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Edición 1058  •  09 de Febrero del 2010

 
 

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El fin de los tiempos y la catástrofe ambiental en el polo norte

Edición 1058, 04/Febrero/2010

 

 

 
María Cristina Rosas *
mcrosas@tutopia.com
 
El Ártico es el océano más pequeño del mundo, con una baja salinidad y que posee una extensión ligeramente superior a los 14 millones de kilómetros cuadrados. La zona es rica en hidrocarburos, nódulos polimetálicos, arena y numerosas especies marinas, incluyendo las ballenas. Dado que, a diferencia de la Antártica, no existe un tratado internacional que permita lidiar con las ambiciones de diversas naciones en torno a la explotación de la zona, el Ártico ha dado lugar a ácidas disputas entre Estados Unidos (Alaska), Rusia, Canadá, Dinamarca (Groenlandia), Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia por el dominio de esa parte del mundo, donde se presume que se encuentran por lo menos la cuarta parte de todas las reservas de hidrocarburos del planeta.
 
Su fauna es particularmente vulnerable, como queda de manifiesto en las poblaciones de ballenas, morsas y osos. Como es sabido, el hielo polar se está reduciendo, ello sin dejar de lado el hoyo en la capa de ozono que se acentúa en ciertas épocas del año. Diversos estudios científicos advierten que si la capa de hielo disminuye, ello aumentaría el nivel del mar, particularmente en el Océano Atlántico, modificando sustancialmente los patrones de las corrientes marinas y con impactos muy desfavorables en el resto del mundo –recuérdese que los polos vienen siendo como los “termómetros del mundo”.
 
El Ártico, por cierto, fue de los océanos más maltratados en la guerra fría, no sólo por los ensayos nucleares soviéticos en Novaya Zemlya, sino también porque Moscú solía arrojar desechos radiactivos en la zona. Asimismo contribuyeron los “juegos de guerra submarina” entre Estados Unidos y la URSS, donde las dos grandes potencias llegaron a enfrentarse físicamente –con el ya conocido problema de que los submarinos que navegan por esas aguas requieren combustible nuclear, que es el único que tolera temperaturas tan bajas-, por lo que los numerosos ataques que los submarinos soviéticos realizaron contra sus homólogos estadunidenses y viceversa, también se suman a la radiactividad que caracteriza a diversas partes del Ártico –no hace mucho la revista National Geographic hacía alusión a la presencia de cáncer en los osos polares debido a la citada radiactividad.
 
Con todo, los problemas ecológicos y el derretimiento de los casquetes polares, no parece preocupar demasiado a la comunidad internacional. Un estudio del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Monterey, California, estima que hacia el 2013 el casquete del polo norte habrá desaparecido. Si el hielo del polo norte se esfumara, la zona podría abrirse a la navegación comercial, acortando distancias para el comercio de bienes y servicios, lo cual le confiere a la región una importancia tan geoestratégica como la del Canal de Suez. Adicionalmente, la explotación de gas y petróleo, que actualmente se encarece debido a las condiciones climáticas tan extremas, se beneficiaría del derretimiento del casquete polar. Y puesto que los asentamientos humanos que hay en la región –como los inuit- gozan de un estatus jurídico de “excepción” en sus respectivos países, claramente el Ártico es rehén de los intereses comerciales y de las grandes potencias.
 
Con todo, las noticias de los osos polares ahogados porque se derriten los hielos sobre los que ellos transitan, son cada vez más frecuentes. En el transcurso de junio del año en curso, con dos semanas de diferencia, llegaron a Islandia sendos osos polares. Al primero, la policía lo mató a tiros en medio de fuertes protestas de grupos ecologistas. Al segundo, lo sedaron y lo mandaron de vuelta a su hábitat dado que en Islandia no hay osos. ¿Cómo llegaron esos mamíferos tan lejos? Parte de la explicación es que con el derretimiento del hielo de Groenlandia, seguramente hubo un desprendimiento y en ese momento se encontraban los osos, quienes fueron arrastrados con todo y hielo por las corrientes marinas. Esta situación será cada vez más frecuente. Pero evidentemente no es tema importante ni para las potencias ni para las grandes corporaciones.

 

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