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Liberia
o la tierra de los libres es un país con una extensión
territorial de 96,320 kilómetros cuadrados que albergan
a una población de poco más de tres millones
de habitantes. De ellos, sólo el cinco por ciento corresponden
a los descendientes de repatriados y/o "libertos"
procedentes del Caribe y de Estados Unidos, en tanto el grueso
de la población pertenece a los grupos étnicos
mende, kwa y vai -además de que hay unos 30 grupos
étnicos menores.
Antes
de que el presidente estadounidense Abraham Lincoln aboliera
la esclavitud en el vecino país del Norte en 1865,
los esclavos se habían convertido en un problema social
de gran envergadura, sobre todo en el Sur. De ahí que
se aplicara la solución "benthamiana" de
repatriarlos a África y puesto que se asumía
que cualquier lugar de ese continente les "vendría
bien" fueron remitidos a la colonia británica
de Sierra Leona. En 1821 la Sociedad Americana de Colonización
adquirió una parte de Sierra Leona y fundó una
ciudad denominada "Monrovia" en honor a James Monroe.
Los
repatriados no se integraron con la población nativa,
a la que consideraban "salvaje" e "inferior".
Sin embargo, los "libertos", siendo minoría,
lograron prevalecer sobre los nativos, gracias al apoyo bélico
de Estados Unidos. Hay que recordar que en 1841 el gobierno
estadounidense aprobó la Constitución de Liberia,
redactada en la Universidad de Harvard. Seis años después,
Liberia proclamó su independencia, manteniendo la Constitución
made in Harvard y estableciendo una "democracia"
en la que, para poder votar se requería poseer tierras.
Desde
entonces hasta hoy poco ha cambiado la estructura del poder
y de la distribución de la riqueza en el atribulado
país africano. La clase económica más
poderosa desciende de los "libertos" y se encuentra
vinculada a los intereses del capital transnacional. Ello
allanó el camino para que en las primeras décadas
del siglo XX se suscribieran acuerdos con grandes corporaciones
a las que se les dieron atribuciones para controlar la producción
de caucho (Goodrich y Firestone suscribieron un contrato en
1926 que tiene validez por 99 años), de petróleo,
de diamantes y de hierro, entre otras riquezas naturales.
La
estructura económica y política imperante explica
la existencia de una gran inestabilidad que desde 1979 se
ha agudizado al deteriorarse el bienestar social combinado
con los primeros acuerdos que el país signó
con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con las consecuentes
reformas privatizadoras y desreguladoras.
El
gobierno estadounidense ha apoyado a la élite gobernante
de Liberia, el único país africano en el que
Washington ha logrado establecer un enclave que le garantice
sus intereses, en un continente sumamente hegemonizado por
los países europeos. Ello de ninguna manera significa
que Liberia sea un modelo de estabilidad, como lo atestigua
la guerra civil que se ha agudizado particularmente desde
que el presidente Samuel Doe, nativo de Liberia y miembro
de la etnia kranh fuera asesinado en septiembre de 1990 como
resultado de la rebelión promovida por un descendiente
de "libertos" de nombre Charles Taylor.
En
el transcurso de los 90 se produjeron numerosos intentos de
parte de la comunidad internacional para lograr que se suscribiera
un tratado de paz. El tratado, firmado el 17 de julio de 1993
tomó tiempo antes de que se le pudiera poner en marcha,
puesto que las rivalidades entre las partes en conflicto no
cedían. Hacia noviembre de 1996 se inició el
proceso de desarme pero los estragos de la guerra eran evidentes:
200 mil personas murieron y un millón más se
convirtieron en refugiados o desplazados en países
vecinos.
El
controvertido Charles Taylor llegó a la presidencia
tras los comicios de julio de 1997 y hubo de enfrentar numerosos
problemas, por ejemplo, el de la repatriación de los
liberianos residentes en países vecinos. Ocurre que
la comunidad internacional no apoyó con los recursos
prometidos la reconciliación y la paz en el país,
por lo que sólo unos 200 mil liberianos fueron contemplados
en los programas de ayuda para el retorno.
La
inestabilidad económica y social se agudizaron, y las
críticas al régimen de Taylor se exacerbaron.
El gobierno, en consecuencia, respondió con la represión
y el cierre de estaciones de radio más la censura a
otros medios de comunicación. Paralelamente, la guerra
civil en la vecina Sierra Leona y el involucramiento del gobierno
de Taylor, quien, a cambio de diamantes que le proporcionaban
los guerrilleros leoneses, traficaba armas a través
de Guinea. De hecho, el Comité de Sanciones de las
Naciones Unidas que analizaba en ese momento la crisis en
Sierra Leona, encontró que la actuación de Taylor
lo hacía acreedor igualmente a sanciones. Asimismo,
se convocó a la comunidad internacional a no adquirir
diamantes de esa zona, lo cual más adelante generaría
otro escándalo al darse a conocer un informe que revelaba
que numerosas corporaciones e intereses occidentales se habían
beneficiado de la guerra en Sierra Leona y de la obsequiosa
colaboración de Taylor para traficar con los llamados
diamantes de la zona del conflicto (o conflict diamonds).
Hoy
Charles Taylor ya no gobierna Liberia: aceptó el asilo
que le brinda el gobierno de Nigeria y dejó el gobierno
en manos del vicepresidente Moses Blah. Sin embargo, poco
o nada se han modificado las estructuras de dominio económico
y político imperantes en el país, por lo que
cabe esperar que la inestabilidad prevalezca, máxime
ahora cuando teniendo un problema de seguridad tan serio como
el imperante en Irak, Estados Unidos no está dispuesto
a involucrarse decisivamente en el proceso de reconstrucción
y estabilización de Liberia -con todo y que presionó
a Taylor para que abandonara el poder. Y es que, contrario
a lo que sugiere su doctrina de seguridad, Estados Unidos
no parece estar en condiciones de librar contiendas bélicas
simultáneamente en dos latitudes distintas
No
vaya siendo que se cumpla aquello de que el que mucho abarca,
poco aprieta.
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