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La portada del número anterior de La Revista Peninsular tuvo
en el centro una frase que resulta muy útil como punto de
partida para referirse al tema de la remodelación del mercado
"Lucas de Gálvez" de Mérida. La frase dice
que si Ana Rosa ganaba la consulta pública apenas sería
el inicio de su batalla para llevar a cabo el proyecto. La Revista
sintetizaba así las conclusiones del principal reportaje
de ese número que, por su objetividad y equilibrio, podría
ser ejemplo de trabajo periodístico que, lamentablemente,
no es de los bienes que abunden en el medio.
En
efecto: el Sí de poco más de 11 mil personas a la
propuesta que el Consejo Ciudadano les pidió apoyar en la
consulta del domingo 8 es un débil apoyo si se compara con
los cientos de miles de meridanos con derecho a voto que pudiendo
haber votado no lo hizo por los más diversos motivos, entre
ellos dos muy malos: la desinformación y la indiferencia.
La recuperación del centro histórico de Mérida,
del que sólo debería ser parte el rescate de la zona
del mercado central, es de magnitud y trascendencia tales que haría
falta que la inmensa mayoría o, por lo menos, un número
muy grande de ciudadanos la hiciera suya conscientemente y de modo
tal que los adversarios se rindiesen a las evidencias de la pertinencia
de tales transformaciones y acabaran por sumarse a los proyectos.
Pero
la consulta no fue precedida de la confrontación de proyectos
sino de la disputa entre dos bandos alineados, con la alcaldesa,
unos, y con los locatarios el otro, que pusieron énfasis
en las descalificaciones recíprocas lo que nos hace temer
que la mayor parte de los votos a favor o en contra del proyecto
fueron inducidos más por el apoyo político a las partes
que por la pertinencia o no de cada uno de los proyectos específicos
del rescate de esa zona urbana. Días después de la
improvisada consulta todavía es posible escuchar las amenazas
de unos y el balance acrítico de los otros afanados por destacar
el apoyo popular a la regidora y la derrota de sus opositores a
los que no se les escatima epítetos. ¿Del tema central?
Muy poco. O nada.
Revertir
los procesos sociales que han conducido al deterioro y la destrucción
del centro histórico de la ciudad de Mérida, de la
reutilización de la zona con otros fines que no sean nada
más que el comercio y el turismo -las ciudades, ante todo,
son para sus habitantes-, son cuestiones que rebasan los planes
trienales municipales, cuando los hay. La reconversión de
cualquier zona urbana, por tanto, debe contar con un amplio consenso
social.
Un
reconocido experto, el responsable de la restauración del
centro histórico de la Habana, más conocido como "La
Habana Vieja", el historiador Eusebio Leal, dice con razón
que no es posible restaurar el patrimonio de las ciudades si ello
no va unido a un enfoque de desarrollo social de las familias y
de las personas que habitan los centros históricos urbanos.
En
el caso del mercado grande de Mérida si ese enfoque existe
no se sabe porque la escasa publicidad que precedió a la
consulta sólo habló del deterioro de las actuales
instalaciones, la falta de iluminación natural, la inseguridad
de comerciantes y usuarios (que incluye a los pobres de las comisarías
y pueblos del interior que vienen al mercado a vender chucherías),
falta de drenaje, hacinamiento y demás como razones para
su sustitución por otro. Sus objetivos explícitos
son: rescatar edificios de gran belleza arquitectónica, recuperar
la memoria histórica, dignificar la zona comercial y cultural,
devolver la calidad de vida (ojo) en los espacios públicos
y disminuir la contaminación y la inseguridad en la zona.
Sólo
al final de la exposición de motivos, publicada por única
vez en el Diario de Yucatán del 4 de diciembre, se promete
que cada uno de los 5 proyectos específicos se elaborará
con base en los intereses legítimos de cada una de las partes
y el interés colectivo de todos los ciudadanos pero sin que
se diga una sola palabra del impacto que esas obras tendrán
en el futuro de las zonas aledañas ni su repercusión
en el modo y calidad de vida de los cada vez más escasos
habitantes del primer cuadro de nuestra ciudad.
En
el centro de la ciudad de Mérida el mercado Lucas de Gálvez
no es un problema único ni aislado. En esa zona la mayoría
de sus edificios están abandonados o en ruinas. La contaminación
no es exclusiva de las calles aledañas al mercado aunque
sí es de las más altas, que se dan pero no se registran,
en la ciudad. Transitar por las calles del centro es una a aventura
riesgosa en la que un número en constante aumento de ancianos,
adultos y jóvenes pierden la vida como si se tratara de emigrantes
en los desiertos de Estados Unidos. Por otra parte, nadie ha admitido
que si la incidencia de delitos es alta ahí tal vez se deba
a la elevada concentración de personas que ahí concurren
y que lejos de disminuir, aumentará si se hace un mercado
más grande..
¿De
qué manera el rescate del mercado, tal como se propone, va
a inducir a la desconcentración del tránsito? Tal
vez la conversión de algunos espacios en áreas peatonales
y zonas verdes lo alivie ahí, pero como no desalentará
la concurrencia al centro lo único que se logrará
es cambiar de lugar los congestionamientos.
La
ciudad de Mérida, como muchas grandes ciudades de México,
tiene la urgencia de repoblar el centro histórico y los barrios
aledaños y para eso se necesita, ciertamente, de la regeneración
de los espacios públicos que hagan esa zona tan habitable
o más de lo que fue hace 30 o 40 años. ¿En
qué medida la ampliación del mercado principal ayudará
y no desalentará tan necesaria reconversión? De esto
muy poco o nada se ha explicado.
Por
otra parte, si se hacen mercados más grandes para descongestionar
las calles de comerciantes, malamente llamados ambulantes porque
están de fijo como estorbos, y si no se hallan pronto soluciones
de más largo plazo a los gravísimos problemas de desempleo
y empleo mal pagado que alientan el comercio informal, al cabo de
unos cuantos años, no cincuenta como se dice, nuevos vendedores
sustituirían a los alojados en el nuevo mercado. Eso, si
los vendedores de dos o tres huacales de ahora encuentran con qué
pagar las concesiones porque, si eso no sucede, no será fácil
desalojarlos.
En
fin, como La Revista de la semana pasada anticipó: después
de la consulta todo está por hacerse. El rescate del centro
histórico debe hacerse para elevar la calidad de vida, en
primer lugar de quienes viven y trabajan ahí, que de esa
manera nos beneficiaremos los demás y los turistas.
(Mérida,
Yucatán a 11 de diciembre de 2002.)
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