María Cristina Rosas *
Es casi un cliché asumir que en la medida en que las sociedades se desarrollan, modifican sustancialmente sus hábitos de consumo. Empero, en el caso de Asia, se trata de algo más que un cliché. A propósito de la reciente crisis con motivo del incremento en los precios de los alimentos a nivel mundial, Asia juega un papel fundamental, entre otras razones porque en ese continente reside una parte sustancial de la población del planeta, además de que sigue creciendo y, por lo mismo, demanda más y más productos agropecuarios. Si para el 2010, como estima el Fondo de Naciones Unidas en materia de población, habitarán el mundo 6 mil 800 millones de personas, tan sólo en Asia residirá el 56 por ciento, o bien, 3 mil 790 millones. También en ese año, Asia tendrá seis de 11 países en el mundo con poblaciones superiores a los 100 millones de personas. Lo que es más: China e India representarán el 37 por ciento de la población mundial.
Un tema insoslayable en el análisis de los hábitos de consumo es la urbanización, misma que conlleva cambios sustanciales en los estilos de vida. Tan sólo en el año 2000, Asia ya tenía 25 ciudades con 4 o más millones de habitantes. Los habitantes de zonas urbanas generalmente disponen de ingresos mayores respecto a quienes residen en zonas rurales. En las ciudades, las personas adquieren alimentos y bebidas aunque a costos inferiores de lo que se observa en el campo. Asimismo, en las ciudades las personas demandan mayor variedad de alimentos y bebidas, y los adquieren a través de los canales formales del mercado, a diferencia de las zonas rurales.
El incremento en el ingreso requiere un análisis especial: se ha observado, tras numerosos estudios, que quienes ven incrementados sus salarios tienden a gastar más en el consumo de alimentos de mayor valor agregado. En Corea del Sur, entre 1960 y 1985, el ingreso per cápita creció a razón del 3 por ciento anual, y en los 90 en un 5 por ciento, en promedio. En consecuencia, el consumo de arroz, carne, pescado, y lácteos creció de manera exponencial.
Las proyecciones respecto a las necesidades de alimentos en Asia tan sólo para 2010, son preocupantes. Tomando como base los niveles de consumo imperantes en 1997, la demanda de granos básicos pasaría de 806 millones de toneladas, a 1 040 millones en 2010. En el escenario más modesto y conservador, las necesidades de carne de vaca y de búfalo pasarían de 11. 7 millones de toneladas a 17 millones en el mismo período. La carne de cerdo sigue siendo la carne más consumida en la región y pasaría de 45 a 66 toneladas. El consumo de lácteos se elevará de 130 a 171 millones de toneladas.
Respecto a distintas categorías de bebidas, Asia apenas está despertando a su ingestión. Por ejemplo, tiene el nivel más bajo de consumo de agua embotellada en el mundo (6 litros per cápita), aunque, paradójicamente cuenta con la tasa de crecimiento más elevada del orbe: 15 por ciento anual. El café, en sociedades donde el té es una bebida más tradicional, también empieza a ganar espacios. La cadena Starbucks se jacta de que en Shanghai cuenta con la mayor cantidad de establecimientos por kilómetro cuadrado respecto a cualquier otro lugar del mundo. La ingestión de cerveza y vino también es reducida, pero, al igual que en los casos del agua embotellada y el café, será mayor en los siguientes años.
Puesto que es poco probable que internamente las economías asiáticas se den abasto para satisfacer las necesidades de alimentos y bebidas de su población, reposarán cada vez más en las importaciones, lo cual exacerba la competencia y el acceso a estos productos. Así, aunque las tecnologías modernas permitan producir más alimentos, sus precios serán demasiado altos para las sociedades de bajos ingresos. ¿Contribuirá Asia a la inanición del mundo? Correo electrónico: mcrosas@tutopia.com