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Edición 1058  •  09 de Febrero del 2010

 
 

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Ecos de la convención nacional demócrata

Edición 1058, 04/Febrero/2010

 

 

 
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
 
Las convenciones nacionales de los partidos Demócrata y Republicano no son lo que solían. En el siglo XIX se les asumió como una forma de elegir, por votación de los delegados, al candidato a la presidencia, establecer su plataforma política, y unificar al partido en torno a la figura nominada en cuestión. La primera Convención Nacional Demócrata que tuvo lugar en 1832, fijó la regla de los dos tercios, requiriendo que el aspirante a ganar la candidatura del partido, obtuviera las dos terceras partes de los delegados. Ello demandaba repetidas votaciones y la figura del “caballo negro” fue muy importante en momentos en que no era posible generar un consenso en torno a figuras demasiado “expuestas” o desgastadas políticamente que se bloqueaban entre sí para evitar que el adversario obtuviera los dos tercios de los votos de los delegados. “El caballo negro” posiblemente más famoso entre los demócratas fue James Polk (1844), que es una figura recordada en México porque bajo su presidencia fue que se produjo la guerra de 1847, la cual llevó a que el país perdiera más de la mitad de su territorio a favor de EEUU.
 
En cualquier caso, la regla de los dos tercios cayó en desuso en 1936 cuando Franklin Delano Roosevelt aseguró la unanimidad en torno a su candidatura para la reelección. En adelante, salvo en 1952, las convenciones demócratas recurrirían a una sola ronda de votación, si bien el proceso seguía siendo tortuoso porque era en esos eventos en que se definía al candidato a la presidencia.
 
Luego de las escandalosas convenciones de 1968 y 1972, las sucesoras se convirtieron más en un foro para “ratificar” al candidato presidencial, dejando el verdadero proceso de selección a etapas tempranas o “primarias” en las que los delegados definían con bastante antelación a la convención, a qué candidato apoyarían. Diversos factores han contribuido a hacer la selección de los candidatos más temprano, entre otros que los medios de comunicación de masas han venido recortando los tiempos de transmisión de las convenciones. Asimismo ha pesado mucho la necesidad de que los partidos proyecten una imagen de unidad ante el electorado y sus simpatizantes.
 
Este último aspecto fue el talón de Aquiles de la Convención Nacional Demócrata celebrada la semana pasada. Claramente el Partido Demócrata está divido entre los partidarios de la fallida candidata a la presidencia, Hillary Rodham Clinton, y el ahora candidato oficial, Barack Obama. En aras de la unidad, la señora Clinton conminó a sus simpatizantes a apoyar a Obama. Este, a su vez, invitó como compañero de fórmula al veterano Senador por Delaware, Joseph Biden, quien, a todas luces, tiene una amplísima experiencia y no sólo en razón de su edad (65 años, lo que, de paso, ayuda a Obama frente a otro veterano, John McCain, quien recién celebró su 72° aniversario el pasado 29 de agosto). Como es sabido, Biden en más de una oportunidad, había criticado la juventud y la inexperiencia de Obama, pero las necesidades del Partido Demócrata llevaron a que se produjera este binomio con vistas a los comicios presidenciales del próximo 4 de noviembre.
 
Biden es blanco, además de que tiene un perfil que gusta a las clases medias y a la clase trabajadora. Asimismo, es católico y tiene una enorme experiencia en temas de política exterior y seguridad nacional que son limitantes que posee el propio Obama. La respuesta republicana no se hizo esperar: John McCain eligió como compañera de fórmula a una mujer, Sarah Palin, blanca –como Hillary-, de 44 años, que si bien no tiene tanta experiencia en aspectos de política exterior ni de seguridad nacional –McCain tiene a su favor que sí puede dar la batalla en esos ámbitos- proyecta frescura y juventud, contrastando la imagen de vejez del propio candidato republicano. La aspiración republicana con Palin, ciertamente apunta a captar parte del apoyo que para sí había ganado Hillary Clinton. De manera que las cartas están sobre la mesa. Quedan unas cuantas semanas para definir quién será el próximo huésped de la Casa Blanca para el período 2009-2012 y ahora sí la contienda se puso verdaderamente interesante.

 

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