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Mérida,
 

Caso Liberia

Bye, bye Charles Taylor

Por María Cristina Rosas
 

Liberia o la tierra de los libres es un país con una extensión territorial de 96,320 kilómetros cuadrados que albergan a una población de poco más de tres millones de habitantes. De ellos, sólo el cinco por ciento corresponden a los descendientes de repatriados y/o "libertos" procedentes del Caribe y de Estados Unidos, en tanto el grueso de la población pertenece a los grupos étnicos mende, kwa y vai -además de que hay unos 30 grupos étnicos menores.

Antes de que el presidente estadounidense Abraham Lincoln aboliera la esclavitud en el vecino país del Norte en 1865, los esclavos se habían convertido en un problema social de gran envergadura, sobre todo en el Sur. De ahí que se aplicara la solución "benthamiana" de repatriarlos a África y puesto que se asumía que cualquier lugar de ese continente les "vendría bien" fueron remitidos a la colonia británica de Sierra Leona. En 1821 la Sociedad Americana de Colonización adquirió una parte de Sierra Leona y fundó una ciudad denominada "Monrovia" en honor a James Monroe.

Los repatriados no se integraron con la población nativa, a la que consideraban "salvaje" e "inferior". Sin embargo, los "libertos", siendo minoría, lograron prevalecer sobre los nativos, gracias al apoyo bélico de Estados Unidos. Hay que recordar que en 1841 el gobierno estadounidense aprobó la Constitución de Liberia, redactada en la Universidad de Harvard. Seis años después, Liberia proclamó su independencia, manteniendo la Constitución made in Harvard y estableciendo una "democracia" en la que, para poder votar se requería poseer tierras.

Desde entonces hasta hoy poco ha cambiado la estructura del poder y de la distribución de la riqueza en el atribulado país africano. La clase económica más poderosa desciende de los "libertos" y se encuentra vinculada a los intereses del capital transnacional. Ello allanó el camino para que en las primeras décadas del siglo XX se suscribieran acuerdos con grandes corporaciones a las que se les dieron atribuciones para controlar la producción de caucho (Goodrich y Firestone suscribieron un contrato en 1926 que tiene validez por 99 años), de petróleo, de diamantes y de hierro, entre otras riquezas naturales.

La estructura económica y política imperante explica la existencia de una gran inestabilidad que desde 1979 se ha agudizado al deteriorarse el bienestar social combinado con los primeros acuerdos que el país signó con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con las consecuentes reformas privatizadoras y desreguladoras.

El gobierno estadounidense ha apoyado a la élite gobernante de Liberia, el único país africano en el que Washington ha logrado establecer un enclave que le garantice sus intereses, en un continente sumamente hegemonizado por los países europeos. Ello de ninguna manera significa que Liberia sea un modelo de estabilidad, como lo atestigua la guerra civil que se ha agudizado particularmente desde que el presidente Samuel Doe, nativo de Liberia y miembro de la etnia kranh fuera asesinado en septiembre de 1990 como resultado de la rebelión promovida por un descendiente de "libertos" de nombre Charles Taylor.

En el transcurso de los 90 se produjeron numerosos intentos de parte de la comunidad internacional para lograr que se suscribiera un tratado de paz. El tratado, firmado el 17 de julio de 1993 tomó tiempo antes de que se le pudiera poner en marcha, puesto que las rivalidades entre las partes en conflicto no cedían. Hacia noviembre de 1996 se inició el proceso de desarme pero los estragos de la guerra eran evidentes: 200 mil personas murieron y un millón más se convirtieron en refugiados o desplazados en países vecinos.

El controvertido Charles Taylor llegó a la presidencia tras los comicios de julio de 1997 y hubo de enfrentar numerosos problemas, por ejemplo, el de la repatriación de los liberianos residentes en países vecinos. Ocurre que la comunidad internacional no apoyó con los recursos prometidos la reconciliación y la paz en el país, por lo que sólo unos 200 mil liberianos fueron contemplados en los programas de ayuda para el retorno.

La inestabilidad económica y social se agudizaron, y las críticas al régimen de Taylor se exacerbaron. El gobierno, en consecuencia, respondió con la represión y el cierre de estaciones de radio más la censura a otros medios de comunicación. Paralelamente, la guerra civil en la vecina Sierra Leona y el involucramiento del gobierno de Taylor, quien, a cambio de diamantes que le proporcionaban los guerrilleros leoneses, traficaba armas a través de Guinea. De hecho, el Comité de Sanciones de las Naciones Unidas que analizaba en ese momento la crisis en Sierra Leona, encontró que la actuación de Taylor lo hacía acreedor igualmente a sanciones. Asimismo, se convocó a la comunidad internacional a no adquirir diamantes de esa zona, lo cual más adelante generaría otro escándalo al darse a conocer un informe que revelaba que numerosas corporaciones e intereses occidentales se habían beneficiado de la guerra en Sierra Leona y de la obsequiosa colaboración de Taylor para traficar con los llamados diamantes de la zona del conflicto (o conflict diamonds).

Hoy Charles Taylor ya no gobierna Liberia: aceptó el asilo que le brinda el gobierno de Nigeria y dejó el gobierno en manos del vicepresidente Moses Blah. Sin embargo, poco o nada se han modificado las estructuras de dominio económico y político imperantes en el país, por lo que cabe esperar que la inestabilidad prevalezca, máxime ahora cuando teniendo un problema de seguridad tan serio como el imperante en Irak, Estados Unidos no está dispuesto a involucrarse decisivamente en el proceso de reconstrucción y estabilización de Liberia -con todo y que presionó a Taylor para que abandonara el poder. Y es que, contrario a lo que sugiere su doctrina de seguridad, Estados Unidos no parece estar en condiciones de librar contiendas bélicas simultáneamente en dos latitudes distintas… No vaya siendo que se cumpla aquello de que el que mucho abarca, poco aprieta.

 

 

 

 

 

 

 

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