María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
Dedicado a la memoria de Don Gustavo Iruegas
En la misma década, México se las arregló para obtener en dos ocasiones un asiento como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La primera ocasión en el nuevo siglo, ocurrió en el bienio 2002-2003, donde el contexto más recordado fue la decisión de Estados Unidos de hacerle la guerra a Irak, ante la cual presionó a todos los integrantes, permanentes y no, del Consejo de Seguridad, para que apoyaran una resolución que posibilitara el uso de la fuerza contra el atribulado país dirigido por Saddam Hussein. El lector recordará cómo el entonces Presidente de México, Vicente Fox, tuvo que “operarse la espalda”, a fin de no contestar las persistentes llamadas de su homólogo estadunidense George W. Bush, quien buscaba el visto bueno mexicano a la citada propuesta de resolución.
Para el período 2009-2010, México estará de vuelta en el Consejo de Seguridad, en un entorno no menos convulso que el de principios de la década. Si bien ahora Estados Unidos negocia con Irak el retiro de las tropas de ocupación, hay numerosos conflictos en el mundo que demandarán mucho de la diplomacia mexicana en el órgano más importante de la ONU, entre otros, la crisis económica, las operaciones de mantenimiento de la paz (las que ya están, las que se crearán, y las que concluirán), la aplicación de sanciones, la presunta nuclearización de Irán y Corea del Norte, los desequilibrios en Medio Oriente, los conflictos en los países africanos, y otras emergencias que se vayan presentando.
En principio, esta presencia de México en el Consejo de Seguridad, parecería sugerir que el país busca un activismo renovado en la diplomacia mundial, y respecto a instituciones multilaterales tan importantes como la ONU. Igualmente, estaría sugiriendo que a México le importa el mundo, puesto que en una era de globalización tan rampante, lo que ocurra en él, afecta a los mexicanos, por lo se podría inferir que el gobierno de Felipe Calderón busca contribuir a un entorno más pacífico a través de la gestión en un foro como el Consejo de Seguridad.
Sin embargo, no parece existir un “plan maestro” en materia de política exterior donde encaje la presencia de México en el Consejo de Seguridad. Para la administración del Presidente Calderón, las relaciones con el mundo son un tema residual, puesto que los problemas internos, los comicios del año 2009 y la crisis económica son lo suficientemente agobiantes como para añadir los problemas de otros países a la agenda nacional. A la política exterior se le asume como un “distractor” de los problemas más urgentes, todos ellos internos, que exigen solución. Sin embargo, esta percepción no es correcta.
Cuando el Presidente Calderón parafraseaba el slogan de la cerveza Corona (“más México en el mundo y más presencia del mundo en México”), daba a entender que lo que pasa en el globo terráqueo afecta a los mexicanos, por lo que no es posible asumir una actitud aldeana sobre el particular. Por ejemplo, la crisis económica que agobia en estos momentos a Estados Unidos, es muy resentida en México, debido a la gran interdependencia que el país guarda respecto a la economía estadunidense. Asimismo, en épocas de recesión sobreviene el proteccionismo, el cual impactará negativamente a México, dado que el consumo de sus productos en el mundo, disminuirá. La lista de acontecimientos internacionales que afectan a México es larga, pero el punto es que la pasividad y el “dejarse llevar” por las agendas de otros, no es la mejor estrategia a favor del interés nacional. Es verdad que a raíz de los comicios en Estados Unidos, será necesario que el Presidente Calderón haga algunos ajustes en su gabinete, pero el problema de fondo subsiste: México debe encabezar distintas iniciativas que complementen sus prioridades internas con el activismo en el mundo. La política exterior no es un “estorbo”, sino un conjunto de oportunidades en momentos en que más se necesitarán las lluvias de ideas para afrontar problemas que una sola nación, evidentemente, no podrá resolver.