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Claroscuro 18/Ago/2017

José Francisco Lopez Vargas
Correo: elnegrito_63@hotmail.com
@elnegrito_63
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Por Francisco López Vargas

A Julieta López que ya no extrañará a su Carlos
Castillo Peraza, nosotros lo seguimos haciendo


No hubo revuelta en el PRI. La asamblea acreditó que respetará las decisiones presidenciales y que las locuras para “democratizar” al tricolor se quedará en un discurso que usan los que se sienten desplazados, sin oportunidades y están haciéndose notar.

Ivonne Ortega Pacheco debe saber mucho de cómo su tío Víctor Cervera conservaba férreo el control del tricolor en Yucatán y como evitó que hubiese una actualización de los cuadros del partido negándole a los jóvenes las oportunidades de ocupar cargos públicos y de elección popular.
Don Víctor, tío de Ivonne, tenía claro que la política era patrimonio de familia, pero fue hasta su desaparición cuando sus hijos Víctor y Felipe ocuparon sus primeras responsabilidades públicas.

La decisión del presidente de abrir su partido a la postulación de simpatizantes no militantes y de cerrarle el paso a los plurinominales –conocidos como chapulines- sólo ratifica que los priistas necesitaban la guía de un titular del Ejecutivo y que a pesar del descrédito no están dispuestos a cuestionar sus decisiones. Al menos los que participan en la asamblea y quizá también los que estén en el Consejo Político.

La ex gobernadora vaya que se hizo notar, pero vaya que también le pusieron un alto a pesar de que negoció y negoció.

El único vencedor real en la asamblea fue el presidente. Se le abrió la baraja para poder tener una opción más holgada de entre quienes son sus colaboradores más sólidos.
Y la primera lectura es que los candados se quitaron para poder hacer a José Antonio Meade el candidato presidencial.

No es tan sencilla la decisión porque aún falta un año para los comicios porque el tapado tendría que salir cuando ya no se le necesite en el gabinete y que no haya posibilidades de vendavales internos y externos. Es decir, si no hay mayores turbulencias económicas podría hacer uso de Meade, pero si las hay lo necesitará o donde está o en el Banco de México para darle certeza económica al país.

¿Meade es el mejor candidato? Quizá si para una parte de la sociedad que lo ve como un tipo que ha trabajado para el PAN, para el PRI sin afiliarse, en momentos complicados para la economía nacional.
Otra parte de la sociedad lo verá como lo pinte Andrés Manuel: es miembro de la mafia del poder, un hombre que ha servido a los ricos y no a los pobres y que protege a los políticos, dirá, pero de entrada lo consideró ya un adversario y garantizó que será su rival electoral.

Para algunos priistas será el arribista que les impidió tener un nuevo cargo y le cobrarán la factura a Peña que prefirió a un externo que a un militante o a uno de la clase política tradicional y familiar del partido. Lo verán como a Ernesto Zedillo que le entregó el poder al PAN.

Sin embargo, el prestigio de Meade es real pero dependerá de su equipo el que éste se haga una realidad para los votantes, que sea un tipo de confianza y que le diga a la gente que México será, por primera vez en sexenios, un país de leyes y de normas que habrá de aplicarse sin excepción. Sin embargo, ¿lo creerán?

Meade tiene como candidato un gran reto: ganar una elección que hoy se ve perdida para un partido que trae en contra al 80 por ciento de la sociedad y del que debe deslindarse más que asumirse como parte de él.

Las ventajas de José Antonio es que tiene simpatías entre la gente que lo vio trabajar en el gobierno de Felipe Calderón por lo que sería probable que panistas y priistas tuvieran un candidato común. Empero, el reto será que no sea al candidato del PRIAN, como lo calificó desde ahora López Obrador, para acreditar que ambos partidos son lo mismo, y que él es el único distinto.
¿Podrá José Antonio deslindarse del gobierno que lo favoreció con confianza y hasta con la candidatura? Deberá hacerlo. Nadie tiene más negativos hoy que Enrique Peña y la elección será un verdadero referéndum pero no podemos predecir si serán las más copiosas o los índices de abstención se elevaran lo suficiente para que el PRI gane con su voto duro. Hoy, el enemigo a vencer es Morena a menos que todos hagan una labor de desenmascarar a Andrés Manuel como un político más ateniéndonos a su actual comportamiento y a las evidencias que él no reconoce.

José Antonio Meade Kuribreña tendrá que luchar además contra el tiempo. Sería normal una embestida de los priistas tradicionales, de sus opositores y de sus malquerientes que tratarán de descarrilar su designación tantos meses antes de darse.

Meade deberá no descuidar sus labores como secretario de Hacienda y deberá presentar un presupuesto no sólo inteligente y razonable sino que deje satisfechos a tirios, troyanos y ciudadanos que revisarán con lupa su actuación.

La mayor virtud del secretario es que no hay nadie que hable mal de él. Le cuestionan su falta de militancia, pero en días en que los partidos son vistos como lo peor para la sociedad no puede ser tan malo que lo vean así.

Meade irá por una sociedad que normalmente no vota, por una sociedad que está harta de los políticos tradicionales y no confía en PAN, PRD ni PRI y con un Andrés Manuel que sólo él representa el segundo lugar entre los de peores referencias, según las encuestas. Sin embargo, ¿será Meade el candidato o sólo es un distractor? Pronto lo sabremos.

P.D.
Conocí a Carlos Castillo Peraza una mañana de 1985. Ambos estábamos en el Diario de Yucatán. Nunca conocí a Julieta y sólo tuve referencia de Julio, Juan Pablo y Carlos, sus hijos, por sus pláticas, por sus travesuras. Esta semana Julieta se reunió al fin, en la casa del Padre, con su marido para ya no separarse nunca. Nosotros nos quedamos y los extrañaremos. Vaya que hace falta Carlos…

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