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Jesús
Blancornelas, director del semanario tijuanense Zeta, es, hoy por
hoy, uno de los grandes periodistas mexicanos. Con más de
45 años en el oficio, ha sido merecedor de varios premios
en su notable trayectoria: el María Moors Cabot, el Nacional
de Periodismo, el Internacional del Comité de Protección
a Periodistas y el Mundial de Periodismo, otorgado por la UNESCO.
Don
Jesús es uno de los mayores especialistas en narcotráfico
de nuestro país, lo que le ha costado casi la vida. En el
2002 publicó su libro El cártel. Los Arellano Félix:
la mafia más poderosa en la historia de América Latina
(Plaza y Janés, 2002), en el que relata muchas de las correrías
de los jefes del cártel de Tijuana.
Es
acerca de ese libro sobre el que sostuvimos una entrevista electrónica
con el autor, en la que habló de su interés por el
tema, de los desconocidos cárteles norteamericanos, del combate
al narcotráfico, del papel del Ejército en él,
de los orígenes sociales de los narcotraficantes y de su
vida bajo la amenaza del cártel de Tijuana.
Ariel
Ruiz (AR): Usted tiene una prolongada carrera de periodista. Inició
en el área deportiva -como no pocos de los grandes periodistas
mexicanos, por ejemplo don Francisco Martínez de la Vega-,
y después se convirtió en especialista en cuestiones
políticas. ¿Cómo fue que empezó a relacionarse
con la investigación de una materia tan peligrosa como el
narcotráfico? ¿Es a partir de su encuentro con Alberto
Sicilia Falcón?
Jesús
Blancornelas (JB): Don Francisco Martínez de la Vega me trae
gratos recuerdos. "Pioquinto" era su pseudónimo
en La Afición, y cuando llegó a San Luis Potosí
como gobernador interino, nos llamó a los cronistas deportivos.
Cada jueves teníamos reunión en Palacio para tratar
asuntos deportivos tanto para ayudar a quienes se lo merecían,
como financiar sus viajes o construir instalaciones. Fue una gran
experiencia.
La
relación con el narcotráfico no se dio a partir de
la entrevista con Sicilia. Esto sucedió cuando aparecen los
Arellano en Tijuana, ya notablemente en 1985. Su violencia obliga
a fijarme en ellos. Luego el "reclutamiento" de los "narco-juniors"
hace más ostentosa su presencia en la ciudad, en discotecas,
bailes, verlos en autos por la ciudad y traficando libremente. A
ese hecho se sumó la complicidad de la policía.
No fue porque en lo personal me empeñara a tratar el caso
de ellos. No. Ya era una situación insoportable en la ciudad.
Debía escribir sobre ellos. Se convirtieron en noticia.
AR:
Usted habla de que en Estados Unidos hay cárteles más
poderosos que en México. También señala que,
sin embargo, la policía norteamericana no sólo no
ha capturado, ni, hasta donde se sabe, persigue a ninguno de los
grandes narcos de aquel país. Lo más grave es que
ni los propios periodistas de allá parecen saber de los grandes
barones de la droga norteamericanos. ¿A qué atribuye
usted ese fenómeno?
JB:
Siento que los policías y periodistas de Estados Unidos a
veces son mas papistas que el Papa. He tratado con ambos. Les he
dicho: ustedes saben muy bien quiénes son "El Chapo",
los Arellano, Carrillo Fuentes, "El Mayo" y demás.
¿Por qué no me dan el nombre de uno de Estados Unidos?
Nada más uno. Y nunca he tenido respuesta.
A lo
más que llegué fue cuando Jeffrey Davidow -cuando
era embajador de Estados Unidos en México- simplemente me
dijo que eran mafias localizadas en las prisiones estadounidenses,
pero no particularizó.
Insisto
en que allá hay más poderosos mafiosos y policías
más corruptos por un principio lógico: allá
se vende más cara la droga y se consume más. En 1974
visité en Chicago un centro de rehabilitación de drogadictos.
Me confesaron cómo, en dónde y con quién podía
conseguir droga. Fui al lugar y lo vi.
