| |
Mérida, al menos, tiene cuatro regidores pundonorosos que
la llevan en el corazón. Alzan la voz en defensa de la ciudad
a la que prometieron servir, en vez de servirse de ella como algunos
malos hijos suyos acostumbran. Lo hacen con valor cívico
y presencia ciudadana, sin banderías partidistas. Hablan
claro y fuerte. La autoridad municipal responsable de sus denuncias
deberá responder a ellas con claridad meridiana, sin esconderse
en palabras mentirosas o insuficientes. Todos los funcionarios públicos
están obligados a proceder con rectitud y ejemplaridad. Por
su buen nombre. Por el de la administración municipal.
No han hecho más que cumplir con su deber. Y para eso les
paga la ciudad. Sin embargo, son aves tan raras en el quehacer público
de los que ofrecieron el cambio que no resistimos el deseo de aplaudirlos
públicamente. Nos referimos a dos regidores de Espectáculos,
uno de Mercados y otro de Salud, los Sres. Jorge Puga Rubio y Jorge
Gamboa Wong, Armando Ceballos Cetina y Raúl Castillo Hoyos,
respectivamente. Los tres primeros denunciaron la apertura injustificada
de cantinas disfrazadas de restaurantes de primera y que la Dirección
de Desarrollo Urbano otorga los permisos correspondientes, y el
último se les unió y dijo que no es posible que se
den más permisos a establecimientos que fomentan el alcoholismo
y en ocasiones hasta la prostitución.
En su edición del miércoles 4 de diciembre, D. de
Y. registró las declaraciones de los tres primeros. Puga
Rubio "criticó que la Dirección de Desarrollo
Urbano haya otorgado en lo que va de esta administración
unos 150 permisos para coctelerías, 'restaurantes de primera'
y bares en pleno centro". Se quejó de que la regiduría
de espectáculos lucha por sacar del centro unos seis "giros
negros" y ellos nos traen más. Exigirá al titular
de la dirección responsable una explicación documentada
de cada uno de los establecimientos de ese tipo abiertos en el centro,
para verificar si en verdad o no merecían el permiso. Ya
veremos si cumple.
Para Ceballos Cetina es muy difícil que los bares o cantinas
que han abierto en esta administración cumplan todos los
requisitos de salud o de uso de suelo, razón por la cual
no deberían estar funcionando. Eufemísticamente, dijo
que están dando los permisos con mucha facilidad: "de
otra manera no me explico cómo una farmacia, ubicada frente
al mercado de Santa Ana, se ha convertido en un bar". Puga
Rubio señaló otra mancha: el "restaurante de
primera" Las Bellas", calles 63x50, donde operaba el bar
"Mar y sol", clausurado por diversas anomalías.
Pero eso no fue todo.
El mismo regidor señaló como el colmo el caso de la
cantina "El consorcio de los camarones" (64 entre 59 y
61, a unos pasos de la clínica del IMSS), y añadió
el de "Toma 2", en la 62 con 67, que "según
Desarrollo Urbano cumple todos los requisitos para funcionar en
esa parte del centro". La nota consigna que Desarrollo Urbano,
telefónicamente, informó a Puga Rubio que no hay normas
para la apertura de "restaurantes de primera", por lo
que no se puede evitar darles el permiso. ¿Cómo está
eso? ¿Si no hay normas, cómo cumplen todos los requisitos?
Al día siguiente, la alcaldesa declaró que como las
normas lo permiten el Ayuntamiento no puede evitar la apertura de
"restaurantes de primera", aunque haya quejas de que son
en realidad cantinas disfrazadas. ¿No que no hay normas?
¿Cuáles son esas normas que lo permiten? El titular
de Desarrollo Urbano, Arqto. Antonio Peniche Gallareta, aseguró
que los permisos otorgados van de acuerdo con la ley, que permite
la apertura de restaurantes en el centro. El y Ana Rosa campechanean.
La verdadera cuestión es si las licencias y permisos respectivos
se están otorgando sólo a quienes cumplen los requisitos
comunales.
Para saberlo, publique la Comuna los requisitos que Juan de los
Palotes deba cumplir para que le autoricen licencia de restaurante
de primera (es la que permite la venta de licor) así como
los requisitos que exige la licencia de restaurante de segunda.
La corrupción radica en que sin cumplir los requisitos otorguen
la licencia mediante el pago de una cantidad estipulada por la ley,
que es la que se ingresa oficialmente, y otra que dio origen al
escandaloso caso de los portafolios, donde se enriquecen funcionarios
corruptos y sus jefes cómplices. Si así fuera, ni
a la alcaldesa ni a su funcionario convendría aclararlo.
La zona del mercado grande padece graves problemas de seguridad,
entre otras causas, por el alcoholismo, la drogadicción y
la prostitución que favorecen las cantinas, disfrazadas o
no de restaurantes de primera. Su remodelación, nos queda
claro, impulsaría la candidatura de Ana Rosa a la silla de
Patricio. Pero persiste el temor, fundado sobre la denuncia de los
valientes regidores y la incapacidad exhibida y declarada por la
alcaldesa y su director de Desarrollo Urbano, de que con el nuevo
mercado prolifere esa mancha de "restaurantes de primera"
y lo convierta en la ciudad del vicio. ¡Ponga orden primero,
"Lady-boss"!.
(J.R.M.N.-
Mérida, diciembre de 2002).
|
|