| |
Es una
verdadera calamidad que los funcionarios de los gobiernos estatal
y federal no puedan sacar bien sus cuentas y que no coincidan sus
cifras sobre los daños económicos causados por el huracán
Isidoro. El 25 de octubre, el gobernador dio su primer balance final:
los daños fueron por $7,370 millones de pesos. Casi un mes
después, la coordinadora de Protección Civil de la Secretaría
de Gobernación (SEGOB) federal evaluó en $2,000 millones
cerrados las pérdidas y al día siguiente Patricio Patrón
se vio precisado a aclarar que los daños ascienden a más
de $10 mil millones y que la funcionaria federal se refirió
sólo a los daños registrados "oficialmente"
y a los del sector social.
Tres
balances y los 3 distintos. El primero, final; el de Protección
Civil, "oficial", y el último, aproximado, por
lo que tampoco es definitivo aunque creemos que no habrá
ninguno final por la simple razón de que ni el gobierno estatal
ni el federal cuentan con mecanismos censales ni de registro que
lo garanticen. Las diferencias no paran ahí: Carmen Segura
Rancel, la funcionaria de Protección Civil, justificó
tales desigualdades matemáticas explicando que la evaluación
inicial (la del 25 de octubre) "fue un cálculo"
y que el Comité Intersecretarial de Evaluación de
Desastres (CIED) "realizó nueva valoración con
las dependencias que participaron y determinó que los daños
finales serán de $2,000 millones o un poco más".
O sea, que tampoco la mentada Comisión ha podido ofrecer
un total exacto y final, tal vez porque tampoco saben distinguir
entre cálculo exacto y cálculo aproximado.
El enredo y las discrepancias no deben desestimarse, por más
que el gobernador intente minimizarlos: Si el balance federal es
el oficial, ¿qué carácter tendrá el
del gobernador? De otra parte, a pesar de que la funcionaria de
Protección Civil admitió la posibilidad de que los
daños finales puedan ser mayores, anunció que el Fondo
Nacional de Desastres Naturales (FONDEN) autorizaría para
Yucatán $ 1,500 millones que con los 500 millones que ponga
el gobierno del estado sumarán los $2,000 millones en que
evaluaron los daños, lo que hace sospechar que tal evaluación
se hizo en función de los fondos que el gobierno de Foz estaba
dispuesto a dar y no fue resultado de la suma de los daños.
De
modo que si las evaluaciones abundan, en cambio, los recursos oficiales
que se ofrecen a los yucatecos afectados por el huracán son
escasos para la magnitud de la reconstrucción que se necesita,
y ambos no concuerdan con las promesas presidenciales hechas en
las también abundantes giras relámpago realizadas
por Fox a nuestro estado en apenas dos meses.
Palabras
de aliento y de reconocimiento han habido: se felicita a los yucatecos
por el temple mostrado, se admira su heroicidad y aguante y se les
pide calma y paciencia ante la lentitud con que llegan los apoyos
oficiales. Pensamos que esas frases nunca estarán de más,
que no sobran. Pero el riesgo de que con el tiempo se desgasten
es mucho si los apoyos que ya desde ahora urgen se atrasan en llegar
o no llegan en la medida que hacen falta.
Ha
empezado ya la construcción de 2,450 de las 83,500 viviendas
que se planea hacer en 85 municipios del estado. 30 empresas trabajarán
en esta primera etapa y se estima que se agregarán 300 cuando
el grueso de los recursos fluya y eso permitirá dar empleo
a 40 mil u 80 mil personas aproximadamente. Esta inversión
traerá, no hay duda, un gran alivio a decenas de miles de
familias que ahora apenas sobreviven.
Pero una cosa son los alivios temporales y otra muy distinta contar
con los recursos y los proyectos de desarrollo que sustenten y consoliden
el mejoramiento económico y social de los damnificados de
antes y después del ciclón, que son muchísimos
más que esos 40 mil u 80 mil.
Las
necesidades de la gran mayoría de los yucatecos no son sólo
de cuartos con baño a prueba de ciclones. La mayor parte
de esas 83 mil quinientas familias y otras tantas necesitan satisfacer
otras elementales necesidades, agravadas por los efectos del ciclón,
aparte de los gastos que implicará dar mantenimiento a las
casitas recibidos y la ampliación de las mismas. Ejemplo
de agravamiento de dificultades es el que sufren los ejidatarios
de San Crisanto que no cuentan con el dinero para desazolvar 10
metros de canales de navegación y 20 hectáreas de
charcas de sal. O los pescadores que repararon embarcaciones y motores
por su cuenta y que siguen esperando el apoyo económico que
les ofrecieron para hacerlo y no llega.
Gran
parte de los daños para los que no hay recursos se refiere
a los causados a calles, alumbrado público, parques, redes
de agua potable y otras componentes de servicios y mobiliario urbano.
La alcaldesa de Mérida señaló con ironía
que es bueno saber que Mérida será el municipio que
más apoyo recibirá del FONDEN pero que e una lástima
que ni un centavo de esos fondos será destinado a la reparación
y mejoramiento de los servicios y el mobiliario urbano de la capital
del estado.
Algunos
ayuntamientos yucatecos y el propio gobierno del Estado pedirán
permiso al congreso del estado para solicitar créditos ya
que no tienen recursos propios para hacer las reparaciones y otros
se quejan de sufrir disminuciones en las participaciones federales.
Y si bien el gobernador lo niega, en cambio, admite que hay municipios
a los que se les ha tenido que entregar anticipos que tendrán
que devolver aunque sea a plazos. El mismo Patricio ha reconocido
las dificultades para elaborar el presupuesto de egresos del año
2003 debido al "estira y afloja" que hay por repartirse
los recortes en el gasto que necesariamente tendrá que haber
para afrontar la escasez financiera gubernamental.
Si los ayuntamientos y el gobierno del estado de Yucatán,
además de endeudarse para solventar los gastos imprevistos
causados por el huracán, lo hacen para atender otras obligaciones
administrativas, necesariamente le pasarán la cuenta a la
población cuya mayoría no puede atender a los gastos
de sus propias necesidades. ¿Cuántas evaluaciones
más harán falta para saber, con precisión más
o menos aceptable, la magnitud del desastre y los retos? Necesitamos
mayor claridad y otro rumbo antes de que la resistencia y el heroísmo
se acaben o cambien.
(Mérida,
Yucatán a 26 de noviembre de 2002.)
|
|