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Mérida,
 

El centro histórica de Mérida

Por Róger Aguilar Salazar
 


La portada del número anterior de La Revista Peninsular tuvo en el centro una frase que resulta muy útil como punto de partida para referirse al tema de la remodelación del mercado "Lucas de Gálvez" de Mérida. La frase dice que si Ana Rosa ganaba la consulta pública apenas sería el inicio de su batalla para llevar a cabo el proyecto. La Revista sintetizaba así las conclusiones del principal reportaje de ese número que, por su objetividad y equilibrio, podría ser ejemplo de trabajo periodístico que, lamentablemente, no es de los bienes que abunden en el medio.

En efecto: el Sí de poco más de 11 mil personas a la propuesta que el Consejo Ciudadano les pidió apoyar en la consulta del domingo 8 es un débil apoyo si se compara con los cientos de miles de meridanos con derecho a voto que pudiendo haber votado no lo hizo por los más diversos motivos, entre ellos dos muy malos: la desinformación y la indiferencia. La recuperación del centro histórico de Mérida, del que sólo debería ser parte el rescate de la zona del mercado central, es de magnitud y trascendencia tales que haría falta que la inmensa mayoría o, por lo menos, un número muy grande de ciudadanos la hiciera suya conscientemente y de modo tal que los adversarios se rindiesen a las evidencias de la pertinencia de tales transformaciones y acabaran por sumarse a los proyectos.

Pero la consulta no fue precedida de la confrontación de proyectos sino de la disputa entre dos bandos alineados, con la alcaldesa, unos, y con los locatarios el otro, que pusieron énfasis en las descalificaciones recíprocas lo que nos hace temer que la mayor parte de los votos a favor o en contra del proyecto fueron inducidos más por el apoyo político a las partes que por la pertinencia o no de cada uno de los proyectos específicos del rescate de esa zona urbana. Días después de la improvisada consulta todavía es posible escuchar las amenazas de unos y el balance acrítico de los otros afanados por destacar el apoyo popular a la regidora y la derrota de sus opositores a los que no se les escatima epítetos. ¿Del tema central? Muy poco. O nada.

Revertir los procesos sociales que han conducido al deterioro y la destrucción del centro histórico de la ciudad de Mérida, de la reutilización de la zona con otros fines que no sean nada más que el comercio y el turismo -las ciudades, ante todo, son para sus habitantes-, son cuestiones que rebasan los planes trienales municipales, cuando los hay. La reconversión de cualquier zona urbana, por tanto, debe contar con un amplio consenso social.

Un reconocido experto, el responsable de la restauración del centro histórico de la Habana, más conocido como "La Habana Vieja", el historiador Eusebio Leal, dice con razón que no es posible restaurar el patrimonio de las ciudades si ello no va unido a un enfoque de desarrollo social de las familias y de las personas que habitan los centros históricos urbanos.

En el caso del mercado grande de Mérida si ese enfoque existe no se sabe porque la escasa publicidad que precedió a la consulta sólo habló del deterioro de las actuales instalaciones, la falta de iluminación natural, la inseguridad de comerciantes y usuarios (que incluye a los pobres de las comisarías y pueblos del interior que vienen al mercado a vender chucherías), falta de drenaje, hacinamiento y demás como razones para su sustitución por otro. Sus objetivos explícitos son: rescatar edificios de gran belleza arquitectónica, recuperar la memoria histórica, dignificar la zona comercial y cultural, devolver la calidad de vida (ojo) en los espacios públicos y disminuir la contaminación y la inseguridad en la zona.

Sólo al final de la exposición de motivos, publicada por única vez en el Diario de Yucatán del 4 de diciembre, se promete que cada uno de los 5 proyectos específicos se elaborará con base en los intereses legítimos de cada una de las partes y el interés colectivo de todos los ciudadanos pero sin que se diga una sola palabra del impacto que esas obras tendrán en el futuro de las zonas aledañas ni su repercusión en el modo y calidad de vida de los cada vez más escasos habitantes del primer cuadro de nuestra ciudad.

En el centro de la ciudad de Mérida el mercado Lucas de Gálvez no es un problema único ni aislado. En esa zona la mayoría de sus edificios están abandonados o en ruinas. La contaminación no es exclusiva de las calles aledañas al mercado aunque sí es de las más altas, que se dan pero no se registran, en la ciudad. Transitar por las calles del centro es una a aventura riesgosa en la que un número en constante aumento de ancianos, adultos y jóvenes pierden la vida como si se tratara de emigrantes en los desiertos de Estados Unidos. Por otra parte, nadie ha admitido que si la incidencia de delitos es alta ahí tal vez se deba a la elevada concentración de personas que ahí concurren y que lejos de disminuir, aumentará si se hace un mercado más grande..

¿De qué manera el rescate del mercado, tal como se propone, va a inducir a la desconcentración del tránsito? Tal vez la conversión de algunos espacios en áreas peatonales y zonas verdes lo alivie ahí, pero como no desalentará la concurrencia al centro lo único que se logrará es cambiar de lugar los congestionamientos.

La ciudad de Mérida, como muchas grandes ciudades de México, tiene la urgencia de repoblar el centro histórico y los barrios aledaños y para eso se necesita, ciertamente, de la regeneración de los espacios públicos que hagan esa zona tan habitable o más de lo que fue hace 30 o 40 años. ¿En qué medida la ampliación del mercado principal ayudará y no desalentará tan necesaria reconversión? De esto muy poco o nada se ha explicado.

Por otra parte, si se hacen mercados más grandes para descongestionar las calles de comerciantes, malamente llamados ambulantes porque están de fijo como estorbos, y si no se hallan pronto soluciones de más largo plazo a los gravísimos problemas de desempleo y empleo mal pagado que alientan el comercio informal, al cabo de unos cuantos años, no cincuenta como se dice, nuevos vendedores sustituirían a los alojados en el nuevo mercado. Eso, si los vendedores de dos o tres huacales de ahora encuentran con qué pagar las concesiones porque, si eso no sucede, no será fácil desalojarlos.

En fin, como La Revista de la semana pasada anticipó: después de la consulta todo está por hacerse. El rescate del centro histórico debe hacerse para elevar la calidad de vida, en primer lugar de quienes viven y trabajan ahí, que de esa manera nos beneficiaremos los demás y los turistas.

(Mérida, Yucatán a 11 de diciembre de 2002.)

 


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