "pasé
a una mesa con varias personas y me pidieron que cantara un pedacito
de una canción y luego me dijeron que eso era todo, que luego
me avisaban", relató.
Inés
Concha contó: "la audición era pasar a una mesa
con varias personas y pedían que cantaras una pedazo de canción
y la bailaras. Hubo varias fases allí adentro y al final
nos hicieron bailar el tema de Código Fama".
"A
mí me dijeron que lo hice bien y que me van a avisar en enero.
De salir seleccionada, me iría a México para preparación",
mencionó emocionada Sarita Velázquez Irabién.
Código Fama tuvo respuesta en Mérida, sin duda alguna.
Apreciamos el poder que la televisión tiene en los niños
y que, en este caso, el interés pretendido es forjar a las
nuevas estrellas del mundanal espacio del espectáculo. Cabría
preguntarse si a la postre, las consecuencias a mediano y largo
plazos serán positivas para todos.
(Humberto
Acevedo Manzanilla).
|