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Confesiones 22/Sep/2017

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Por Guillermo Vázquez Handall / guillermovazquez991@msn.com


Hace apenas unas semanas, el destino político de la ciudad de México parecía estar sellado, la batalla por el gobierno enfrentaría solo a las dos fuerzas de la izquierda, PRD y Morena con cierta ventaja para esta última.

Incluso se podía decir que la superioridad de Morena, le debía alcanzar no solo para acceder al gobierno de la ciudad, también para ganar el mayor numero de delegaciones y diputaciones federales y locales.

Sin embargo el inminente desprendimiento de Ricardo Monreal de las filas lopezobradoristas, vino a modificar drásticamente todo el escenario, a replantear todo el esquema de alianzas y sobre todo a posibilitar una contienda mucho más amplia.

No se trata solamente de asumir que Ricardo Monreal por si mismo sea el único factor o el más importante, pero es innegable que su separación de Morena hace patente un debilitamiento de ese partido.

Monreal es el operador desde hace ya mucho tiempo de una muy buena parte de la estructura electoral de Morena en la capital del país, sino la controla en su totalidad al menos la conoce mejor que nadie y eso es un elemento esencial en una competencia.

Esta circunstancia hace prever que el partido de López Obrador ya no tendrá la supremacía absoluta y que eso por consecuencia beneficia a las otras conformaciones políticas.

En el caso del Frente Amplio, que pretende unir al PAN con el PRD tanto como de la coalición que podrían formar los demás partidos, incluso con la participación del Revolucionario Institucional.

Si bien es cierto que ningún partido individualmente tenia la presencia e influencia de Morena, hoy con su debilitamiento y con una estrategia de alianzas se puede pensar que es imposible dar por concluida la contienda a favor de nadie.

En la analogía y como si se tratara de una partida de ajedrez, el asunto transita en entender el juego, aprovechar las piezas con las que se cuenta y saber colocarlas en función de una estrategia.

Precisamente por ello el PRI se ha acercado a Ricardo Monreal, más aún cuando el Frente Amplio, debido a la negociación personal entre Alejandra Barrales y Ricardo Anaya, se niega a darle la candidatura.

Anaya y Barrales están privilegiando sus propias ambiciones e intereses, sin analizar que una derrota de López Obrador a través de su candidata Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México, implicaría por descontado el fracaso del tabasqueño en la sucesión presidencial.

En el PRI con una visión mucho más pragmática se entiende correctamente esta posibilidad y por ello están negociando la posible reincorporación de Monreal, más que a sus propias filas a una coalición capaz de competir pero sobre todo de limitar a López Obrador.

El PRI sabe que no tiene ninguna posibilidad de éxito electoral en la Ciudad de México y su objetivo fundamental ni siquiera es incrementar sus votos, mucho menos ganar la jefatura de gobierno.

Para el Revolucionario Institucional la prioridad es seguir debilitando a López Obrador, lo que Anaya y Barrales no quieren o pueden entender, precisamente por ello están en tratos con el zacatecano.

Y es que sin habérselo propuesto de origen con este objetivo, las modificaciones estatuarias de su reciente asamblea nacional, permiten tanto la reincorporación de Monreal, o en su caso la participación en una alianza abanderada por este.

Siguiendo con la analogía, es evidente que el PRI juega mucho mejor al ajedrez político que sus rivales, por ello la posibilidad de fortalecer a Monreal, más allá del resultado que logre, sin ninguna duda perjudica a López Obrador.
Lo que importa es que la disputa se va a ampliar de dos a tres, que eso va a segmentar el voto y que en la dispersión eso pueda influir también en los sufragios presidenciales.

Que aunque la participación del PRI en esa eventual alianza encabezada por Monreal, no infiera en un gran fortalecimiento a su favor, de cualquier manera suma, sobre todo si de origen el Revolucionario Institucional no tiene una figura capaz de ser un candidato de peso.

Finalmente toda la circunstancia que rodea el momento obliga a definiciones estratégicas, donde lo que va a dominar esas decisiones, no van a ser los elementos ideológicos sino los funcionales.

Bajo ese punto de vista no hay que perder de vista que mientras para Morena lo fundamental es tratar de ganar la Ciudad de México, que ya la hacía suya, el PRI lo que va a buscar es, que si eso no se puede impedir, al menos sea con un margen mucho menor al esperado.

En contraparte la posición de la eventual alianza entre el PAN y el PRD se limita únicamente a un acuerdo de tipo personal entre Alejandra Barrales y Ricardo Anaya, como una suerte de blindaje para obligar a la imposición de sus respectivas candidaturas.

Lo que no se puede negar es que lo que suceda en la Ciudad de México, será el factor más influyente y preponderante hacia la sucesión presidencial, habrá que ver quien es mejor jugador de ajedrez.

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