María Cristina Rosas
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Shanghai, China.- Terminaron los juegos olímpicos y paralímpicos de verano, pero China cosechará por mucho tiempo los logros de estos magnos eventos. Para empezar, el desempeño de los atletas chinos fue, simplemente, extraordinario, lo que corrobora que China cuenta con una política definida en materia deportiva, misma que va de la mano de los progresos de la economía del gigante asiático. Pero si el crecimiento económico chino a lo largo de tres décadas tiene perpleja a la comunidad internacional, el despliegue tecnológico –que al menos en parte se genera en casa- mostrado en las inauguraciones y clausuras de ambas justas olímpicas, sin dejar de lado la espectacularidad del estadio olímpico “nido de pájaro” superó, por mucho, las expectativas. Asimismo, la forma en que se desarrollaron las competencias y la transmisión de las mismas a todo el mundo, invita a que empresarios, turistas, estudiantes, académicos, políticos y curiosos visiten China. Por si fuera poco, la imagen de “fabricante de juguetes y zapatos baratos de mala calidad” que tradicionalmente se tenía de China, y el temor de que con esa reputación, algo pudiera salir mal en el desarrollo de las justas olímpicas, simplemente quedó en el olvido.
Los preparativos para las Olimpíadas tomaron siete largos años, en los cuales tanto Beijing como los sistemas de transporte de la ciudad, más su aeropuerto internacional sufrieron cambios muy dramáticos. Las obras de construcción se convirtieron simplemente en un aspecto cotidiano en la ciudad, situación que modernizó numerosos espacios urbanos, aunque en algunos casos, a costa de edificaciones tradicionales que son –o eran- parte fundamental de la historia del país. El aeropuerto internacional de Beijing, por su parte, fue transformado y se le agregó una terminal más. La estación de trenes de la parte sur de Beijing fue reabierta al público tras dos años de arduos trabajos. El metro también vio crecer su capacidad a más del doble, de manera que a las cuatro líneas existentes con 64 estaciones se sumaron siete líneas con 80 estaciones más, incluyendo una que lleva directamente al aeropuerto internacional.
Los juegos olímpicos de Beijing fueron los primeros en toda la historia, en ser transmitidos y producidos con tecnología de alta definición, además de fueron las Olimpíadas más vistas, superando a cualquier otra actividad deportiva precedente. Todo ello ayuda a entender por qué han sido igualmente las justas olímpicas más caras de la historia, a un costo de 42 mil millones de dólares.
Así, China aprendió muy bien la lección de Alemania, que, a raíz de la celebración de la Copa del Mundo en 2006, mejoró considerablemente su imagen con beneficios turísticos y empresariales por demás conocidos. Tras las justas futbolísticas de 2006, en numerosas encuestas de opinión Alemania aparece como el país que tiene la mejor influencia en el mundo, muy por arriba de, por ejemplo, Estados Unidos. Asimismo Alemania logró forjarse una imagen de marca, a la que numerosas personas identifican con eficiencia y bonanza, una buena reputación cultural y política –la canciller germana Ángela Merkel es la mujer más poderosa del mundo desde 2006 según la revista Forbes- y es un lugar al que todos quieren visitar. Conforme a estos rubros, Alemania hoy es el país-marca más valioso a nivel mundial, y China aspira a seguir sus pasos. Además, luego de los lamentables sucesos en las Olimpíadas de Munich de 1972 cuando comandos terroristas vinculados a la causa palestina, asesinaron a diversos atletas de Israel, Alemania estaba obligada a que la Copa del Mundo de 2006 fuera un éxito rotundo y lo logró. China está en la misma situación, además de que en el terreno de la seguridad fue capaz de evitar acciones que empañaran el buen desempeño de las justas deportivas -en todos los aeropuertos de China, por ejemplo, el viajero debe pasar controles de seguridad desde la entrada misma a la terminal aérea. Las medidas de seguridad incluyen museos y sitios históricos, como el Museo de Shanghai o el Palacio Potala en Lasa. En suma, China ya estableció un estándar de excelencia que será difícil superar.