María Cristina Rosas
El pasado 4 de noviembre el Senado mexicano aprobó la iniciativa para crear la Agencia Espacial Mexicana (AEXA) luego de que el 26 de abril de 2006 recibiera un amplio apoyo de parte de la Cámara de Diputados. Cuando se divulgó la noticia sobre el beneplácito del Senado, no faltó quien cuestionara la creación de la AEXA, sobre la base de que siendo México un país en desarrollo y con múltiples carencias, no está en condiciones de incursionar en una esfera que a todas luces es dominada por unas cuantas potencias encabezadas por Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea. Sin embargo, contrario a lo que se piensa, diversas naciones del mundo, muchas de ellas con recursos materiales y humanos inferiores que los que posee México, cuentan con agencias espaciales. La lista es sorprendente e incluye a países que van desde Perú hasta Corea del Norte, pasando por Nigeria, Argentina, Indonesia y Malasia. En total, además de las cuatro potencias ya citadas, son 38 naciones involucradas en la exploración y conquista del espacio exterior, con diferentes niveles de avance, pero con una visión a futuro sobre las necesidades y los intereses a los que deberán satisfacer.
Por supuesto que existe una diferencia abismal entre lo que destina un país como Estados Unidos a la exploración del espacio ultraterrestre a través de su Agencia Nacional de Aeronáutica Espacial (NASA), con 17 mil millones de dólares anuales, y una nación como Corea del Sur, que canaliza 150 millones de dólares a esta iniciativa. Brasil, país latinoamericano que tiene avances notables en esta esfera, gasta anualmente 219 millones de dólares (más del doble de lo que le destina Suecia). La Unión Europea que cuenta con el segundo mayor presupuesto para su Agencia Espacial Europea (AEE), canaliza casi cinco mil millones de dólares. Rusia, ya en proceso de recuperación tras la debacle que padeció en los 90, cuenta con un presupuesto de 2 mil 215 millones de dólares, seguida muy de cerca por Japón. China, cuyas misiones espaciales han recibido una amplia publicidad en los últimos años, asigna 500 millones de dólares a su agencia aeroespacial, cifra muy por debajo de su vecino India, quien, con todo y sus carencias en materia de bienestar social, se encuentra en el rango de los mil 300 millones de dólares.
Las guerras por los recursos serán una constante (de hecho, ya lo son), en los años por venir, y la lucha por su apropiación y dominio será más cruenta en la medida en que se agoten. El espacio ultraterrestre ofrece numerosas posibilidades para acceder a minerales estratégicos, y dado que su conquista le está vedada a una buena parte de las naciones del mundo, es momento de valorar, desde la óptica del costo-beneficio, la utilidad de la AEXA. Por cierto que ésta no es la primera ocasión en que México se interesa en el tema, toda vez que entre 1962 y 1977 operó la Comisión Nacional del Espacio Exterior (CONEE), sin dejar de lado que desde 1949, el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desarrolló trabajos en este ámbito. En 1990 se creó el Programa Universitario de Investigación y Desarrollo Espacial (PUIDE) en la propia UNAM, responsable de fabricar un pequeño satélite hecho en la universidad y cuya puesta en órbita por un cohete ruso, fracasó en primera instancia, aunque, al contar con un satélite gemelo, a éste sí se le pudo poner en órbita. Aun cuando a los ocho meses se perdió contacto con el gemelo, lo que derivó en la cancelación del PUIDE en 1997, es necesario entender que con la AEXA existiría una ventana de oportunidades para la generación de tecnología con múltiples aplicaciones, sin dejar de lado los impactos que esto tendría en materia de propiedad intelectual. Asimismo, actividades como la medicina, la robótica, las telecomunicaciones y la electrónica se verían fortalecidas en una dinámica de este tipo. Una muestra es la empresa brasileña Embraer, que ha derivado cuantiosos beneficios del programa espacial del país sudamericano. Por supuesto, los logros no serán inmediatos, pero todo aquello que México deje de hacer en este terreno, le abrirá más espacios y oportunidades a otras naciones. Si, como dice el Presidente Calderón, se requiere “más México en el mundo” y la idea es ampliar los horizontes de la nación, las generaciones futuras tendrán, en la AEXA, un bastión para promover los intereses del país en las latitudes más remotas y siderales.