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¿es culpa de Fox el fracaso del campo?

Por Carlos A. Sarabia Barrera
 
Hace poco escuchamos las opiniones de los políticos priístas Heladio Ramírez, Rafael Rodríguez Barrera, Enrique Jackson y Dulce Ma. Sauri, respecto a la difícil situación en que se encuentran los campesinos de nuestra patria y el anuncio de que formaran un bloque para "defender al campo mexicano"; porque, según ellos, los actuales integrantes del gobierno de Fox están muy alejados de los problemas del medio rural.

Lo que nos ha llamado la atención es que estos políticos, así nomás, sin analizar a fondo sus palabras, traten de culpabilizar de la parálisis que vive el campo, al gobierno panista.

Ante sus falsos razonamientos, trataremos de hacer un rápido análisis de la forma que, a lo largo del siglo XX, la dictadura priísta aplicó sus proyectos agrícolas; hasta dejar completamente postrado y arruinado al campo mexicano y, a sus habitantes, viviendo una miseria peor que la del porfiriato.

Recordemos primero que la dignidad del hombre no depende de la tierra que posea, sino de su libertad para trabajar, de su individualidad, del uso que pueda hacer de sus derechos constitucionales, de su derecho a vivir con seguridad; contando con un techo firme, en donde sus hijos puedan tener la oportunidad de educarse.

Pensamos que ninguna de estas condiciones se dio en la mayor parte de las zonas rurales y a lo largo del tiempo que el PRI "administró" el país. Rememore Dña. Dulce Ma. Sauri, una de las más acérrimas críticas del gobierno foxista, la forma en que fueron tratados los pequeños propietarios henequeneros, cuando ella fue titular del Poder Ejecutivo estatal. La falta de libertad para trabajar, el hostigamiento de que fueron víctimas dichos agricultores, incluso para transportar su propio henequén y en sus propias haciendas; el acoso y la corrupción de los inspectores del Depto. de Henequén que expedían las guías de transporte y la vigilancia anticonstitucional en las labores agrícolas henequeneras; fueron causa fundamental de la debacle de esta industria, en la que ella tuvo ingerencia importante.

Durante años, las políticas agrarias del priato fueron manejadas desde los escritorios y aplicadas según los caprichos de los políticos en turno. En las tierras ejidales es innegable que, siempre estuvieron presentes la demagogia y los criterios políticos, y que nunca fueron escuchadas las advertencias de expertos agrícolas y económicos; lo que trajo como consecuencia que hoy dependamos del exterior para comer.

Durante demasiados años -y esto lo saben bien estos políticos criticones-, la tierra en México fue utilizada como bandera de lucha por políticos corruptos, por intelectualoides de izquierda inescrupulosos y por líderes campesinos ambiciosos. La mayoría se enriquecieron a expensas de la masa campesina que decían representar y, nunca les importó, que los verdaderos agricultores se hundieran en la miseria y la marginación.

A lo largo del priato - y esto seguramente no lo habrán olvidado quienes hoy critican tan desenfadadamente a Fox- la tierra sirvió de pretexto para los fraudes y el control político de su partido.

La amplia corrupción que imperó entre caciques, comisarios ejidales y funcionarios que "asesoraban" a los ejidatarios, logró que la Revolución Mexicana -aquella de la "Tierra y Libertad" con que soñó Emiliano Zapata-, se convirtiera, al paso del tiempo, en un agrarismo demagógico que no sacó del atraso a México ni a los mexicanos.

Las auténticas unidades agroindustriales -como fueron las haciendas durante el porfiriato- fueron expropiadas y repartidas inmisericordemente, en aras de una mal planeada reforma agraria que, si hubiese conservado los sistemas de trabajo de los hacendados -algunos muy avanzados para su tiempo- aunque cuidando la aplicación de la justicia social, quizá nuestros campesinos ya hubieran salido de su pobreza ancestral.

Desgraciadamente, la política agraria se convirtió en botín para muchos políticos priístas. La imposición de precios topes, la importación de productos agrícolas a precios muy por debajo a los producidos en México -negociazo que realizaron infinidad de funcionarios de las secretarías de Agricultura, Reforma Agraria y Comercio- y cultivos intencionalmente mal planeados para lograr desfalcos enormes que llenaran las bolsas de quienes los "dirigían"; hicieron naufragar la política agraria del sistema priísta, llevando al campo mexicano a un atraso de cuando menos cincuenta años, respecto a países como EU.. El resultado del fracaso son los 40 millones de braceros que hoy viven en los EU. y Canadá.

Los legisladores y políticos priístas, que antes nunca criticaron la actuación de su partido y que hoy están enfermos de amnesia, debieran recordar que, a lo largo de setenta años, utilizaron a esos campesinos que ahora anuncian que van a defender; para acarreos, para cargar las pancartas del PRI y sus satélites o para realizar exhibiciones de hipocresía y demagogia política, como tantas veces hizo Cervera Pacheco en sus famosas reparticiones de bicicletas y lavadoras. Si verdaderamente desean la prosperidad de México, deben comenzar por reconocer que su partido es el principal culpable del abandono y la parálisis que actualmente vive el campo.

Quienes hemos trabajado a lo largo de nuestra vida la tierra, sabemos bien que los fracasos en el ámbito de la agricultura, no se dan de un día para otro sino que son consecuencia de la irresponsabilidad, la mala planeación, la corrupción o la flojera. El fracaso y la parálisis tardan años en manifestarse. Por tanto, es indigno y falto de ética, tratar de responsabilizar a un gobierno de los errores que, a pulso, otro cometió; más aún cuando fueron conspicuos colaboradores del régimen caído.

Vicente Fox se enfrenta hoy al reto de lograr que, quien se dedique al campo, tenga derecho a recibir a cambio de su trabajo un ingreso digno que le permita vivir desahogadamente y, pueda ofrecerle a su familia; casa, educación y todas las posibilidades para ser feliz.

También tiene que enfrentar el desafío que aún significan los caciques y los liderzuelos campesinos, a quienes forzosamente tiene que hacer a un lado a causa de la nociva influencia que ejercen. Los campesinos son los que deben administrar sus tierras, asesorados por técnicos que trabajen verdaderamente para lograr que el campo en México vuelva a ser autosuficiente.

El gobierno panista tiene, eso sí, la responsabilidad histórica de crear una verdadera industria agrícola nacional, realista e inteligente, que permita a los agricultores del país producir sin que sea pretexto para esclavizar, explotar, someter, controlar o abusar de alguien. Hay que acabar para siempre con el control político del campo.

La tierra debe ser otra vez, bajo el nuevo régimen panista, fuente de vida y de riqueza -como lo fue alguna vez-, pero también de satisfacción y felicidad -no de desánimo- para quienes viven en ella y trabajarla usando la inteligencia, la imaginación y el talento.

Debe quedar claro que nuestros campesinos no alcanzarán prosperidad y felicidad únicamente con entregarles la tierra en propiedad, si les hace falta la preparación y los elementos indispensables para hacerla producir. Mientras no los tengan, la actividad agrícola será siempre un fracaso.

(C.A.S.B., Mérida, Yucatán, Méx., noviembre de 2002).



 


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