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Entrevista
con Armando Jiménez
En
ocasión de la primera edición de su nuevo cd-rom interactivo,
que es a la vez un homenaje, recreación y actualización
electrónica de una obra ya clásica del idioma español:
Picardía mexicana (Ambárix Digital, 2002) y de su
nuevo sitio de internet (www.picardiamexicana.com),
sostuvimos una charla con don Armando Jiménez.
Su
recopilación de la muy mexicana picardía ha tenido
más de cien ediciones con millones de ejemplares vendidos,
además que sus obras han sido prologadas por varios premios
Nóbel, lo que hace de don Armando un fenómeno único
en la literatura en español.
Buena
parte de la picardía mexicana fue recopilada por don Armando
en sus correrías en cantinas, pulquerías, cabarets,
salones de bailes, hoteles de rato, etc. Fue precisamente en los
mingitorios de un expendio de neutle -pulque- en donde halló
el dibujo y leyenda del "Gallito Inglés", que adoptó
como emblema, rúbrica y lema: "Este es el gallito inglés,/
míralo con disimulo,/ quítale el pico y los píes/
y métetelo en el cu..."
A hacer
la crónica de tan distinguidos lugares donde los capitalinos
han encontrado placer, solaz y esparcimiento, don Armando ha dedicado
sus dos libros más recientes: Sitios de rompe y rasga en
la ciudad de México (1998) y Lugares de gozo, retozo, ahogo
y desahogo en la ciudad de México (2000), ambos editados
por Océano. En ellos justifica plenamente el por qué
Salvador Novo afirmó que Jiménez es el hombre que
mejor conoce físicamente la ciudad.
Sobre
su nuevo cd-rom y sus dos más recientes libros fue la charla
que sostuvimos con don Armando. En ella explicó las novedades
de la picardía interactiva, de su contribución a la
cultura nacional y a la ampliación de la tolerancia, así
como de la necesidad de defender antiguos sitios de reunión
de los frecuentes embates de la decencia y de las autoridades.
Ariel
Ruiz (AR): Después de una exitosa carrera en el mundo
de los libros, ahora incursiona en el mundo electrónico interactivo
con cd-rom y página de Internet, don Armando. ¿Qué
hay de novedad para sus lectores?
Armando
Jiménez (AJ): Este es el primer cd-rom interactivo que
se ha hecho en México sobre un personaje. Cuando me vinieron
a proponer que fuera yo ese personaje les dije que había
otros personajes mucho más importantes, más famosos,
pero me adujeron una serie de razonamientos que me convencieron,
lo cual me pasó a fregar todo un año, porque hemos
estado pegados casi todo el tiempo. Pero ha sido muy satisfactorio.
En
el disco participaron muchos personajes, como Cristina Pacheco,
Jacobo Zabludovsky, Pedro Ferriz Santacruz, José Luis Cuevas,
Alí Chumacero, Andrés Henestrosa, Rius y Sergio Otero.
Además intervienen un centenar más de personas, no
tan famosas, pero muy importantes en la cultura popular: el dueño
de la pulquería la "Hija de los Apaches" y el dueño
de la cantina "El Nivel", que es la más antigua
de México.
Difícilmente
podrán imitar el cd-rom. La Picardía mexicana ha tenido
como secuela más de 400 libros que lo han imitado hasta con
títulos parecidos y otros iguales, pero todos hechos con
un afán lucrativo, con prisas y mal hechos. No me han hecho
gran mella; solamente las gentes que se confunden compran otro por
descuido, por ignorancia.
El
cd-rom tiene más de seis horas y media de contenido, que
no creo que de un tirón nadie aguante. Pero van a poderlo
disfrutar toda la vida, de poco en poco, van a tener ganas de repetir
ciertas cosas, y mostrárselos a los amigos en alguna fiesta.
Va a ser una cosa que va a durarles toda la vida a menos que lo
presten, pero eso va a ser como prestar a la esposa para bailar.

AR:
¿El cd-rom se complementará con los libros?
AJ: Creo que sí. El cd-rom presenta varios aspectos
que no aparecen en los 16 libros que tengo publicados. Es importante
por la voz, la imagen, el movimiento, etc. En el cd-rom hay albures,
ademanes groseros, anécdotas, canciones, algunas mías
inéditas -que más bien tengo registradas, porque las
escuché en pulquerías y en los pueblos. Hay mucha
música, algunas canciones del dominio público, arregladas
e interpretadas especialmente para este cd-rom, entre otras una
que se llama "La mentata", que son puras mentadas de madre
disimuladas en una sinfonía. Hay mucho material inédito.
