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ENRIQUEciendo la noticia 22/Sep/2017

Enrique Vidales Ripoll
Correo: chanboox@gmail.com
@chanboox
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Por Enrique Vidales Ripoll
@chanboox

Por si hacía falta ante todo el clima de inseguridad, polarización política, ineficiencia del gobierno para atender las condiciones del mercado, los huracanes y un primer sismo de gran intensidad que devasta Oaxaca y Chiapas, la naturaleza da una lección de resistencia a la capital de la República. Una fecha que marca ya un hito en la vida de los desastres en México. Dos temblores, uno en 1985 y ahora otro, 2017 que marcan la vida de los capitalinos en la dura prueba de enfrentar tal calamidad.
Las condiciones del país entre ambos siniestros son muy diferentes.
1985 se caracterizó por desenmascarar un sistema político hegemónico y vertical que no respondió a la emergencia, que minimizo inicialmente el impacto de la tragedia e inclusive, se negó a recibir la ayuda internacional que tanto se necesitaba. No se tenía tampoco una cultura de protección civil, ni se contaba con protocolos claros y precisos para atender desastres naturales.
De esa experiencia surgieron aprendizajes que reconfiguraron al país hacia el inicio del actual milenio y la consolidación del proceso democrático que nos ha conducido por la transición política en el gobierno federal. Quedo muy claro que ya el sistema de gobierno había caducado en la ineficiencia e ineficacia para responder a la tragedia y las necesidades de un México que tenía que evolucionar y transformarse. Surgió una población que encontró en la organización y solidaridad una manera de superar la torpeza del gobierno. Como resultado se fomentó más la participación de la ciudadanía que nos ha llevado a que los diferentes sectores sociales y económicos se organicen y sean un motor de cambio y presión para el gobierno.
Hoy tenemos un contexto diferente. Sin embargo, aún vemos algunas cosas comunes entre ambos incidentes. Como sucedió en 1985 la población hace actos de solidaridad y heroísmo en la organización y ejecución de los salvamentos. No importa la experiencia o la falta de equipo. Basta la voluntad de ayudar y las manos para remover escombros y esperar sacar con vida a los que quedan atrapados en los derrumbes.
Una persona me hacía un comentario que si me pone a pensar. En otros incidentes o desastres naturales en otros lugares del mundo lo primero que vemos en las imágenes testimoniales son los cuerpos de seguridad, policías y bomberos en acción. En el caso de México son los ciudadanos quienes inician la tarea de socorrer a los heridos y tratar de salvar a los atrapados en los derrumbes. La policía, bomberos y hasta el ejército aparecieron, pero ya horas después.
Esto nos debe llevar a pensar que aún falta mucho para realmente contar con protocolos adecuados y pertinentes, que involucren a los cuerpos de seguridad y con reglas operativas para una pronta reacción. Es cierto que no podemos prevenir un terremoto por el capricho de la naturaleza. Pero si podemos establecer acciones claras para que la respuesta de las autoridades sea lo más inmediato posible.
Las primeras imágenes que circularon en las redes sociales no dejan mentir. En pocas se ve a los policías u otros cuerpos de seguridad auxiliando a la gente. El ejército llega cuando en el rango de respuesta esperan la orden ejecutiva para entrar en acción.
Ya no debe haber lugar para la improvisación, mucho menos para el oportunismo político. No debería nunca una tragedia ser secuestrada para otros fines que no sean ayudar de forma honesta y desinteresada a quienes están sufriendo los efectos. Es un hecho que estos incidentes se presentan justo al inicio de un proceso electoral, por lo que no faltan los políticos que le están sacando “raja política” al asunto y ser favorecidos ante la opinión pública.
México debe ser más grande que esa podredumbre política. La solidaridad y la fortaleza de los mexicanos se deben imponer ante la insensatez de los que se aprovechan. Es tiempo ahora de ayudar a quienes lo necesitan de forma más que desinteresada.
¡Debemos todos apoyar a levantar a México!
AL CALCE. Tengo el orgullo de decir que soy maestro. Como tal le doy un gran valor a la escuela como centro de formación y a las aulas como espacios de aprendizaje. Es por ello que no puedo dejar de conmoverme por lo sucedido en la escuela Rébsamen donde varios niños y niñas, así como adolescentes y hasta colegas maestros sufrieron las consecuencias de este lamentable sismo. Mi pensamiento, condolencias y rezos para todos ellos y sus familias. Que Dios los tenga en su gloria.

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