Ahora,
tantos años después, Ted Koppel de ABC News Nigthline,
vino a Tijuana y me enseñó una videograbación,
donde los jóvenes de las preparatorias y universidades le
declararon que para ellos es más fácil comprar marihuana
o cocaína que una cerveza. Es que si van a un expendio de
licor les piden su identificación para comprobar que tienen
más de 21 años. Los narcotraficantes se las venden
sin problema.
Pero
además hay una situación que lamento mucho: el problema
del narcotráfico no se remite a México como se quiere
hacer aparecer en Estados Unidos. Es un caso continental, no unilateral.
Sudamérica produce, México trafica y Estados Unidos
consume. Mientras no se rompa uno de esos eslabones, seguirán
producción, tráfico y consumo. Pueden capturar en
esto momento a todos los mafiosos de México. Pero si los
estadounidenses siguen consumiendo, inmediatamente habrá
quien supla a los detenidos.
AR:
El combate a las bandas de narcotraficantes es sumamente complicado.
Si no hay cooperación de las autoridades e incluso de periodistas
en el solapamiento y encubrimiento mediante la jugosa corrupción,
la alternativa es la muerte. En su opinión y con toda su
experiencia, ¿cómo se puede combatir efectivamente
a esos grupos?
JB:
La pregunta de los 64 mil. Insisto que para combatir el narcotráfico
lo primero es perseguir a los policías y no a los mafiosos.
Sin la complicidad de agentes federales, estatales y municipales,
el narco queda desarmado. No tanto por razón de protección
armada, no. Por la información que proporcionan. Por eso
pagan mucho.
AR:
¿Cree que la legalización de las drogas, o de algunos
narcóticos, sería una medida efectiva para reducir
la delincuencia generada por el narco?
JB:
Estoy contra la legalización.
Primero,
porque no somos un país consumidor. Los drogadictos mexicanos
en su mayoría y por razones económicas, no consumen
tanto la cocaína como las drogas sintéticas. A los
narcos no les conviene andar vendiendo de a gramo en México
en lugar de toneladas. Los existentes en el Distrito Federal y otras
ciudades son "poquiteros" que adulteran la coca, principalmente,
y causan más daño a quien la consume.
Segundo,
si cosecha y cultivo son ilegales, si tráfico es ilegal,
es ilógico que se legalice el consumo. En un momento de llegar
a punto legal, los mafiosos pueden alegar que no incurren en delito
puesto que surten a un mercado legal.
AR:
Como puede leerse en su libro, en Baja California no hubo cambios
drásticos en el combate al narco con los flamantes gobiernos
del PAN. Ahora, un militante de ese partido ejerce la presidencia
de la República desde hace dos años. Con el nuevo
gobierno plenamente democrático, ¿ha habido cambios
relevantes en la lucha contra los traficantes de droga?
JB:
Cambios relevantes no. Circunstanciales como en todas las ultimas
administraciones. Pero nada a fondo.
AR:
Se acostumbra acusar al Ejército mexicano de muchas atrocidades
y anomalías. En ellas se incluyen sus relaciones con los
narcos, a partir del caso del general Jesús Gutiérrez
Rebollo, y dos recientes sucesos: el juicio a los generales Quiroz
Hermosillo y Acosta Chaparro -tres personajes que han sido relacionados
con Amado Carrillo "el Señor de los Cielos"-, y
la desintegración del batallón de Guamúchil.
Empero, en su libro se da cuenta que gracias al GAFE, cuerpo de
inteligencia del propio Ejército, se ha podido aprehender
a importantes narcos. A su juicio, ¿cuál es el papel
que ha jugado el Ejército en la guerra contra el tráfico
de drogas? ¿Ya ha sido corrompido definitivamente?
JB:
El Ejército Mexicano, como toda institución, no está
a salvo de la corrupción. Los hechos nos han demostrado cómo
el narco infiltró cuerpos militares. Desde hace muchos años
se hablaba de esa complicidad, pero por razones de tradición
o temor no se trataba nada. En mi opinión, lo hecho en Guamúchil
y los procesos a generales, lo considero un "candado"
para no permitir más complicidades. Ya saben los militares
a lo que se exponen. Pero lo más importante es el compromiso
del General Secretario de la Defensa Nacional. No puede ni debe
permitir mas irregularidades. Ha sido una buena decisión.