AR:
Su libro Picardía mexicana apareció en 1960. ¿Qué
fue lo que lo motivó a estudiar este fenómeno de la
picardía y recuperar los lugares donde la aprendió?
AJ:
Cuando era yo un jovencito de 18 años -ahora tengo 85- veía
yo con tristeza que desaparecían constantemente las cantinas,
las pulquerías, los salones de baile, los prostíbulos,
los cabarets, y sin saber para qué me propuse rescatarlos
del olvido. Me armé de una cámara fotográfica,
una libreta de apuntes, muchos lápices, y por cuanto establecimiento
de estos pasaba le tomaba fotografías del exterior, pedía
permiso para tomar del interior, conversaba con el dueño,
con el encargado, con los parroquianos, con los vecinos, y llegué
a reunir 2 mil 500 expedientes de otros tantos sitios.
Seguí
recopilando materiales, más adelante me convertí en
escritor -cosa que yo nunca había pensado antes-, y ahora
estoy aprovechando todos esos materiales. Tengo materiales en exceso,
y estoy buscando afanosamente a quién regalarle todo lo que
tengo pero que muestre un verdadero amor por estas cosas.
AR:
¿Cuál considera que es la relevancia de su obra? Sin
duda la tiene, baste mencionar que sus libros han sido prologados
por varios premios Nóbel.
AJ:
Cinco. Un libro no está publicado, lo va a hacer Conaculta.
Tengo la Picardía mexicana prologada por el español
Camilo José Cela; Nueva picardía mexicana, por el
mexicano Octavio Paz, que se entusiasmó tanto cuando le pedí
el prólogo que se extendió y llegó a hacer
un libro sobre el prólogo de mi libro, un libro que se llama
Conjunciones y disyunciones, que es uno de sus clásicos;
Dicho y refranes de la picardía tiene un prólogo de
Gabriel García Márquez; el Tumbaburro de la picardía
mexicana tiene uno del chileno Pablo Neruda, y el quinto prólogo,
del libro todavía inédito, es de Miguel Ángel
Asturias, guatemalteco. Le tengo echado el ojo a Saramago, con el
que seguramente vamos a congeniar mucho, porque los dos somos comunistoides,
defensores de los derechos del pueblo y malhablados. Algún
día lo voy a pescar.
AR:
Tomando eso como referencia, ¿qué importancia
le otorga usted a su obra dentro de la cultura mexicana?
AJ:
La Picardía mexicana tiene varias virtudes. Una de ellas
es que derribó los tabúes y las prohibiciones que
hubo desde la época de la Inquisición y que se prolongaron
posteriormente con agrupaciones constituidas por grandes personajes
de la política, de la sociedad, de la economía, entre
las cuales generalmente estaba la esposa del Presidente de la República,
personajes que se autonombraban para decidir lo que el mexicano
debería hacer, escribir, filmar, esculpir, pintar, fotografiar.
Antes
de la Picardía mexicana hubo numerosas obras, libros que
fueron quemados, películas que fueron enlatadas.
La
Picardía mexicana acabó con esa Liga Mexicana de la
Decencia -que así se llamó la última de esas
agrupaciones- y eso fue el día 15 de septiembre de 1960,
en que apareció la primera edición. La Liga desapareció
sin despedirse, sin más.
A partir
de entonces se abrieron las puertas y las ventanas, se respira un
aire más fresco, y aun los grandes escritores como García
Márquez, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Octavio Paz, cuando
viene al caso dicen malas palabras que antes no era posible escribir.
Lo mismo ahora se filman escenas hasta del acto sexual cuando antes
hasta el beso era prohibido en las películas.
Todo
eso se acabó con la aparición de la Picardía
mexicana. No fue un paso fácil, porque cuando llevé
a registrar mi libro a la dirección de derechos de autor
me dijeron que no me lo registraban. Les dije: "ustedes tienen
la obligación de hacerlo". "Pues lo haremos, pero
tan pronto salga el libro se va a ir usted a la cárcel y
vamos a decomisar el libro."
Entonces
conseguí un prólogo de Alfonso Reyes, que era el único
que tenía; ahora ya tiene dos, con el de Camilo José
Cela, y varios estudios que aparecen al final, a los que les llamó
postemios, de grandes investigadores, y unos juicios que aparecían
en las solapas de las ediciones primeras, de grandes personajes
también.
Entonces
ya no era cosa de meterse contra mí, sino contra toda la
cultura de México. Tuvo que aparecer el libro, y se acabaron
todos esos tabúes que había entonces. Esa es una de
las virtudes de la Picardía mexicana.
