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Hace poco
escuchamos las opiniones de los políticos priístas Heladio
Ramírez, Rafael Rodríguez Barrera, Enrique Jackson y
Dulce Ma. Sauri, respecto a la difícil situación en
que se encuentran los campesinos de nuestra patria y el anuncio de
que formaran un bloque para "defender al campo mexicano";
porque, según ellos, los actuales integrantes del gobierno
de Fox están muy alejados de los problemas del medio rural.
Lo que nos ha llamado la atención es que estos políticos,
así nomás, sin analizar a fondo sus palabras, traten
de culpabilizar de la parálisis que vive el campo, al gobierno
panista.
Ante
sus falsos razonamientos, trataremos de hacer un rápido análisis
de la forma que, a lo largo del siglo XX, la dictadura priísta
aplicó sus proyectos agrícolas; hasta dejar completamente
postrado y arruinado al campo mexicano y, a sus habitantes, viviendo
una miseria peor que la del porfiriato.
Recordemos
primero que la dignidad del hombre no depende de la tierra que posea,
sino de su libertad para trabajar, de su individualidad, del uso
que pueda hacer de sus derechos constitucionales, de su derecho
a vivir con seguridad; contando con un techo firme, en donde sus
hijos puedan tener la oportunidad de educarse.
Pensamos
que ninguna de estas condiciones se dio en la mayor parte de las
zonas rurales y a lo largo del tiempo que el PRI "administró"
el país. Rememore Dña. Dulce Ma. Sauri, una de las
más acérrimas críticas del gobierno foxista,
la forma en que fueron tratados los pequeños propietarios
henequeneros, cuando ella fue titular del Poder Ejecutivo estatal.
La falta de libertad para trabajar, el hostigamiento de que fueron
víctimas dichos agricultores, incluso para transportar su
propio henequén y en sus propias haciendas; el acoso y la
corrupción de los inspectores del Depto. de Henequén
que expedían las guías de transporte y la vigilancia
anticonstitucional en las labores agrícolas henequeneras;
fueron causa fundamental de la debacle de esta industria, en la
que ella tuvo ingerencia importante.
Durante
años, las políticas agrarias del priato fueron manejadas
desde los escritorios y aplicadas según los caprichos de
los políticos en turno. En las tierras ejidales es innegable
que, siempre estuvieron presentes la demagogia y los criterios políticos,
y que nunca fueron escuchadas las advertencias de expertos agrícolas
y económicos; lo que trajo como consecuencia que hoy dependamos
del exterior para comer.
Durante demasiados años -y esto lo saben bien estos políticos
criticones-, la tierra en México fue utilizada como bandera
de lucha por políticos corruptos, por intelectualoides de
izquierda inescrupulosos y por líderes campesinos ambiciosos.
La mayoría se enriquecieron a expensas de la masa campesina
que decían representar y, nunca les importó, que los
verdaderos agricultores se hundieran en la miseria y la marginación.
A lo largo del priato - y esto seguramente no lo habrán olvidado
quienes hoy critican tan desenfadadamente a Fox- la tierra sirvió
de pretexto para los fraudes y el control político de su
partido.
La amplia corrupción que imperó entre caciques, comisarios
ejidales y funcionarios que "asesoraban" a los ejidatarios,
logró que la Revolución Mexicana -aquella de la "Tierra
y Libertad" con que soñó Emiliano Zapata-, se
convirtiera, al paso del tiempo, en un agrarismo demagógico
que no sacó del atraso a México ni a los mexicanos.
Las auténticas unidades agroindustriales -como fueron las
haciendas durante el porfiriato- fueron expropiadas y repartidas
inmisericordemente, en aras de una mal planeada reforma agraria
que, si hubiese conservado los sistemas de trabajo de los hacendados
-algunos muy avanzados para su tiempo- aunque cuidando la aplicación
de la justicia social, quizá nuestros campesinos ya hubieran
salido de su pobreza ancestral.
Desgraciadamente, la política agraria se convirtió
en botín para muchos políticos priístas. La
imposición de precios topes, la importación de productos
agrícolas a precios muy por debajo a los producidos en México
-negociazo que realizaron infinidad de funcionarios de las secretarías
de Agricultura, Reforma Agraria y Comercio- y cultivos intencionalmente
mal planeados para lograr desfalcos enormes que llenaran las bolsas
de quienes los "dirigían"; hicieron naufragar la
política agraria del sistema priísta, llevando al
campo mexicano a un atraso de cuando menos cincuenta años,
respecto a países como EU.. El resultado del fracaso son
los 40 millones de braceros que hoy viven en los EU. y Canadá.
Los legisladores y políticos priístas, que antes nunca
criticaron la actuación de su partido y que hoy están
enfermos de amnesia, debieran recordar que, a lo largo de setenta
años, utilizaron a esos campesinos que ahora anuncian que
van a defender; para acarreos, para cargar las pancartas del PRI
y sus satélites o para realizar exhibiciones de hipocresía
y demagogia política, como tantas veces hizo Cervera Pacheco
en sus famosas reparticiones de bicicletas y lavadoras. Si verdaderamente
desean la prosperidad de México, deben comenzar por reconocer
que su partido es el principal culpable del abandono y la parálisis
que actualmente vive el campo.
Quienes hemos trabajado a lo largo de nuestra vida la tierra, sabemos
bien que los fracasos en el ámbito de la agricultura, no
se dan de un día para otro sino que son consecuencia de la
irresponsabilidad, la mala planeación, la corrupción
o la flojera. El fracaso y la parálisis tardan años
en manifestarse. Por tanto, es indigno y falto de ética,
tratar de responsabilizar a un gobierno de los errores que, a pulso,
otro cometió; más aún cuando fueron conspicuos
colaboradores del régimen caído.
Vicente Fox se enfrenta hoy al reto de lograr que, quien se dedique
al campo, tenga derecho a recibir a cambio de su trabajo un ingreso
digno que le permita vivir desahogadamente y, pueda ofrecerle a
su familia; casa, educación y todas las posibilidades para
ser feliz.
También tiene que enfrentar el desafío que aún
significan los caciques y los liderzuelos campesinos, a quienes
forzosamente tiene que hacer a un lado a causa de la nociva influencia
que ejercen. Los campesinos son los que deben administrar sus tierras,
asesorados por técnicos que trabajen verdaderamente para
lograr que el campo en México vuelva a ser autosuficiente.
El gobierno panista tiene, eso sí, la responsabilidad histórica
de crear una verdadera industria agrícola nacional, realista
e inteligente, que permita a los agricultores del país producir
sin que sea pretexto para esclavizar, explotar, someter, controlar
o abusar de alguien. Hay que acabar para siempre con el control
político del campo.
La tierra debe ser otra vez, bajo el nuevo régimen panista,
fuente de vida y de riqueza -como lo fue alguna vez-, pero también
de satisfacción y felicidad -no de desánimo- para
quienes viven en ella y trabajarla usando la inteligencia, la imaginación
y el talento.
Debe quedar claro que nuestros campesinos no alcanzarán prosperidad
y felicidad únicamente con entregarles la tierra en propiedad,
si les hace falta la preparación y los elementos indispensables
para hacerla producir. Mientras no los tengan, la actividad agrícola
será siempre un fracaso.
(C.A.S.B.,
Mérida, Yucatán, Méx., noviembre de 2002).
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