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Mérida,
 

El proyecto del Mercado Grande

La Consulta ciudadana y otras cosas

Por Carlos A. Sarabia Barrera
 


Tal y como se esperaba, la alcaldesa meridana ha conseguido el apoyo popular que necesitaba para hacer realidad el proyecto del mercado y sus zonas adyacentes.

Ciertamente, la respuesta de los ciudadanos no fue como la del 2 de julio o el 27 de mayo, aunque debemos tomar en cuenta la escasa publicidad pagada -los anuncios salieron apenas una semana antes- y el que las casillas no hayan sido muchas. Esto hace que los votantes representen apenas una ínfima parte de la población meridana en edad de votar, aunque es justo decir que la mayor parte de nosotros no tenemos costumbre de participar en plebiscitos, consultas o referéndums a causa de la poca cultura cívica. Pero sin discusión alguna, la consulta ha sido limpia, democrática y, al menos entre los que votaron, ha comprobado que la mayoría de los meridanos conoce (83.65%) el proyecto y que apoya la remodelación de esa parte de nuestra urbe (72.90%). Si existió algún brote de violencia a lo largo del día de la consulta, fue protagonizado precisamente por los locatarios, quienes con el apabullante resultado, han tenido una muestra del nivel de aprobación que entre los meridanos gozan la alcaldesa y su partido.

Los locatarios del mercado Lucas de Gálvez en unión del presidente de la Cámara de Comercio de Mérida, todos de tendencia priísta ¡qué casualidad!, hicieron gran escándalo a la CP Ana Rosa Payán, antes y durante la consulta y, seguramente, lo seguirán haciendo aún después de comprobar que los meridanos rechazan sus injustificados chantajes.

Utilizando la misma estrategia que por años ha usado su partido, estos lidercillos recurren a la mentira descarada y a la manipulación informativa con la finalidad de hacerles creer a los meridanos que son víctimas de los abusos de la primera regidora municipal, a la que acusan falsamente de cerrarse al diálogo, a pesar de ser ellos quienes han dejado plantada a Payán Cervera cuando los ha citado para explicarles el susodicho anteproyecto.

Tratando de defender lo indefendible, los locatarios del Mercado Grande han anunciado que "protegerán" lo que consideran "su" patrimonio, aún sabiendo que sólo 259 de 2,228 comerciantes del Lucas de Gálvez cuentan con sus concesiones, y, que estas 259, fueron otorgadas en 1990 por un período de quince años, cuando fue alcaldesa por primera vez Ana Rosa. Por tanto, aunque hayan sido aprobadas por el Congreso del Estado, dichas concesiones se vencen en 2005. Mucho ruido, pocas nueces.

Por su parte, en una actitud que ya a nadie extraña, los regidores priístas del Ayuntamiento meridano siguen utilizando la falsedad como arma de lucha para satanizar los proyectos municipales. Desacreditan por el simple hecho de que la Comuna es surgida de un partido diferente al suyo.

Interpretando a su conveniencia las leyes y planes municipales, los regidores de la dolida oposición priísta han cuestionado el magnífico proyecto del mercado, afirmando injustificadamente, que viola el Plan Municipal de Desarrollo, a pesar de que este último aconseja la reordenación de toda esa catastrófica zona del Centro Histórico de Mérida.

Con desparpajo inaudito, acusan a la presidenta municipal de negarse a negociar, de no consultarles previamente sobre el proyecto y de violar los derechos (¿?) de los locatarios. Lanzan acusaciones sin ton ni son, pero no se acuerdan de informarles a los meridanos que esos grupos que tanto defienden, acaparan de dos a ocho locales y que los rentan a familiares y conocidos en abierta violación al Reglamento de Mercados.

Los lidercillos opositores han formado un "Comité de defensa del Mercado Grande", siendo Ramón Pisté López y Gílmer Castillo Güemes dos de sus más conspicuos representantes. Propietarios cada uno de seis locales, el primero posee otros catorce a nombre de varios de sus hijos.

Los locatarios afiliados a las diversas organizaciones priístas que tanto defienden su "patrimonio", gozan de amplias ganancias, tomando en consideración que las cuotas que pagan al Ayuntamiento van de $10 a $228 mensuales. Esto equivale a pagar de 35 centavos a $8 de renta diaria disfrutando de servicios públicos como recolección de basura, limpieza, mantenimiento, drenaje, vigilancia, etc. ¿En alguna parte del Centro Histórico podría Ud. encontrar rentas como estas? En contrapartida, los vendedores que no cuentan con un local, -los ambulantes, pues- pagan por uso de suelo $2 diarios o $60 mensuales.

