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En el
PRI se intensificaron las maniobras de los ismos y, por vez primera
en mucho tiempo, en un sitio estelar, de los sectores -sobre todo
el obrero, con la CTM y la CROC en la vanguardia- para situar en la
antesala de la precampaña por las nominaciones a las diputaciones
federales a políticos de diversas capacidades. Entre los grupos
más activos figuran los de Carlos Sobrino Sierra, el de Dulce
María Sauri y el de Federico Granja Ricalde.
Como
ha sido usual en procesos anteriores, los alcaldes priístas
reciben por estos días visitas de los mismos interesados
o de personeros de éstos para procurar respaldos y acordar
alianzas que los aspirantes a las diputaciones consideran indispensables
en el ritual tricolor, así como en los procedimientos formales
de dicho partido que se anticipan en los requisitos de inscripción,
cuyos detalles dependen de la convocatoria que emitirá el
Consejo Ejecutivo Nacional (CEN). De cualquier forma, se anticipa
que los presidentes municipales apoyarán, a fin de cuentas,
sólo a los elegidos y no moverán sus piezas antes.
Algunos
aspirantes, sin embargo, se mueven más que otros, a tal punto
que han conseguido los listados de los consejos políticos
municipales y emprenden la tarea de visitarlos como parte de los
cabildeos usuales en casos de esta índole.
Entre
los nombres más recientes para contender en los comicios
intermedios, por el quinto distrito con cabecera en Ticul, figura
el del director del Centro de Estudios de la CTM "Justo Sierra
O´Really", Luis Echeverría Navarro, quien cuenta
con el pleno apoyo del dirigente de la Federación de Trabajadores
de Yucatán, Mario Tránsito Chan Chan, cuya agrupación
fue relegada de las nominaciones federales de los comicios del 2000.
Quien
se apunta para la rifa del tigre es el dirigente de la sección
57 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación
(SNTE), Gabriel Peniche Ferreyro, pues podría ser postulado
para el tercer distrito federal con cabecera en Mérida. En
los comicios federales anteriores, él fue desbancado de la
nominación al primer distrito, con sede en Valladolid, por
Jorge Carlos Berlín Montero, inclusive pese a la recomendación
precisa de la lideresa de ese sindicato magisterial, Elba Esther
Gordillo Morales, quien también en esta ocasión lo
avala.
Berlín
Montero, por su parte, hace labor para dejar como "sucesor"
en la demarcación al diputado local José María
Fernández Medina, quien no oculta sus intenciones y que,
incluso, cursa un diplomado en administración pública
en la Universidad del Mayab, donde, por cierto, tiene como condiscípulo
al también legislador local Luis Hevia Jiménez.
Quien
aspira al segundo distrito, con sede en Progreso, es el ex alcalde
de Celestún y ex diputado local, Leonel Rosado Mena, reconocido
socio de negocios del diputado federal Feliciano Moo y Can, que
le impulsa como parte de un pacto con Carlos Sobrino Sierra -el
seguro ganador de los comicios internos por la presidencia del CDE-
desde la plataforma de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos
Campesinos de la CNC a cargo del legislador federal, cuya presencia,
nos cuentan, ha pasado inadvertida en los trabajos camarales de
San Lázaro.
Muchos
de los "preaspirantes" afinan también a sus huestes
ante la inminente encuesta que hará en Yucatán, como
en el resto del país, el CEN del PRI, como parte de trabajos
de evaluación sobre la trayectoria de los interesados. Fuentes
locales del mismo partido, por otra parte, anticipan una intención
evidente del CEN por centralizar las campañas federales con
rígidos lineamientos propagandísticos, entre otros
puntos, que distinguirían como nunca antes las modalidades
priístas de dichas actividades
Una
historia sorprendente y anecdótica, minuciosa en reveladores
detalles, sería una versión fidedigna sobre el mismísimo
punto de partida del tristemente recordado desacato del Congreso
del Estado al Tribunal Superior Electoral del Poder Judicial de
la Federación. Según un interesantísimo relato,
este pasaje desconocido del proceso legislativo que culminó
con un escenario inédito en una entidad federativa, al extremo
de colocar a Yucatán en rumbo de colisión con las
autoridades federales, retrata y eterniza los increíbles
yerros de los entonces centros de decisión del Poder Legislativo
yucateco, la suprema arrogancia y la absurda prepotencia que les
caracterizaron para abrir un episodio que terminó por desgastar
al gobierno de Víctor Cervera Pacheco -en una decisión,
por poco creíble que parezca, no consultada con el entonces
gobernante- y proyectar al PRI local hacia la derrota en la elección
por la gubernatura, junto con una nominación equivocada,
la de Orlando Paredes Lara, y un episodio coyuntural, la victoria
presidencial de Vicente Fox Quesada.
Esta
historia sería conocida con lujo de detalles en el transcurso
de las próximas semanas y parece propicia para la ocasión,
toda vez que una de las estrellas del dramón del desacato
que tanto influyó en la pérdida de la gubernatura
para el PRI, la abogada Myrna Hoyos Schlamme, según nos refieren,
quiere figurar entre los numerosos aspirantes priístas a
una diputación federal, pero de las fáciles, de las
que se obtienen por la vía plurinominal.
(C.R.J.
Mérida, Yucatán, Méx., noviembre de 2002).
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