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Presagios, tragedias y lamentos 06/Dic/2017

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Por: Elda Clemente Reyes.

Cuando vemos los desastres naturales que ocurren por el mundo inmediatamente pensamos que el fin de los tiempos ha llegado y el cumplimiento de las predicciones bíblicas escritas por los antiguos profetas, se han consumado.

Los medios de comunicación dedican espacios a los presagios y designios que, por millones de años, esperan en la palestra de la modernidad para ser puestos en la mira de los principales temas que hoy, inundan los encabezados periodísticos.

Versiones van y vienen respecto a las causas principales de tanta destrucción mientras los hechos golpean fuertemente la aparente tranquilidad que se respira en los rincones del planeta asolados por la muerte. Los 4 elementos: tierra, aire, agua y fuego, dejan sentir su furia sobre la humanidad recordándonos que, así como son vitales para la vida también son los principales artífices de nuestra extinción.

Toca a la flora y fauna pagar el precio más caro por nuestra actuación irresponsable al momento de asumir las consecuencias del cambio climático que afecta a todas las naciones y a todas las especies sin distinción. Y pensar que un día DIOS nos entregó la potestad sobre el mundo y todo lo que habita en él, según lo describe en Génesis 1:24-31: La creación de los animales terrestres y el hombre.

Si pudiéramos comprender que no es frente a la tempestad el momento en que debemos unirnos sino en todo tiempo y circunstancia, empezando por limpiar nuestra mente de pensamientos oscuros que enturbian nuestro sano juicio y abren paso a la maldad, avaricia, venganza, actitudes que predisponen nuestro corazón a sentimientos perversos, inmorales incluso maléficos que nos pierden del camino y nos alejan de la presencia de DIOS.

Clamores y gritos desesperados se escuchan por doquier. No es solo la tragedia por los terremotos vivida en territorio mexicano, la devastación que el huracán María dejó en Puerto Rico, la matanza de gente inocente en Las Vegas, sino también el mundo agoniza anunciando su podredumbre mientas la pobreza y el hambre siguen haciendo estragos en los países subdesarrollados donde un plato de comida tiene más valor que el combustible.

A pasos agigantados de forma consciente y a veces inconsciente, nos hemos metido en una encrucijada difícil pero no imposible de superar, los humanos somos tan despistados a veces a conveniencia, y olvidamos que somos los únicos portadores de las decisiones que actualmente, revierten sus efectos desobedeciendo los 7 principios básicos y fundamentales de la vida diseñados de acuerdo a la perspectiva de DIOS: Diseño, autoridad, responsabilidad, sufrimiento, propiedad, libertad y éxito.

Es ahí, donde reside la fórmula perfecta para poner luz en la oscuridad. Si los gobernantes de las naciones, reyes y príncipes tomaran en cuenta estos principios básicos en las acciones complicadas que afectan al pueblo, seguramente las secuelas negativas serian menos, en el entendido de que la separación iglesia-estado marca la línea divisoria entre dos campos distintos que finalmente se encuentran en un mismo plano terrenal. Por lo tanto, dicha separación no debe ser vista como un divorcio entre los que ejercen el poder y la religión que sea.

Al contrario, me atrevo a pensar qué tipo de convivencia le estuviéramos heredando a los niños y jóvenes, si la maldad no se hubiera propagado como una epidemia, si la corrupción no se hubiera colado hasta la médula de las instituciones, si más personas rechazáramos el camino fácil, si los adictos disfrutaran la lucidez mental sin necesidad de recurrir a alguna droga, si en la casa, los padres y los abuelos transmitieran a sus hijos y nietos, los valores universales de honestidad, lealtad, respeto, justicia, verdad, etc.

Sin temor a equivocarme, hoy el panorama general apunta a una pérdida del rumbo. Los humanos, el modelo perfecto de la galaxia, los hijos de DIOS nos salimos del plan divino y rompimos estereotipos que al momento de la Creación nos fueron entregados. Usamos el libre albedrío de acuerdo a nuestros intereses, pasiones y convicciones a pesar de saber que a la larga terminaremos pagando los errores y algunos ni así, enderezan el barco, no sienten temor o un poco de remordimiento. La salvación es personal no acepta intermediarios ni sobornos.

Por eso, ante cualquier catástrofe no le preguntemos a DIOS por qué, preguntemos a nosotros mismos, cómo y en qué momento dejamos de pensar en el planeta, la casa de todos; abolimos le hermandad que también nos fue heredada; dejamos de perdonar; nos enseñoreamos y nos olvidamos del prójimo y de proteger la naturaleza para convertirnos en perfectos egoístas, ególatras e inhumanos.

A pesar de todo, nos atrevemos a preguntarle a DIOS por qué pasa esto y aquello.

Si los desastres naturales han unido miles de lamentos, ojalá también transformen miles de corazones y volvamos sinceramente los ojos al cielo.

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