Y no se crea que por pagar una bicoca los señores locatarios que hoy se hacen las víctimas son muy buenos pagadores. Los morosos en el Mercado Grande, abundan. Grande es la lista en poder del Ayuntamiento de los que no han pagado en más de un año. En su afán de defender "su patrimonio" no les importa defraudar a la ciudad que tanto necesita de esos recursos.

¿Por qué será que los preocupados regidores priístas del Ayuntamiento no nos informan nada de esto?

En lugar de trabajar por la ciudad, algunos regidores priístas se dedican con toda mala fe y dando muestra de escasa información a difamar a los ayuntamientos panistas anteriores, como el regidor Antonio Morales Balderas quien declaró: "después de cuatro administraciones panistas se dan cuenta que es necesario demoler el Lucas de Gálvez". Ha de saber este despistado regidor que, desde hace mucho tiempo, los predecesores de Ana Rosa Payán ya tenían la intención de utilizar el terreno del ex Chetumalito para construir un nuevo mercado. Si no se había podido es porque el egoísmo y la mezquindad de los gobernadores priístas habían evitado el traspaso de dicho terreno. Si ahora ha podido cristalizar este anhelo es gracias a Patricio Patrón Laviada.

Existe otro regidor que, aprovechando el asunto del mercado, ha dejado que salga a flote su paranoia y, como es propenso a inventar hasta lo que no ha sucedido con tal de hacerse notar, creyendo que aún vive el tiempo del cerverato, el desacato y la "fe de erratas" -en las que tuvo brillante participación- se ha atrevido a calificar de espurio al Consejo Ciudadano encargado de realizar la consulta pública sobre el mercado grande.

Utilizando su fútil imaginación con la que a cada rato mete la pata, ha creído que el actual Ayuntamiento es igual a la Legislatura que encabezó Myrna Hoyos y, con toda ligereza, ha acusado a la Comuna de eliminar una parte del Art. 63 de la Ley Orgánica de los Municipios. O sea, la "fe de erratas" pero al revés. ¡Hágame el favor!

Pero aún hay más que vale la pena comentar. Este pobrecito regidor ha llegado al grado de denostar a la gente decente y honorable como don Ariel Avilés Marín o el Lic. Jorge Puga Rubio, presidente del Consejo Electoral del Estado el primero y regidor panista el segundo; hombres capacitados que han trabajado arduamente por el engrandecimiento de Mérida y de Yucatán.

De don Ariel, dijo el regidor de marras que le debe el puesto al TRIFE y le advierte que, por pertenecer al Consejo Ciudadano, podría ser enjuiciado por utilizar recursos públicos (¿?).

Es ampliamente conocida la envidia que este regidor guarda hacia el Lic. Puga Rubio, al que todo el tiempo trata de desprestigiar o de ridiculizar a causa de la magnífica labor que ha desempeñado en el Ayuntamiento, en contraste al gris paso que por los puestos públicos ha tenido el priísta, siempre protegido por sus padrinos, especialmente aquel a quien le debe la regiduría. ¿Por qué tanta animosidad contra el regidor Puga Rubio? ¿Será porque es quien lo acusó formalmente, junto con el presidente del CDE del PAN, en el asunto de la "fe de erratas"?

Y aquí me entra la curiosidad: Rachito ha mencionado a unos huaches que se dedican a ser defensores. ¿Quiénes son? ¿Qué defienden? ¿Será que se refiere a aquellos huaches que vinieron a apoyar la ridícula lucha -emprendida por su padrino- por una soberanía que nunca estuvo en juego? No lo sabemos, pero el caso es que Rafael, padeciendo quizá un "lapsus" mental, se ha imaginado que al igual que en la administración de Cervera Pacheco, en el Ayuntamiento se dan también los consejos espurios, los gobernantes de 10 años y los desacatos. Paranoia en sumo grado.

Con esta clase de regidores tiene que lidiar la alcadesa Ana Rosa Payán Cervera. A muchos de estos juniorcitos que hoy se ostentan como regidores, les queda bien el dicho bíblico "por sus frutos los conoceréis", pues frutos buenos hasta ahora no han dado.

Esperamos que se haga realidad este proyecto municipal que transformará radicalmente el Centro Histórico. Mérida debe ir para adelante, a pesar de estos residuos del pasado que sólo pretenden continuar lucrando con lo que no les pertenece, en beneficio de sus intereses particulares y de partido.

(C.A.S.B.- Mérida de Yucatán, diciembre de 2002).





 


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