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Edición 1058  •  09 de Febrero del 2010

 
 

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Gasto militar y armamentismo en el mundo

Edición 1058, 04/Febrero/2010

 

 

 
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
 
El efecto 11 de septiembre sigue favoreciendo la militarización de la agenda global. Según el anuario del prestigiado Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz (SIPRI) publicado hace unas cuantas semanas, en el año 2007 el mundo gastó 1 339 billones de dólares en la esfera de la defensa, lo que equivale a una erogación de 202 dólares por cada habitante del planeta. El gasto militar en 2007 fue en un 6 por ciento superior al del 2006, y respecto a 1998 el incremento real representó un 45 por ciento. Era de esperarse que el mundo fuera un lugar más seguro con erogaciones presupuestales de esa envergadura, pero no es el caso. La violencia armada es una triste realidad que se reproduce en diversas regiones del planeta. Incursiones bélicas como las que encabeza Estados Unidos en Afganistán e Irak son cada vez más cuestionadas porque se considera que no hacen una gran aportación al debilitamiento del terrorismo internacional.
 
Con 547 mil millones de dólares anuales, Estados Unidos es responsable del 45 por ciento del gasto militar del mundo. Esta cifra es la más alta respecto a cualquier otra época desde la segunda guerra mundial. Ningún otro país del mundo puede aspirar, ni siquiera remotamente, a acercarse a esa cifra. La Gran Bretaña, que ocupa el segundo lugar por su presupuesto para la defensa a nivel global, gastó en 2007, 59 mil 700 millones de dólares, esto es, un poco más del 10 por ciento respecto al presupuesto estadunidense. China, que sigue renovando sus capacidades bélicas, se ubica en la tercera posición con 58 mil 300 millones de dólares.
 
Cabe destacar, contrario a lo que podría pensarse, que en la región de Europa Oriental (no en la de Medio Oriente) es en la que más rápidamente ha crecido el presupuesto militar en el transcurso de la pasada década. Los incrementos llegan a un 162 por ciento y obedecen sobre todo a que Rusia ha venido recuperando terreno no sólo en la renovación de sus capacidades bélicas sino también con el incremento de sus capacidades exportadoras en el mercado internacional, teniendo como principales clientes a China e India. En 2007, Rusia se ubicó en la séptima posición entre los mayores presupuestos de defensa del mundo, con un gasto equivalente a 35 mil 400 millones de dólares (esto es, que Moscú destina algo así como la mitad de lo que canalizan los chinos a la defensa), por debajo de Francia (4° presupuesto mundial, con 53 mil 600 millones de dólares), Japón (5°, con 43 mil 600 millones) y Alemania (6°, con 36 mil 900 millones).
 
A propósito del Medio Oriente, en el período 1998-2007, el presupuesto para la defensa creció en un 62 por ciento y en 2007 su gasto militar fue por 91 mil 500 millones de dólares. Llama la atención, sin embargo, que sólo un país de la región, Saudi Arabia, figura en la lista de los 15 grandes presupuestos bélicos a nivel mundial. Saudi Arabia destinó en 2007, 33 mil 800 millones de dólares para la defensa, ubicándose justo atrás de Rusia, en la octava posición y superando a Italia (33 mil 100 millones), India (24 mil 200 millones), Corea del Sur (22 mil 600 millones), Brasil (15 mil 300 millones), Canadá (15 mil 200 millones), Australia (15 mil 100 millones) y España (14 mil 600 millones).
 
Hay numerosos factores que alientan el incremento en el gasto militar. Por supuesto que las percepciones sobre las amenazas a la seguridad de los países son un argumento muy socorrido, pero también influyen otras consideraciones, como por ejemplo, incrementar la influencia regional y/o satisfacer diversos objetivos de la política exterior de los países. La inestabilidad en regiones vecinas puede ser otro factor, al igual que la participación creciente en operaciones de paz, sea bajo la sombrilla de Naciones Unidas o de organismos regionales. Asimismo, para los países que poseen hidrocarburos, los ingresos generados por la exportación de petróleo y gas suelen ser empleados para mejorar las capacidades bélicas, como lo ilustran los casos de Rusia y de los países del Cáucaso.

 

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