María Cristina Rosas *
Lasa, Tíbet.- Lasa, la capital de la Región Autónoma del Tíbet, se localiza a los pies del Monte Gephel, a 3 650 metros sobre el nivel del mar, de ahí el mote de “techo del mundo” que tiene la ciudad. Después de La Paz, en Bolivia, ubicada a 4058 metros sobre el nivel del mar, Lasa es la capital más “alta” del mundo. Con una población de 521,500 habitantes –de los cuales 257,400 viven en la zona urbana, incluyendo los migrantes que ascienden a 100,700 personas, en tanto el resto vive en los alrededores- y una extensión de 53 kilómetros cuadrados, Lasa es habitada por tibetanos, y chinos han y hui. Existe una polémica en torno a la disminución de la población tibetana que, se presume, ahora es minoría debido a las políticas de Beijing encaminadas a favorecer la migración de chinos han y hui al Tíbet. Con todo, según el censo de 2000, en Lasa el 81.6 por ciento de sus habitantes, son tibetanos.
El idioma preponderante es el tibetano, el cual pertenece a la familia de las lenguas tibetano-birmanas, con cierta influencia del sánscrito. En Lasa, la mayor parte de la población lo habla, aunque, debido a la presencia de chinos han y hui, más las fuerzas del Ejército de Liberación Popular (ELP), el mandarín también es hablado, aunque en menor proporción.
Como se recordará, en 1950, luego del triunfo de la revolución encabezada por Mao Tse-Dong, el Tíbet fue incorporado a la recién nacida República Popular China. Sin embargo, el sentimiento anti-chino desembocó en una rebelión que se prolongó hasta 1959 y que fue duramente reprimida por el gobierno chino. Como resultado de este episodio, el XIV Dalai Lama emigró a India -lugar donde reside hasta el momento actual- a fin de salvaguardar su integridad. Buena parte de los monasterios más famosos que ahora son visitados de manera asidua por los turistas en Lasa, fueron destruidos en aquella revuelta por las fuerzas del ELP.
En 2009 se conmemorarán 50 años de la rebelión tibetana, hecho que puede ayudar a comprender, al menos en parte, la atención que recibió el Tíbet en diversos medios de comunicación a la luz de la celebración de los Juegos Olímpicos de Beijing. Sin embargo, es importante destacar la manera en que ha evolucionado el Tíbet en las pasadas cinco décadas.
Es verdad que para el visitante es muy abrumador observar mientras camina en Lasa, cada dos metros, a efectivos del ELP y de la policía, quienes monitorean las calles de la capital tibetana. Un nativo del lugar comentaba a quien esto escribe, que las medidas de seguridad se incrementaron a la luz de la celebración de las olimpiadas. También es cierto que los extranjeros que visiten China y quieran viajar al Tíbet, necesitan un permiso especial de las autoridades, el cual demora, como mínimo, una semana. Con todo, la globalización ha llegado al Tíbet y el gobierno chino sabe del enorme potencial turístico de la zona y está incentivando, sobre todo entre la población china, que visite a esta región autónoma. Mientras tanto, McDonald’s, Starbucks y otras franquicias occidentales operan en el Tíbet. Asimismo, la nueva ruta del aeropuerto Gonkkar a Lasa, que incluye el paso por un túnel ultramoderno de más de dos kilómetros de largo, permite acortar en una hora el trayecto. En dicho tramo se observan una serie de construcciones de casas “típicamente tibetanas” –que cuentan con dos plantas: la baja, para los animales, y la alta para las personas-, que revisten un atractivo para los turistas. La capacidad hotelera de la ciudad sigue en aumento, además de que numerosas empresas transnacionales se han instalado en Lasa. La urbanización no sólo es visible en la infraestructura carretera, sino en la posesión de automóviles particulares –uno por cada 23 habitantes, según las autoridades chinas- y la mayor tasa de escolaridad, además de que abundan los lugares que ofrecen internet de alta velocidad más servicios de telefonía móvil. Así, el Tíbet se está globalizando, con todo y sus problemas. Correo electrónico: mcrosas@tutopia.com