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El vuelo bajo 11/Ago/2017

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La próxima elección de legisladores por representación proporcional pasará desapercibida para la gran mayoría de los votantes. Si bien todos ellos sufragan por los pluris -que vienen al reverso de la boleta, como los regidores del ayuntamiento- pocos se dan cuenta de ello y menos pone atención en los candidatos postulados. En el debate público, voces multicolores reclaman que quienes vayan a ocupar una curul deban al menos hacer campaña, hablar con los electores, conocer sus necesidades. Esta presión de la estridentocracia sobre la partidocracia ha generado cambios legales y constitucionales en distintos estados, entre ellos Yucatán, y los Méxicos (estado y ciudad). En ellos, se asignan diputaciones de representación proporcional a los perdedores en distritos uninominales que hayan obtenido la mejor votación de entre los candidatos de cada partido. Así, todos los que llegan a las cámaras tienen un estrecho contacto con las bases ciudadanas. Al eliminar las listas plurinominales se eliminan las decisiones cupulares. Y se limitan aún más las posibilidades de tener diputados competentes.

La idea de que caminar un territorio por seis semanas permite a un candidato “conocer” “las necesidades” de la gente es insostenible. Las múltiples carencia y necesidades de la población con las que un diputado local o federal tienen que lidiar se conocen mucho más en internet, o estudiando información oficial y no oficial, que reuniendo partidarios en torno a tortas y refrescos. La idea medieval de enfrentar al visitador del rey con la crudeza de la miseria popular y tocar su corazón para lograr la benevolencia real es ofensiva. Lo último que este país necesita es que los diputados se elijan de entre tramitadores que ofrezcan ser más influyentes que los otros en la tarea de obtener los servicios que el Estado presta; cosa que debería hacerse bajo estrictas reglas de equidad y no como un favor de los poderosos.

Como ciudadano, no me interesa en lo más mínimo si el electo hizo un gran esfuerzo de campaña o si espero su curul en el aire acondicionado, sino su calidad parlamentaria. El mejor trabajo legislativo es el que resuelve complejos problemas generales y particulares entrelazadas. Eso no se logra repartiendo marranitos, besando bebés, o abrazando viejitas para la foto, sino construyendo acuerdos, conociendo múltiples hechos, confrontando intereses. Para contacto con la realidad prefiero la no reelección, que permite que de vez en cuando los políticos vivan como el resto del país. Para hacer leyes necesitamos mujeres y hombre que vuelen alto, que vean el panorama general, que se acerquen a la realidad en sus múltiples y complejos aspectos sociales, no sólo como tramitadores influyentes en el territorio de sus futuras ambiciones electorales.

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