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Confesiones 17/Mar/2017

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Por Guillermo Vazquez Handall
guillermovazquez991@msn.com

Independientemente de los resultados de las elecciones de este año, por las gubernaturas de Coahuila, Estado de México y Nayarit y las municipales en Veracruz, los días de Ochoa Reza al frente del PRI están contados.


Hace tres semanas en el noticiero de Eduardo Ruiz Healy, en Grupo Formula, aseguré con toda anticipación que Claudia Ruiz Massieu retornaría a la escena pública mediante un cargo en el PRI.
Finalmente, el pronóstico se cumplió, sin embargo más importante que la primicia lo realmente trascendente es la forma en que arriba al cargo de partido y sobre todo la intención.
Al ser removida de la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores para que Luis Videgaray tuviera el espacio ideal para la interlocución con el gobierno norteamericano, y de que este nombramiento significaba una suerte de redención personal y política para Videgaray, a Ruiz Massieu se le hicieron dos ofertas.
La primera fue la Secretaría de Cultura y la segunda, la Secretaria General del PRI, pero ambas las rechazó.
La negativa a continuar siendo parte del régimen obedecía al malestar que le causó tener que ser sacrificada y expuesta, pero días después los consejos y la intervención de su tío, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, lograron no sólo un sentimiento de serenidad, sino incluso una renegociación de su posición.
La propuesta original de ocupar la Secretaría General del partido, sólo implicaba eso, lo que por descontando infería tener que fungir como subordinada de Enrique Ochoa Reza. Sin embargo, la mediación del ex presidente reorientó el escenario para que su sobrina accediera a la posición en el partido, sólo en condición temporal.
Independientemente de los resultados de las elecciones de este año, por las gubernaturas de Coahuila, Estado de México y Nayarit y las municipales en Veracruz, los días de Ochoa Reza al frente del PRI están contados.
El pésimo desempeño de Enrique Ochoa ha inducido a que los gobernadores, legisladores federales e incluso algunos miembros del gabinete presidencial, no sólo no le respeten, sino que incluso le hayan manifestado al presidente Peña Nieto que Ochoa no puede dirigir al partido en la elección por la sucesión presidencial.
La combinación de factores finalmente favoreció el retorno de Claudia Ruiz Massieu, pero mucho más allá de una concesión o restitución, supone una estrategia en la que se imponen equilibrios.
Porque si bien Claudia Ruiz tampoco tiene experiencia en las lides partidistas, por el peso de la influencia de sus apellidos, podría llegar a convertirse en un contrapeso del círculo rojo del entorno del presidente Peña Nieto, que precisamente comanda Luis Videgaray.
Partiendo de la base de que este grupo falló en la designación de Ochoa Reza y que eso decepcionó y luego irritó a los sectores tradicionales del priismo nacional, la reaparición de Ruiz Massieu y su eventual designación como presidenta del PRI, significa pluralidad y una garantía de apertura en el proceso para elegir a su candidato presidencial.
De cualquier modo, las formas no dejaron de llamar la atención, porque para poder asumir al cargo, hubo necesidad de hacer todo un entramado para cumplir con las obligaciones estatutarias.
Recordemos que la dirigencia electa corresponde a Manlio Fabio Beltrones y Carolina Monroy y que Ochoa Reza es un substituto, lo que imposibilitaba que Ruiz Massieu pudiera suplir a Carolina Monroy por nombramiento.
La opción que se consideró fue asignarle la Secretaría de Organización, puesto del que el presidente en funciones sí puede disponer, para que ante la renuncia de Carolina Monroy por escalafón estatutario, Claudia Ruiz pudiera hacerse de la secretaria general y en su momento ante la dimisión de Ochoa Reza proceder de la misma forma.
Para ello era menester separar al senador jalisciense Arturo Zamora de la Secretaría General, razón por la cual se le colocó al frente de la CNOP que estaba destinada para el ex gobernador Oaxaqueño José Murat Cassab.
Mientras tanto, en lo que se desarrollan las elecciones estatales, Claudia Ruiz comienza a empoderarse, más allá de la jerarquía de su puesto.
Prueba de ello fue que el mismo día de su nombramiento, sólo unas horas antes, compartiera comida con Héctor Gómez Barraza y el senador Ernesto Gándara Camou, secretario técnico del Consejo Político del PRI, en el restaurante Capital Grill de Paseo de la Reforma.
Gómez Barraza, con quien trabajó muy de cerca cuando fue secretaria de Turismo, y el se desempeñaba como Director General de Fonatur, es el principal operador de Ochoa Reza y ahora tendrá que definir de qué lado querrá o podrá estar.
Lo que queda claro es que el ánimo del encuentro que al principio se observaba tenso, fue relajándose y terminó por ser bastante cordial, como lo pudieron atestiguar la senadora panista Gabriela Cuevas, la diputada federal Azul Etcheverry, Max Cortázar, ex vocero de Felipe Calderón y ahora de Rafael Moreno Valle, y Andrés Conesa, director General de Aeroméxico, quienes coincidieron cada uno por separado en el mismo restaurante.

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