También
libera del temor a los periodistas para tratar posibles relaciones
futuras con el narco.
En
cuanto al papel que ha desarrollado el Ejército me remito
a los hechos: el "Kitty" Paéz detenido por militares.
También: Jesús Labra Avilés, Alcides Magaña
"El Metro", "El June", Amado Cruz, Alejandro
Hodoyán, Fausto Soto Miller, Ismael Higuera "El Mayel",
y la cereza del pastel: Benjamín Arellano.
La
PGR se adornó en tiempos pasados con tales capturas, por
eso el General Secretario actual realizó en sus oficinas
la conferencia de prensa para anunciar la detención de Benjamín.
Aparte, la PGR no tiene la capacidad para enfrentarse al narcotráfico.
Ni en número de efectivos, ni en armamento, y lo principal:
servicios de inteligencia.
Quienes
alegan que el cuerpo castrense debe mantenerse fuera del combate
ignoran que el narcotráfico fue considerado oficialmente
desde sexenios pasados como problema de seguridad nacional. En consecuencia,
si uno de los deberes del Ejército es vigilar por la seguridad
nacional, su actuación no es ilegal.
AR:
Uno de los fenómenos más extraordinarios del narco
lo ha sido el de los "narcojuniors": muchachos de muy
buenas familias de Tijuana que ingresaron a la banda de los Arellano.
Dos preguntas sobre eso: ¿cuál es su explicación
de ese fenómeno? ¿qué relación existe
entre pobreza y narcotráfico?
JB:
Tenemos dos clases, por decirlo así, de narcotraficantes.
El
sinaloense. Abierto, franco, ayuda a los desamparados, regala dinero
a quien lo necesita, escuela a quien no la tiene. Por eso y su habilidad
para no ser detenidos, han causado una cultura en la juventud: los
jóvenes quieren ser como ellos cuando sean grandes. Tener
su camioneta Lobo último modelo. Su güera por un lado
y su "cuerno de chivo". El sueño de convertirse
rico después de ser pobre y ayudar a sus cercanos o paisanos.
La
otra cultura es distinta y fue fomentada por los Arellano: darles
poder a quienes tienen todas las comodidades. Hijos de familias
pudientes. Lo grave en este caso fue que se desbordaron. Sólo
provocaron atraer la atención hacia los Arellano y al final
casi todos murieron o están en prisión. Su sueño
fue ser intocables. No ayudaron a los necesitados. Jamás
se rozaron con los humildes.
AR:
Hay una terrible sentencia del gobernador de Sinaloa que usted rescata
en su libro: "Este terrible monstruo que tenemos enfrente que
es el narcotráfico ha crecido precisamente porque la sociedad
lo ha tolerado." Dice que en aquel estado, cuna de varios de
los más terribles narcos, a éstos se les acepta como
gente normal. Ocurre que a veces también son generosos, hacen
florecer la economía, ayudan a menesterosos. ¿Qué
opina usted de tan tremenda declaración?
JB:
Es muy discutible.
Un
empresario me comentó: si a él le iban a comprar diez
autos nuevos al contado, encantado que los vendería. Su obligación
no es preguntar de donde sacó dinero el comprador. Ni tampoco
denunciarlo. Pero a la vez preguntó: ¿por qué
no se fija el gobierno cuando les entrega las placas de circulación,
aun cuando sean a nombre de otra persona pero todas simultáneamente?
Si
un mafioso llega y compra dos o tres residencias millonarias, no
se las van a negar; uno de los fraccionadores me dijo que si lo
hacía, se exponía a que lo mataran. Y se refirió
también a que no hay ley que impida vender al contado ni
a preguntarle al comprador de dónde sacó el dinero.
La
sociedad denuncia esos hechos pero la autoridad no los atiende.
