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Tal y como se esperaba, la alcaldesa meridana ha conseguido el apoyo
popular que necesitaba para hacer realidad el proyecto del mercado
y sus zonas adyacentes.
Ciertamente,
la respuesta de los ciudadanos no fue como la del 2 de julio o el
27 de mayo, aunque debemos tomar en cuenta la escasa publicidad
pagada -los anuncios salieron apenas una semana antes- y el que
las casillas no hayan sido muchas. Esto hace que los votantes representen
apenas una ínfima parte de la población meridana en
edad de votar, aunque es justo decir que la mayor parte de nosotros
no tenemos costumbre de participar en plebiscitos, consultas o referéndums
a causa de la poca cultura cívica. Pero sin discusión
alguna, la consulta ha sido limpia, democrática y, al menos
entre los que votaron, ha comprobado que la mayoría de los
meridanos conoce (83.65%) el proyecto y que apoya la remodelación
de esa parte de nuestra urbe (72.90%). Si existió algún
brote de violencia a lo largo del día de la consulta, fue
protagonizado precisamente por los locatarios, quienes con el apabullante
resultado, han tenido una muestra del nivel de aprobación
que entre los meridanos gozan la alcaldesa y su partido.
Los
locatarios del mercado Lucas de Gálvez en unión del
presidente de la Cámara de Comercio de Mérida, todos
de tendencia priísta ¡qué casualidad!, hicieron
gran escándalo a la CP Ana Rosa Payán, antes y durante
la consulta y, seguramente, lo seguirán haciendo aún
después de comprobar que los meridanos rechazan sus injustificados
chantajes.
Utilizando
la misma estrategia que por años ha usado su partido, estos
lidercillos recurren a la mentira descarada y a la manipulación
informativa con la finalidad de hacerles creer a los meridanos que
son víctimas de los abusos de la primera regidora municipal,
a la que acusan falsamente de cerrarse al diálogo, a pesar
de ser ellos quienes han dejado plantada a Payán Cervera
cuando los ha citado para explicarles el susodicho anteproyecto.
Tratando
de defender lo indefendible, los locatarios del Mercado Grande han
anunciado que "protegerán" lo que consideran "su"
patrimonio, aún sabiendo que sólo 259 de 2,228 comerciantes
del Lucas de Gálvez cuentan con sus concesiones, y, que estas
259, fueron otorgadas en 1990 por un período de quince años,
cuando fue alcaldesa por primera vez Ana Rosa. Por tanto, aunque
hayan sido aprobadas por el Congreso del Estado, dichas concesiones
se vencen en 2005. Mucho ruido, pocas nueces.
Por
su parte, en una actitud que ya a nadie extraña, los regidores
priístas del Ayuntamiento meridano siguen utilizando la falsedad
como arma de lucha para satanizar los proyectos municipales. Desacreditan
por el simple hecho de que la Comuna es surgida de un partido diferente
al suyo.
Interpretando
a su conveniencia las leyes y planes municipales, los regidores
de la dolida oposición priísta han cuestionado el
magnífico proyecto del mercado, afirmando injustificadamente,
que viola el Plan Municipal de Desarrollo, a pesar de que este último
aconseja la reordenación de toda esa catastrófica
zona del Centro Histórico de Mérida.
Con
desparpajo inaudito, acusan a la presidenta municipal de negarse
a negociar, de no consultarles previamente sobre el proyecto y de
violar los derechos (¿?) de los locatarios. Lanzan acusaciones
sin ton ni son, pero no se acuerdan de informarles a los meridanos
que esos grupos que tanto defienden, acaparan de dos a ocho locales
y que los rentan a familiares y conocidos en abierta violación
al Reglamento de Mercados.
Los
lidercillos opositores han formado un "Comité de defensa
del Mercado Grande", siendo Ramón Pisté López
y Gílmer Castillo Güemes dos de sus más conspicuos
representantes. Propietarios cada uno de seis locales, el primero
posee otros catorce a nombre de varios de sus hijos.
Los
locatarios afiliados a las diversas organizaciones priístas
que tanto defienden su "patrimonio", gozan de amplias
ganancias, tomando en consideración que las cuotas que pagan
al Ayuntamiento van de $10 a $228 mensuales. Esto equivale a pagar
de 35 centavos a $8 de renta diaria disfrutando de servicios públicos
como recolección de basura, limpieza, mantenimiento, drenaje,
vigilancia, etc. ¿En alguna parte del Centro Histórico
podría Ud. encontrar rentas como estas? En contrapartida,
los vendedores que no cuentan con un local, -los ambulantes, pues-
pagan por uso de suelo $2 diarios o $60 mensuales.
