:: La Revista Peninsular :: www.larevista.com.mx ::
   
 

Inicio

 

Edición 1058  •  09 de Febrero del 2010

 
 

Especial

Columnas

Opinión

Península

De Fondo

Bombas de racimo: ¿será posible erradicarlas?

Edición 1058, 04/Febrero/2010

 

 

 
María Cristina Rosas
 
Las bombas de racimo -o cluster bombs como se les denomina en inglés- son bombas de caída libre, y/o dirigidas y/o lanzadas desde el aire o desde la superficie, que al alcanzar una altura concreta, medida por un altímetro, se abren dejando caer cientos de sub-municiones o bombetas de diversos tipos, de alto poder explosivo, anti-pistas, anti-personales, perforantes, incendiarias, etcétera. Fueron desarrolladas por la Unión Soviética y Alemania en la segunda guerra mundial y desde entonces millones de ellas han estado presentes en los diversos conflictos armados tanto internacionales como en el interior de los Estados. Los sistemas que portan a las bombas de racimo pueden contar hasta con 600 municiones y con los cohetes de lanzamiento múltiple existentes se pueden dispersar hasta siete mil municiones en un amplio espacio de terreno en cuestión de minutos. Su uso es fuertemente impugnado por organismos internacionales, gobiernos y organismos no gubernamentales debido a que, en primer lugar, son armas de “área”, es decir que pueden cubrir una gran cantidad de territorio, lo que causa daño indiscriminado en la población, pero también porque son armas “tontas”, toda vez que al no contar con mecanismos de guía muy precisos pueden errar en el blanco. Sobre este último aspecto, se sabe que las bombas de racimo tienen un índice de error del cinco por ciento, lo que significa que numerosas submuniciones caen en el terreno sin explotar, convirtiéndose en verdaderas trampas de muerte, como las minas anti-personal, dado que detonarán ante el contacto con personas y/o vehículos incluso años después de que el conflicto en el que se les empleó, terminara.
 
En febrero de 2007 se empezó a desarrollar en Noruega el llamado Proceso de Oslo encaminado a la suscripción de un tratado internacional que prohíba las bombas de racimo a más tardar en diciembre de 2008. En este tenor, en mayo pasado en Dublín, la capital de Irlanda, un grupo de países encabezados por México, Austria, Noruega, Irlanda, Nueva Zelanda y Perú, apoyados por numerosos organismos no gubernamentales, lograron concertar un compromiso que intenta reconciliar las posturas encontradas de diversas naciones: aquellas que se ven directamente afectadas por la existencia, en sus territorios, de estas armas letales, y aquellas que las fabrican y, naturalmente, ven afectados negativamente sus intereses con un acuerdo que eventualmente las proscribiera.
 
Luego de 10 días de difíciles negociaciones, se logró un consenso en torno al documento final que servirá como base para negociar la erradicación de las bombas de racimo. Sin embargo, se observaron dos importantes problemas: en primer lugar, existen discrepancias en torno al concepto en sí de bomba de racimo, tema nodal, porque si no hay acuerdo en esto, tampoco lo habrá en lo que se quiere prohibir. El otro aspecto delicado de la negociación es el de la interoperatividad, esto es, la posibilidad de que las fuerzas armadas de los países signatarios pudieran participar y cooperar en operaciones militares con países no firmantes, donde se empleen bombas de racimo en sus despliegues combinados. Con todo, un acierto del tratado propuesto, es que fomenta la transparencia al obligar a los Estados parte a que informen al Secretario General de Naciones Unidas, acerca de las bombas de racimo que posee, incluyendo una descripción detallada del tipo de municiones, al igual que debe notificar sobre los programas de desmantelamiento y/o reconversión que lleva a cabo y esto debe hacerse anualmente.
 
Así, el tratado para proscribir las bombas de racimo, deberá ser signado el próximo 3 de diciembre en la capital noruega. Aun cuando es un instrumento jurídico con hoyos muy visibles, es muy posible que tenga una suerte parecida a la Convención de Ottawa de 1997 sobre las minas terrestres anti-personal, misma que si bien no fue suscrita por numerosos países fabricantes de minas, sí ha obligado a éstos a ser más mesurados en torno a la proliferación de estos artefactos letales. Asimismo, en una era en que los acuerdos de desarme tienen que remar contra corriente, dado el rearme que impera en el mundo post 11 de septiembre, es una muy buena noticia saber que, pese a todo, en Dublín se logró llegar a un acuerdo tan importante.

 

Queremos conocer tus comentarios

Escribe tu nombre
Escribe tu dirección de correo electrónico
Escriba sus comentarios


Enviarle esta nota a un amigo
Tu nombre
Tu correo
Correo de tu amigo

 

 

Inscríbete al boletín

 

 

 

 

 

 

 
 
Copyright©. Derechos Reservados 2008
La Revista Peninsular
www.larevista.com.mx