Otra
es que las mujeres compraban el 60 por ciento de los libros. Para
ellas era doblemente interesante porque estaban ajenas a toda la
cultura de los hombres, de las cantinas, de los albures, de los
prostíbulos, de los cabarets. Aquí podían documentarse.
Otra
virtud más es que por las grandes tiradas que tuvo y las
cantidades grandes de exportación pues contribuyó
a que el libro mexicano se difundiera más.
AR:
Ha habido algunas críticas a la Picardía mexicana
y a los lugares en lo que usted la recopiló.
AJ:
La Picardía mexicana nunca tuvo una crítica formal.
Sí supe que en alguna iglesia se habló mal. Pero nunca
hubo una crítica escrita, y cada vez va a ser más
difícil criticarla porque ya no va a ser meterse con Armando
Jiménez, sino con cinco premios Nóbel que dicen que
está muy bien escrita, que es un material importante, trascendente
y ya nadie se atreve a hablar mal de ella.
Tuvimos
un gran regente que se llamó Ernesto P. Uruchurtu, que yo
creo que es el mejor de todos los que hemos tenido, a tal grado
que duró 14 años como regente y hubiera durado muchos
más si no es por el presidente Gustavo Díaz Ordaz,
que no soportó que el regente fuera más popular que
él. Fue el mejor regente porque en su época no había
prostitución callejera, ni mendicidad, ni baches en las calles,
ni coladeras destapadas, ni mercados sobre ruedas, ni fayuca en
las calles.
Sin
embargo, no sé que trauma juvenil tenía que se ensañó
contra cabarets, cantinas, pulquerías, salones de baile,
hoteles de rato; con el pretexto de defender el salario de los obreros,
puso unos reglamentos absurdos que hicieron quebrar a muchísimos
establecimientos, algunos ya con muchos años de estar funcionando.
Desgraciadamente,
todos los subsecuentes regentes de la ciudad, los delegados y aun
los presidentes de la República continúan con este
combate a estos sitios. Yo he tenido la suerte de estar con todos
esos funcionarios y les he dicho, textualmente, que están
cometiendo no una tontería sino una gran pendejada, al ensañarse
contra las cantinas y contra las pulquerías, los cabarets
y los salones de baile. No son lugares pecaminosos, la pulquería
y la cantina no son para emborracharse. Al que se quiere emborrachar
le sale más barato ir a comprar la botella a la tienda o
a la vinatería. En tantos años de estar en pulquerías
y cantinas nunca he visto un pleito. Tampoco en un salón
de baile.
La
ciudad de México es tan grande, que ya no conocemos el nombre
del vecino que vive al lado o enfrente, y todos necesitamos platicar
con alguien, y qué mejor lugar que una cantina o una pulquería.
Son lugares especiales para platicar, ya que la gente no va a tomar,
sino a platicar.
En
el salón de baile va uno a ligar, a escuchar buena música,
a ver bailar. Al cabaret a obviar tantos trámites para enamorar
a alguien, que allí se hace fácilmente.
En
cambio, las autoridades actuales están propiciando antros
que a mí me parecen malos, donde los ponen drogas en las
bebidas a los jóvenes para que se inicien en este campo,
lo que cuesta muchísimo, por lo que yo creo tienen que robarles
el dinero a los padres para entrar en esos lugares. Cuesta mucho
la entrada y en el interior todo es carísimo. Pero eso deja
"mordidas" que una pulquería no puede pagar, y
les ponen tantos inspectores mordelones que a veces se tienen que
cerrar las cantinas y las pulquerías.
AR:
Esos lugares están desapareciendo dramáticamente.
AJ:
En los años veinte la ciudad era mucho más pequeña,
había 500 mil habitantes, y ahora son 16 o 20 veces más.
Había en cada esquina una pulquería o una cantina,
había cuatro establecimientos de estos en cada manzana. Eso
se debía a otras circunstancias: a la pobreza, a la ignorancia,
falta de diversiones, no había televisión, no había
muchas cosas.
Ahora
todos los establecimientos de los que hablo se han visto reducidos.
Considerando que desaparecían constantemente, puse 75 por
ciento de lugares vivos y 25 por ciento muertos. Ahora ya se invirtió
la cosa.
AR:
¿Valdría la pena hacer el esfuerzo por rescatar esa
ciudad?
AJ:
Claro que sí. Las pulquerías están desapareciendo
vertiginosamente, y yo creo que algún día no muy lejano,
las autoridades van a tener que hacer pulquerías de escenografía
para que la gente sepa qué eran esas cosas tan importantes
desde la época prehispánica hasta la actualidad.
(A.R.M.
México, D.F., noviembre de 2002).
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