Y no
se crea que por pagar una bicoca los señores locatarios que
hoy se hacen las víctimas son muy buenos pagadores. Los morosos
en el Mercado Grande, abundan. Grande es la lista en poder del Ayuntamiento
de los que no han pagado en más de un año. En su afán
de defender "su patrimonio" no les importa defraudar a
la ciudad que tanto necesita de esos recursos.
¿Por
qué será que los preocupados regidores priístas
del Ayuntamiento no nos informan nada de esto?
En
lugar de trabajar por la ciudad, algunos regidores priístas
se dedican con toda mala fe y dando muestra de escasa información
a difamar a los ayuntamientos panistas anteriores, como el regidor
Antonio Morales Balderas quien declaró: "después
de cuatro administraciones panistas se dan cuenta que es necesario
demoler el Lucas de Gálvez". Ha de saber este despistado
regidor que, desde hace mucho tiempo, los predecesores de Ana Rosa
Payán ya tenían la intención de utilizar el
terreno del ex Chetumalito para construir un nuevo mercado. Si no
se había podido es porque el egoísmo y la mezquindad
de los gobernadores priístas habían evitado el traspaso
de dicho terreno. Si ahora ha podido cristalizar este anhelo es
gracias a Patricio Patrón Laviada.
Existe
otro regidor que, aprovechando el asunto del mercado, ha dejado
que salga a flote su paranoia y, como es propenso a inventar hasta
lo que no ha sucedido con tal de hacerse notar, creyendo que aún
vive el tiempo del cerverato, el desacato y la "fe de erratas"
-en las que tuvo brillante participación- se ha atrevido
a calificar de espurio al Consejo Ciudadano encargado de realizar
la consulta pública sobre el mercado grande.
Utilizando
su fútil imaginación con la que a cada rato mete la
pata, ha creído que el actual Ayuntamiento es igual a la
Legislatura que encabezó Myrna Hoyos y, con toda ligereza,
ha acusado a la Comuna de eliminar una parte del Art. 63 de la Ley
Orgánica de los Municipios. O sea, la "fe de erratas"
pero al revés. ¡Hágame el favor!
Pero
aún hay más que vale la pena comentar. Este pobrecito
regidor ha llegado al grado de denostar a la gente decente y honorable
como don Ariel Avilés Marín o el Lic. Jorge Puga Rubio,
presidente del Consejo Electoral del Estado el primero y regidor
panista el segundo; hombres capacitados que han trabajado arduamente
por el engrandecimiento de Mérida y de Yucatán.
De
don Ariel, dijo el regidor de marras que le debe el puesto al TRIFE
y le advierte que, por pertenecer al Consejo Ciudadano, podría
ser enjuiciado por utilizar recursos públicos (¿?).
Es
ampliamente conocida la envidia que este regidor guarda hacia el
Lic. Puga Rubio, al que todo el tiempo trata de desprestigiar o
de ridiculizar a causa de la magnífica labor que ha desempeñado
en el Ayuntamiento, en contraste al gris paso que por los puestos
públicos ha tenido el priísta, siempre protegido por
sus padrinos, especialmente aquel a quien le debe la regiduría.
¿Por qué tanta animosidad contra el regidor Puga Rubio?
¿Será porque es quien lo acusó formalmente,
junto con el presidente del CDE del PAN, en el asunto de la "fe
de erratas"?
Y aquí
me entra la curiosidad: Rachito ha mencionado a unos huaches que
se dedican a ser defensores. ¿Quiénes son? ¿Qué
defienden? ¿Será que se refiere a aquellos huaches
que vinieron a apoyar la ridícula lucha -emprendida por su
padrino- por una soberanía que nunca estuvo en juego? No
lo sabemos, pero el caso es que Rafael, padeciendo quizá
un "lapsus" mental, se ha imaginado que al igual que en
la administración de Cervera Pacheco, en el Ayuntamiento
se dan también los consejos espurios, los gobernantes de
10 años y los desacatos. Paranoia en sumo grado.
Con
esta clase de regidores tiene que lidiar la alcadesa Ana Rosa Payán
Cervera. A muchos de estos juniorcitos que hoy se ostentan como
regidores, les queda bien el dicho bíblico "por sus
frutos los conoceréis", pues frutos buenos hasta ahora
no han dado.
Esperamos
que se haga realidad este proyecto municipal que transformará
radicalmente el Centro Histórico. Mérida debe ir para
adelante, a pesar de estos residuos del pasado que sólo pretenden
continuar lucrando con lo que no les pertenece, en beneficio de
sus intereses particulares y de partido.
(C.A.S.B.-
Mérida de Yucatán, diciembre de 2002).
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