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Muchas evaluaciones y pocos recursos

Por Róger Aguilar Salazar
 
Es una verdadera calamidad que los funcionarios de los gobiernos estatal y federal no puedan sacar bien sus cuentas y que no coincidan sus cifras sobre los daños económicos causados por el huracán Isidoro. El 25 de octubre, el gobernador dio su primer balance final: los daños fueron por $7,370 millones de pesos. Casi un mes después, la coordinadora de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación (SEGOB) federal evaluó en $2,000 millones cerrados las pérdidas y al día siguiente Patricio Patrón se vio precisado a aclarar que los daños ascienden a más de $10 mil millones y que la funcionaria federal se refirió sólo a los daños registrados "oficialmente" y a los del sector social.

Tres balances y los 3 distintos. El primero, final; el de Protección Civil, "oficial", y el último, aproximado, por lo que tampoco es definitivo aunque creemos que no habrá ninguno final por la simple razón de que ni el gobierno estatal ni el federal cuentan con mecanismos censales ni de registro que lo garanticen. Las diferencias no paran ahí: Carmen Segura Rancel, la funcionaria de Protección Civil, justificó tales desigualdades matemáticas explicando que la evaluación inicial (la del 25 de octubre) "fue un cálculo" y que el Comité Intersecretarial de Evaluación de Desastres (CIED) "realizó nueva valoración con las dependencias que participaron y determinó que los daños finales serán de $2,000 millones o un poco más". O sea, que tampoco la mentada Comisión ha podido ofrecer un total exacto y final, tal vez porque tampoco saben distinguir entre cálculo exacto y cálculo aproximado.

El enredo y las discrepancias no deben desestimarse, por más que el gobernador intente minimizarlos: Si el balance federal es el oficial, ¿qué carácter tendrá el del gobernador? De otra parte, a pesar de que la funcionaria de Protección Civil admitió la posibilidad de que los daños finales puedan ser mayores, anunció que el Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN) autorizaría para Yucatán $ 1,500 millones que con los 500 millones que ponga el gobierno del estado sumarán los $2,000 millones en que evaluaron los daños, lo que hace sospechar que tal evaluación se hizo en función de los fondos que el gobierno de Foz estaba dispuesto a dar y no fue resultado de la suma de los daños.

De modo que si las evaluaciones abundan, en cambio, los recursos oficiales que se ofrecen a los yucatecos afectados por el huracán son escasos para la magnitud de la reconstrucción que se necesita, y ambos no concuerdan con las promesas presidenciales hechas en las también abundantes giras relámpago realizadas por Fox a nuestro estado en apenas dos meses.

Palabras de aliento y de reconocimiento han habido: se felicita a los yucatecos por el temple mostrado, se admira su heroicidad y aguante y se les pide calma y paciencia ante la lentitud con que llegan los apoyos oficiales. Pensamos que esas frases nunca estarán de más, que no sobran. Pero el riesgo de que con el tiempo se desgasten es mucho si los apoyos que ya desde ahora urgen se atrasan en llegar o no llegan en la medida que hacen falta.

Ha empezado ya la construcción de 2,450 de las 83,500 viviendas que se planea hacer en 85 municipios del estado. 30 empresas trabajarán en esta primera etapa y se estima que se agregarán 300 cuando el grueso de los recursos fluya y eso permitirá dar empleo a 40 mil u 80 mil personas aproximadamente. Esta inversión traerá, no hay duda, un gran alivio a decenas de miles de familias que ahora apenas sobreviven.
Pero una cosa son los alivios temporales y otra muy distinta contar con los recursos y los proyectos de desarrollo que sustenten y consoliden el mejoramiento económico y social de los damnificados de antes y después del ciclón, que son muchísimos más que esos 40 mil u 80 mil.

Las necesidades de la gran mayoría de los yucatecos no son sólo de cuartos con baño a prueba de ciclones. La mayor parte de esas 83 mil quinientas familias y otras tantas necesitan satisfacer otras elementales necesidades, agravadas por los efectos del ciclón, aparte de los gastos que implicará dar mantenimiento a las casitas recibidos y la ampliación de las mismas. Ejemplo de agravamiento de dificultades es el que sufren los ejidatarios de San Crisanto que no cuentan con el dinero para desazolvar 10 metros de canales de navegación y 20 hectáreas de charcas de sal. O los pescadores que repararon embarcaciones y motores por su cuenta y que siguen esperando el apoyo económico que les ofrecieron para hacerlo y no llega.

Gran parte de los daños para los que no hay recursos se refiere a los causados a calles, alumbrado público, parques, redes de agua potable y otras componentes de servicios y mobiliario urbano. La alcaldesa de Mérida señaló con ironía que es bueno saber que Mérida será el municipio que más apoyo recibirá del FONDEN pero que e una lástima que ni un centavo de esos fondos será destinado a la reparación y mejoramiento de los servicios y el mobiliario urbano de la capital del estado.

Algunos ayuntamientos yucatecos y el propio gobierno del Estado pedirán permiso al congreso del estado para solicitar créditos ya que no tienen recursos propios para hacer las reparaciones y otros se quejan de sufrir disminuciones en las participaciones federales. Y si bien el gobernador lo niega, en cambio, admite que hay municipios a los que se les ha tenido que entregar anticipos que tendrán que devolver aunque sea a plazos. El mismo Patricio ha reconocido las dificultades para elaborar el presupuesto de egresos del año 2003 debido al "estira y afloja" que hay por repartirse los recortes en el gasto que necesariamente tendrá que haber para afrontar la escasez financiera gubernamental.

Si los ayuntamientos y el gobierno del estado de Yucatán, además de endeudarse para solventar los gastos imprevistos causados por el huracán, lo hacen para atender otras obligaciones administrativas, necesariamente le pasarán la cuenta a la población cuya mayoría no puede atender a los gastos de sus propias necesidades. ¿Cuántas evaluaciones más harán falta para saber, con precisión más o menos aceptable, la magnitud del desastre y los retos? Necesitamos mayor claridad y otro rumbo antes de que la resistencia y el heroísmo se acaben o cambien.

(Mérida, Yucatán a 26 de noviembre de 2002.)

 


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