Entonces esto se convierte en una mezcolanza de conveniencia, irresponsabilidad,
temor y complicidad.
Para
enfrentarla hace falta un servicio de inteligencia muy capaz.
AR:
Estuvo cerca de poder hablar, e incluso de ver personalmente, a
Ramón Arellano Félix, que le mandó decir que
él no había ordenado el atentado contra usted. Si
no mal recuerdo, en otro texto usted manifestó su interés
por entrevistarlo. A grandes rasgos, ¿qué le hubiera
preguntado al hombre que intentó matarlo?
JB:
Primero le explicaría que no le tenía rencor ni odio.
Asumo mi papel que me lleva al riesgo por tratar los problemas del
narco. Pero le diría que yo no soy su perseguidor, sino la
policía.
Precisamente
le preguntaría por qué trató matarme. Por qué
ofreció dos contratos para matarme luego que me salvé.
Por
qué siendo un buen estudiante se metió al narcotráfico.
¿Por seguir a su hermano Benjamín? ¿Por deseo
de ser rico? ¿Poderoso?
Naturalmente
no me daría nombres de policías cómplices,
pero tal vez me informaría de cantidades y forma de convencerlos.
Le
hubiera preguntado si se iba a pasar así toda la vida.
Y naturalmente,
que me contara su vida. Cómo se relacionó con los
"narco-juniors", con los gatilleros del Barrio Logan,
por qué se pelearon con "El Chapo", cómo
estuvo lo de Guadalajara.
En
fin, hasta donde aceptara y sobre la marcha irían saliendo
otras preguntas.
AR:
Muy relacionado con la pregunta anterior. ¿Ha pensado, e
incluso hecho trámites, para poder entrevistar a Benjamín
Arellano Félix?
JB:
Benjamín ha dicho desde un principio que no quiere nada conmigo.
Espero que rectifique y entienda. Él está sentido
porque menciono a su familia. Pero no voy a entrar en polémica.
Solamente le diría personalmente que él inmiscuyó
a su familia. En compras, exhibiéndose, siendo ostentoso.
AR:
Finalmente, el extraordinario trabajo de investigación que
usted y el equipo de la revista Zeta, de Tijuana, han realizado
acerca del narcotráfico, le ha traído terribles consecuencias:
tiroteos a sus oficinas, el asesinato de su compañero Héctor
Félix Miranda, un atentado que por poco le cuesta la vida.
Hoy usted tiene que ser protegido por elementos del Ejército
mexicano. ¿Cómo ha cambiado su vida personal, familiar,
por su trabajo periodístico? Viviendo bajo una libertad muy
acotada por la amenaza del narco siempre presente, ¿ha valido
la pena pagar el costo de su valiente y excelente trabajo periodístico?
JB:
En principio era angustioso y desesperante. Salía de casa
mirando hacia todas partes esperando la aparición de los
narcos.
Pero
la ayuda de mis doctores y amigos sacerdotes me cambió. Me
recalcaron que para provecho personal, familiar y profesional, vivo
horas extras. Lo he dicho muchas veces.
Entonces
cambié.
Salgo
tranquilo. No voy asustado. Voy más preparado a que me pase
algo, pero sin miedo, a que no me pase nada. Pero en tranquilidad.
No
puedo decir que ha valido la pena, para que no se tome estrictamente
así, y mis propios compañeros de otras publicaciones
me critiquen como es tan común en esta profesión.
Simplemente
vivo más en mi casa. Me visitan mis hijos y nietos con mas
cariño cada semana. También mis amigos. Mis compañeros
de trabajo son excelentes.
El
tiempo que estoy en casa, lo ocupo más en escribir. Ya no
es como antes. El Cártel lo escribí totalmente a mano.
Lo corregí. Luego lo pasé a computadora y corregí
nuevamente. Es lo que hago con todos mis trabajos normales. Tengo
más tiempo para no hacer las cosas tan rápido.
Creo
que comparado con cualquier narcotraficante, vivo más tranquilo.
Y sobre todo, así lo siento, más cerca de Dios.
(A.R.M.
México, D.F., diciembre de 2002).
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